Pedro Sánchez ha trasladado formalmente su rechazo al nuevo objetivo de gasto militar que propone la OTAN para 2032. En una carta dirigida al secretario general de la organización, Mark Rutte, el presidente del Gobierno español considera que alcanzar el 5% del PIB en defensa —como exige Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump— sería “contraproducente” y plantea que se incluya en la declaración conjunta una “meta de gasto opcional”, que permita a cada Estado adaptar su aportación en función de sus capacidades.
Sánchez argumenta que España puede cumplir los objetivos operativos fijados por la Alianza con un presupuesto del 2,1%, muy por debajo de la cifra propuesta. El presidente sostiene que asumir el 5% implicaría recortes en servicios públicos y prestaciones sociales, además de dificultar inversiones estratégicas como la transición ecológica o la ayuda al desarrollo.
Pero esta decisión no se produce en el vacío. En las últimas semanas han cobrado fuerza las movilizaciones sociales y políticas contra el rearme, con un protagonismo notable de fuerzas como Izquierda Unida, el Partido Comunista de España y Podemos. Estas protestas, centradas en la denuncia del aumento sostenido del gasto militar y de la militarización del territorio, reclaman una política exterior basada en la diplomacia, el desarme y la cooperación. El contexto interno —marcado por la necesidad del Gobierno de contar con apoyos parlamentarios a su izquierda— ha reforzado el giro de Sánchez frente a una estrategia de la OTAN que muchos consideran alineada con los intereses de Washington.
El portavoz parlamentario de Izquierda Unida y secretario general del PCE, Enrique Santiago, ha expresado esta mañana su “satisfacción” por el rechazo del Gobierno a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB, pero advirtió que incluso el objetivo del 2% “no es asumible” si se destina a la industria armamentística. “Entrar en una espiral de rearme es absolutamente incompatible con poder llevar adelante el gasto social”, señaló. También se ha hecho eco de la decisión el Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), a través de las redes sociales de su secretario general, Peter Mertens, quien ha elogiado la “valentía política” del Gobierno español: “España dice no a la norma del 5% mientras Bélgica se postra ante Trump”, escribió.
Santiago defendió una “posición diferenciada” del Gobierno de coalición en la próxima cumbre de la OTAN en La Haya, e insistió en que “la Alianza Atlántica es una herramienta absolutamente inoperante a efectos de garantizar la seguridad europea”. También advirtió de que la OTAN está “al servicio de la Administración Trump” y “desnortada”, como lo demuestra su papel en la escalada de tensiones con otros países europeos. Frente a este modelo, reivindicó una seguridad “colectiva, preventiva y europea”, desvinculada de Washington.
Por su parte, Carlos Sánchez Mato ha advertido que “España tendría que dedicar anualmente casi 60.000 millones más a gasto militar con respecto a lo destinado en 2024 para alcanzar el 5% del PIB. Un disparate”. Según sus cálculos, cumplir con ese objetivo exigiría “recortar el 13% en protección social (educación, sanidad, pensiones, ayudas y dependencia)”, lo que a su juicio supondría una agresión directa al modelo de Estado. Además, ha señalado que las exigencias de Trump representarían “500.000 millones más al año de gasto militar al conjunto de países de la UE que pertenecen a la OTAN”, lo que —en palabras del propio Sánchez Mato— sería “la quiebra de la Unión Europea que nos venden”.
En esa misma línea, el Partido Comunista de España e Izquierda Unida participarán como impulsores en la Conferencia por la Paz y contra el Rearme, que se celebrará en Madrid los días 20 y 21 de junio como contracumbre a la reunión de la OTAN en La Haya. Junto a movimientos sociales y organizaciones populares, el evento quiere alzar la voz contra la creciente militarización global y defender una Europa sin guerras, armas nucleares ni subordinación estratégica a la Alianza Atlántica.
La postura de Sánchez, que defiende una “fórmula más flexible” en la declaración final de la cumbre, contrasta con el endurecimiento del discurso de la OTAN. A principios de junio, Mark Rutte insistió en que el nuevo umbral de gasto no admite excepciones. “Si no aumentamos el gasto en defensa al 5% —con un 3,5% de base—, podremos conservar nuestros sistemas de salud y pensiones, pero será mejor que aprendamos a hablar ruso”, afirmó el secretario general en una intervención pública.
Lejos de suavizar su posición, Rutte añadió que “la verdad puede poner nerviosa a la gente, pero hay que ponerla nerviosa”, en una defensa explícita del uso del miedo como instrumento de presión para justificar medidas impopulares.
Sánchez, sin embargo, rechaza esa lógica. “Como aliado soberano, elegimos no hacer esos sacrificios”, zanja en su carta. El presidente asegura que no pretende bloquear los resultados de la cumbre de La Haya, pero sí plantea otra vía: reconocer la diversidad de contextos entre los Estados miembros y preservar un margen nacional para alcanzar los objetivos comunes de defensa.







