En vez de erigirse en un actor autónomo y comprometido con la paz, la Unión Europea avanza decididamente hacia una estrategia de rearme y confrontación, subordinada a la agenda de la OTAN y a los intereses geopolíticos de Estados Unidos, renunciando a los principios del multilateralismo, de la neutralidad activa y de la soberanía popular, pilares necesarios para una seguridad compartida y duradera.
Siguiendo a Johan Galtung, la paz positiva (ausencia de violencia estructural) no puede construirse desde estructuras de violencia que perpetúan la dominación, la desigualdad y la exclusión, por lo que propuestas como ReArm o SAFE constituyen una economía de guerra, donde el complejo militar-industrial gana terreno en detrimento de los derechos sociales. Mientras se incrementan los presupuestos de defensa, se recortan fondos esenciales para la salud, la educación y la vivienda. La supuesta “autonomía estratégica” se traduce en una peligrosa dependencia de doctrinas militares ajenas y en una renuncia deliberada a la mediación como vía de resolución de conflictos, imponiendo la fuerza sobre el derecho y la obediencia sobre la autodeterminación.
La supuesta “autonomía estratégica” se traduce en una peligrosa dependencia de doctrinas militares ajenas y en una renuncia deliberada a la mediación
La próxima cumbre de la OTAN de junio en La Haya marcará un nuevo hito en esta escalada. Bajo presión de Washington, se pretende impulsar el compromiso de destinar hasta un 5% del PIB a gasto militar de los países miembros, consolidando un modelo de seguridad excluyente, vertical y coercitivo, mientras se perpetúan genocidios como el de Gaza con la aquiescencia de las potencias occidentales, pisoteando el derecho internacional. La inacción ante este crimen, como lo es también la pasividad internacional ante la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos o la connivencia con los bloqueos a Cuba y Venezuela, confirman la complicidad de las instituciones europeas con una arquitectura internacional profundamente desigual que impone sanciones económicas sin aval del Consejo de Seguridad, como ha advertido el propio sistema de las Naciones Unidas, como medidas coercitivas unilaterales que suponen otra voladura del derecho internacional y del principio de no injerencia.
Frente a esta deriva, el Foro Internacional por la Paz que se celebrará en Bruselas los días 23 y 24 de junio convocará a movimientos sociales, partidos políticos, a representantes del Sur Global…, a construir colectivamente una visión alternativa de seguridad entendida no como dominación, sino como cooperación, justicia social, soberanía popular y desmilitarización. Una alternativa de seguridad real de los pueblos bajo los parámetros de la sostenibilidad ecológica y la superación de la lógica capitalista-militar teniendo claro que, como señala Cynthia Enloe, las políticas militaristas no solo despojan de derechos a las mayorías sociales, sino que refuerzan jerarquías patriarcales y excluyen sistemáticamente las voces de las mujeres en la toma de decisiones.
El Foro pretende ser una instancia de resistencia ética y política frente al militarismo, la hipocresía “diplomática” de la UE, intentando constituir un espacio de articulación internacionalista que reivindique la dignidad de los pueblos, la autodeterminación, la descolonización pendiente y la solidaridad como principios rectores de un nuevo paradigma global, desafiando las lógicas extractivistas y militarizadas del orden global, reivindicando que la paz no es un eslogan vacío, sino un proyecto político que interpela a la totalidad del sistema internacional.
El Foro Internacional por la Paz debe ser una trinchera de ideas frente a la imposición de un futuro de guerra permanente. Una invitación a pensar y actuar colectivamente en favor de la vida, la justicia y la libertad.
Porque si el porvenir que nos ofrecen es el de la violencia estructural y la sumisión imperial, la única respuesta posible es la rebelión por la paz.







