Fueron decenas de miles los que lucharon en las numerosas
agrupaciones de guerrilleros que combatían
junto a la resistencia francesa por todo el territorio,
desempeñando un papel principal.
Jorge Semprún
Pablo Herranz, al frente de Desfiladero Ediciones, ha conseguido reunir en su catálogo a lo largo de la última década, merced a la colección Memoria Gráfica, un importante volumen de cómics basados en las biografías de luchadores por la libertad y contra el fascismo, tales como Miguel Núñez, Marcelo Usabiaga, Jorge Semprún o, ahora, Francesc Serrat, Cisquet.
La trayectoria de Cisquet estuvo marcada a fuego por las consecuencias derivadas del golpe militar contra la República. Demasiado joven para tomar las armas, Cisquet se vio obligado a emprender la ruta del exilio acompañando a su padre, último alcalde democrático de Olot, y al resto de su familia, sumándose a las columnas de la Retirada. Igual que para tantos otros, el recibimiento al otro lado de la frontera no fue en absoluto amistoso, pues las autoridades francesas recelaban de los que eran calificados como «rojos indeseables». Cisquet y su padre fueron internados sucesivamente en los campos de concentración de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Bram.
Tras la ocupación alemana de Francia, los Serrat vuelven a ser internados, esta vez en el campo de Agde. A partir de aquí, Cisquet toma la decisión de incorporarse a la Juventud Socialista Unificada y comienza su larga etapa como luchador de la Resistencia. Se sucederán los sabotajes, el paso por la frontera de aviadores y perseguidos por los nazis, la formación de nuevos cuadros guerrilleros y, finalmente, la participación en la liberación del departamento del Ariège, incluyendo la toma de Foix.
Concluida la guerra en Francia, los españoles antifascistas intentarán proseguir su combate con el objetivo de derrocar el gobierno de Franco. Cisquet participará en la fracasada invasión a través del valle de Arán, para poco después infiltrarse en Cataluña como miembro de un grupo del maquis, actuando primero en zonas montañosas interiores para después trasladar su lucha al ámbito urbano de Barcelona. Será en esta ciudad donde Cisquet caiga detenido y, tras ser sometido a graves torturas, fusilado el 25 de febrero de 1946 en el Campo de la Bota.
Para traducir al formato del cómic esta apasionante biografía, se han dado la mano dos grandes creadores, pertenecientes a muy distintas generaciones. El guion ha corrido a cargo de Pepe Gálvez (Fuentes Claras, Teruel, 1950), un experto en la recuperación de la memoria democrática a través de libros como Miguel Núñez. Mil vidas más, ¡Cava y calla! Marcelo Usabiaga, luchador antifascista o Jorge Semprún, el hombre que arriesgó. También ha coordinado el volumen colectivo ¡O todos o ninguno! Historias de las comisiones obreras. Además, es un reputado teórico y divulgador de la historieta.
Gálvez logra mantener la tensión del relato, dando comienzo al libro con una escena que se desarrolla en la prisión Modelo de Barcelona, la noche previa al fusilamiento de Cisquet. El prisionero rememora desde su celda los distintos episodios de su vida desde el momento en que se vio forzado a abandonar Olot hasta la caída de su grupo guerrillero. Al final del cómic, mientras se produce la secuencia del fusilamiento, vamos descubriendo el contenido de la carta de despedida de Cisquet, enviada clandestinamente a la dirección del PCE en Toulouse: «Los sacrificios nunca se hacen en vano y algún día dan sus frutos. […] Mi situación es crítica, pero conservo toda la serenidad y la firmeza que nos caracteriza».
El guionista dosifica sabiamente la dureza de la historia, mediante el encuentro de Cisquet con otros personajes que retrataron el horror de los campos de concentración franceses, como el dibujante Josep Bartolí o el fotógrafo Agustí Centelles.
De la parte gráfica se ocupa Adrián Bago (Valencia, 1989), alejado por un momento del tipo de historietas de auto ficción que ha desarrollado hasta la fecha: Sicofante, Bibelots o Ateo de uno mismo, donde el protagonista es un trasunto del propio autor. En Bibelots, el dibujante dibujado rompe la cuarta pared y se dirige así al público: «Desde la ficción, abordo momentos de mi vida y la totalidad de mis obsesiones, filias y fracasos… Una transposición de la vida real… La que no se lee». Significativamente, la revista Cáñamo tituló así su entrevista: «Adrián Bago, el dandi rojo del cómic underground».
A pesar de abordar una obra alejada de su zona de confort, Bago responde a la perfección a este desafío gracias a un dibujo preciso, que dota de humanidad a los personajes, refleja sus emociones y otorga dinamismo a las escenas de acción. La limitada paleta de color está siempre al servicio de la historia y sirve para puntuar los diferentes tiempos de la narración. Es de resaltar la minuciosa documentación utilizada para dotar de realismo a los paisajes, arquitecturas y vestuario, lo que afianza la credibilidad del relato.







