“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”
(José Saramago)
El 20 de enero de 1936 un grupo de militantes de Falange Española entraron en El Gran bar de Vallecas para repartir propaganda fascista. El entonces municipio independiente era, como ahora el distrito, un importante foco obrero y los camisas azules se toparon con la oposición de los clientes del bar. Se produjo entonces un altercado que los falangistas resolvieron a tiros dejando a un hombre moribundo, era el joven Antonio Menéndez, a la postre vilmente asesinado. Dos días después, el joven militante de UGT y de las Juventudes Socialistas de Vallecas fue enterrado. El multitudinario sepelio y las estampas de duelo fueron inmortalizadas por el fotógrafo Alfonso para el diario La Libertad.
A raíz de la tragedia el Ayuntamiento del pueblo de Vallecas tomó por unanimidad la decisión de cambiar el nombre a la calle Juan de Dios Raboso por Antonio Menéndez. Para tal ocasión se fabricó, en bronce, una gran placa de quince kilos que se habría de ubicar en esa vía. ¡Pero, ay!, algunos meses más tarde, en julio, los generales Emilio Mola y Francisco Franco inician una sublevación y amenazan de forma dramática a la República elegida democráticamente. El acuerdo de Vallecas quedó postergado en principio y finalmente apartado en el desván de los objetos imposibles.

Pasaron muchos años, tantos como los que señalaba el calendario de 2018, en el que Manuel León, por aquel entonces presidente de la Fundación Socialdemócrata, entrega a José María Uría Fernández, representante de la Fundación Anastasio de Gracia, (actual Fundación Lito), la placa de nomenclatura, así se denominan técnicamente los rótulos que nombran las vías de las ciudades. Le pide que sea depositada entre los fondos de la entidad para su conservación y le traslada que aquella permaneció durante muchos años en un taller de fundición del Rastro, propiedad de su abuelo. Alguien la ofreció, en calidad de pago en especie por algún trabajo.
En la placa se aprecia en bajorrelieve el perfil de un hombre, entre dos escudos. El de la izquierda, representa dos manos que se saludan con un sol naciente (el de la Unión General de Trabajadores). El de la derecha es una estrella de cinco puntas en cuyo centro hay una jota y una S mayúscula: el emblema de las Juventudes Socialistas. La inscripción dice: “Calle Antonio Menéndez”. Por fortuna, centrado en la parte inferior del bajorrelieve, aparece un tercer escudo que no ofrece dudas a Uría Fernández: «Manuel León me explicó que se trataba de una calle de Salamanca. A pesar de ello, las herramientas representadas en el escudo son un rastrillo y una horca enlazados, es el blasón de Vallecas. No podía tratarse de una calle de Salamanca». Así, después de tantos años y aconteceres, el objeto volvía a cobrar vida y a encontrar el camino de regreso tras su larga espera. Durante los siguientes siete años, y mientras se embarcaba en otros proyectos (relacionados con el paso de fotógrafo Robert Capa por Vallecas) Uría Fernández no cejó en su tarea para descifrar la historia de la enorme placa.
Se da la circunstancia de que en 2007 fue organizada en la popular barriada madrileña una exposición en torno a las instantáneas del legendario fotógrafo Alfonso en Vallecas. La muestra se tituló “Vallecas en la mirada de Alfonso”. Entre retratos y escenas de la vida cotidiana, el reportero inmortalizó el entierro del joven asesinado en el cementerio de la localidad. La tumba sigue existiendo, aunque la lápida mostraba un aspecto umbroso por el paso del tiempo, pero curiosamente muestra dos inscripciones: la de Antonio Menéndez y Matías Iglesias Romo, sin que entre ellos hubiera ningún parentesco. El segundo nombre identifica a un piloto abatido en los primeros meses de la contienda, pero sus restos mortales ya no se encuentran en esa tumba, fueron trasladados a una fosa común. En su lugar reposa el cadáver de una persona no identificada.
La Fundación Manuel Fernández “Lito”, los socialistas y toda la izquierda madrileña no piden que se cambie el nombre actual de la vía, llamada “Paseo de Federico García Lorca”, pero sí que la placa ocupe un lugar en el espacio público vallecano. No obstante, a día de hoy el alcalde Almeida asume otras prioridades, ya sabemos: quiénes fueron, son…








