Asturias siempre ha sido sinónimo de lucha obrera, de movilización y de reivindicación sindical. Esta primavera han sido los docentes asturianos los que han dado ejemplo de lucha y unidad por unas condiciones laborales dignas y por la defensa de la educación pública.
El fin de curso ha estado marcado por una movilización histórica y sin precedentes en las últimas décadas, una huelga indefinida en la que se han hecho demandas tales como: reducción de carga burocrática, aumento de recursos para la atención a la diversidad, reducción de las ratios, equiparación salarial con otras comunidades autónomas y aumento de financiación y contratación de profesorado especialista.
Pero, ¿por qué ahora? Cronología de la huelga
En primavera de 2025, la Consejería de Educación anunció una medida que provocó un rechazo frontal en la comunidad educativa: la supresión de la jornada reducida en las etapas de Infantil y Primaria en los meses de junio y septiembre. Los sindicatos se opusieron a esta medida alegando, por un lado, que era una decisión unilateral y por otro, que suponía un empeoramiento de las condiciones laborales del profesorado, que utilizan esa hora para realizar parte de las ingentes tareas burocráticas que realizan esos meses.
Ante esta situación, se convoca la huelga y la Consejería cita a una reunión por separado a los cinco sindicatos con representación: CC.OO., UGT, SUATEA, ANPE y CSIF. Tres de estos sindicatos (CC.OO., UGT y SUATEA) acuden a la reunión de forma conjunta y la negociación acaba en fracaso.
En las primeras jornadas de huelga aún había diferencias en las estrategias sindicales. Por un lado, UGT, CC.OO. y SUATEA planteaba dos jornadas de huelga el 27 de mayo y el 5 de junio, con la posibilidad de hacer una huelga indefinida a partir del 9 de junio si no se llegaba a un acuerdo. CSIF, en cambio, convocó en solitario una huelga indefinida desde el 27 de mayo. Por su parte, ANPE convocó paros de una hora diaria entre el 9 y el 13 de junio.
El 27 de mayo hubo un seguimiento masivo de la primera jornada de huelga: la Consejería cifra el seguimiento en un 30% mientras que los sindicatos contabilizaron casi un 90% de seguimiento.
Un día después, el 28 de mayo, el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, anuncia la retirada de la eliminación de la reducción de la jornada, en un intento por buscar una salida a la situación. Sin embargo, en ese momento las reivindicaciones ya iban mucho más allá y las movilizaciones aumentaron su intensidad.
El domingo 1 de junio se convoca una gran movilización en Oviedo que desborda las previsiones, con un seguimiento de 30.000 manifestantes según los organizadores y 19.000 según la Delegación de Gobierno. En esta manifestación la comunidad educativa se mostró unida y tanto docentes como familias gritaron lemas en defensa de la Educación Pública y en los que afirmaban que no pensaban dar “ni un paso atrás” en sus reivindicaciones. Además, las organizaciones sindicales deciden unirse y convocar una huelga indefinida de forma conjunta.
Al día siguiente, el 2 de junio, se produce la dimisión de la Consejera de Educación, Lydia Espina, pocas horas antes de la reunión de negociación a la que habían sido convocados los sindicatos. La sustituyen en esta negociación Gimena Llamedo, vicepresidenta del Gobierno, y Guillermo Peláez, Consejero de Hacienda.
Ante el fracaso de esa primera negociación las protestas se endurecen y el día 3 de junio se producen encierros en varios centros educativos asturianos. Los docentes vuelven a mostrar que la falta de acuerdo no les desanima sino que, al contrario, da un nuevo impulso a la movilización.
El 4 de junio hubo una nueva reunión de negociación entre el Gobierno y los sindicatos. En esta ocasión se produjeron importantes avances y se llega a varios acuerdos, entre los que cabe destacar el aumento del profesorado especialista de PT y AL, la reducción de carga burocrática para equipos directivos, contratación de administrativos, creación de nuevas aulas de inmersión lingüística y refuerzo de las ya existentes, eliminación de la penalización por bajas de larga duración en la evaluación docente, cumplimiento de las 23 horas lectivas y adelanto de la reducción horaria para mayores de 55 años. Sin embargo, no se cierra el acuerdo ante una subida salarial muy por debajo de la demandada por los docentes. Esta reunión se cierra sin acuerdo pero con muchos avances y una citación para continuar negociando al día siguiente.
Sin embargo, el optimismo con el que se cerró esa jornada quedó truncado al finalizar la reunión del día 5 de junio: tras una negociación de más de siete horas de duración, los sindicatos trasladaron a los docentes la noticia de la ruptura de las negociaciones.
Esta imposibilidad de avanzar en los acuerdos, lejos de desmovilizar a los docentes, vuelve a provocar que las protestas se intensifiquen, resultando en la decisión de más de 50 equipos directivos de presentar su dimisión el viernes 6 de junio. Además, el domingo 8 de junio vuelve a haber una gran movilización por las calles de la capital de Asturias.
El lunes 9 de junio tiene lugar la última jornada de huelga puesto que la Consejería y los sindicatos logran desbloquear la negociación y firman un preacuerdo que supondrá un aumento del presupuesto de unos 45 millones de euros. Además, este preacuerdo no supone el fin de la lucha, puesto que también se ha acordado el compromiso de seguir negociando el curso que viene aquellos aspectos que no han quedado definidos, como es el caso de la eliminación de la evaluación docente.
¿Qué hemos aprendido de esta movilización?
Hasta ahora hemos hecho una descripción de los hechos ocurridos y de los elementos formales que tomaron parte del conflicto: docentes, sindicatos y administración. Sin embargo, en este caso, no podemos obviar la irrupción de otros factores que influyeron de forma decisiva: las redes sociales y distintos grupos de agitación, son elementos clave que debemos analizar.
A lo largo de todo el proceso que hemos explicado, hubo una tensión permanente entre las distintas visiones estratégicas sobre cómo afrontar la huelga. En un primer momento, como hemos visto, la mayoría de sindicatos no optaban por una huelga indefinida, sino por jornadas de huelga independientes que dieran tiempo a la negociación entre ellas. Sin embargo, se fue creando un clima que empujó a optar por un cambio de postura y la adopción de la huelga indefinida antes de lo previsto. En este sentido, las redes sociales tuvieron un papel fundamental, pues fueron una herramienta de agitación permanente hacia la radicalización de la protesta.
Estos grupos y perfiles se presentaban a sí mismos como herramientas para autoorganizarse al margen de ideologías políticas y de los sindicatos mayoritarios. Sin embargo, a pesar de presentarse como independientes, parte de sus mensajes tenían contenido político y antisindical haciendo, por ejemplo, llamamientos a desafiliarse de forma masiva de unos sindicatos y a afiliarse a otros. Todo esto creó una gran tensión durante la negociación, pues se puso en entredicho la validez de los representantes sindicales como interlocutores en la negociación. El punto de mayor tensión tuvo lugar a la salida de los sindicatos el último día de la negociación, puesto que parte del profesorado allí congregado consideró insuficientes los acuerdos adoptados. Justo en ese momento, de forma paralela, varios de los sindicatos realizaron asambleas para consultar a su afiliación acerca del preacuerdo, obteniendo un apoyo mayoritario a la firma del mismo.
Todo esto nos muestra una gran necesidad de vincular las legítimas demandas del profesorado con la proactividad de los sindicatos de clase. Porque la educación pública y de calidad es nuestra seña de identidad y debemos defenderla de los ataques neoliberales que pretenden hacer de la educación un negocio y no un derecho.
Además, debemos vigilar que las reivindicaciones laborales y en defensa de los derechos sociales no sean instrumentalizadas por quienes quieren, precisamente, lucrarse con su privatización y desmantelamiento. Por ello, debemos reivindicar las herramientas que históricamente ha utilizado la clase obrera: la organización sindical, la lucha organizada y sostenida y la unidad de clase frente a los ataques del capitalismo.







