La «obsesión» de Israel contra Irán no es una patología psicológica sino una herramienta colonial

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Ataques de Israel a Irán el 13 de junio. – Wikimedia Commons

La CNN resume declaraciones de Netanyahu sobre la supuesta amenaza nuclear iraní, a pesar de que Irán cumple con el Tratado de No Proliferación Nuclear y no hay evidencia de un programa armamentístico. En contraste, Israel posee un arsenal nuclear no verificado, lo que cuestiona la credibilidad de los temores de Netanyahu.

La CNN ha reunido una serie de declaraciones de Benjamin Netanyahu, pronunciadas a lo largo de las últimas tres décadas, en las que advierte insistentemente sobre la “inminente” amenaza de un arma nuclear iraní. Sin embargo, Irán se adhirió al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1970 y está sujeto, desde entonces, a las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Estas incluyen inspecciones in situ, el escrutinio de sus importaciones y exportaciones de material nuclear, y, desde 2003, la aplicación voluntaria de un Protocolo Adicional que amplía considerablemente el alcance de esas inspecciones. Los informes más recientes (mayo de 2025) no aportan ninguna evidencia creíble de que Irán haya desviado material o tecnología con fines armamentísticos, ni de que mantenga un programa activo de fabricación de armas nucleares. Aunque el país ha enriquecido uranio hasta niveles industriales (hasta el 60 %), ni el OIEA ni los servicios de inteligencia de Estados Unidos han constatado que haya dado los pasos necesarios para construir un artefacto nuclear operativo.

En cambio, Israel nunca firmó el TNP, adopta una política deliberada de “ambigüedad nuclear” y mantiene sus instalaciones al margen de cualquier inspección internacional. Aunque el Gobierno israelí ni confirma ni desmiente su arsenal, estimaciones independientes apuntan a la existencia de unas noventa ojivas nucleares y un stock de plutonio suficiente para fabricar varias decenas más. Así, mientras Irán respeta un marco de verificación internacional —y hasta la fecha no ha incurrido en incumplimientos—, el programa nuclear israelí permanece exento de supervisión externa. Frente a esta asimetría normativa, las continuas alarmas de Netanyahu sobre el peligro iraní resultan cada vez más inverosímiles y sugieren un propósito distinto: justificar la hostilidad hacia un Estado soberano que, además de cumplir sus compromisos de no proliferación, defiende con firmeza la causa palestina y es el principal freno a la expansión de la entidad sionista por toda la región. De este modo, la “obsesión” israelí contra Teherán sirve tanto para desviar la atención de la propia reserva nuclear de Israel como para consolidar su posición estratégica en la región

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