Enrique Santiago sufre un nuevo episodio de acoso por parte de la extrema derecha

Entre los agresores se encontraba Eduardo García Serrano, histórico agitador de extrema derecha vinculado a Alternativa Española
Enrique Santiago

El portavoz de Izquierda Unida en el Congreso y secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Enrique Santiago, ha denunciado haber sido insultado y amenazado este jueves por un grupo de seis personas de extrema derecha a la salida de su domicilio. Según ha relatado, la situación fue lo suficientemente grave como para dejar constancia gráfica y hacerla pública: «fueron acoso, amenazas e insultos, y podía haber escalado la cosa a un acoso más serio o una agresión”.

Entre los participantes en el incidente ha sido identificado en redes sociales Eduardo García Serrano, conocido agitador neofranquista, hijo del dirigente falangista Rafael García Serrano. Figura habitual en medios de comunicación afines a la extrema derecha, llegó a formar parte de las listas electorales de Alternativa Española (AES), partido fundado en 2003 y heredero directo del entorno de Fuerza Nueva, con un discurso ultracatólico y nacionalista.

Santiago ha señalado que el acoso fascista se ha vuelto un fenómeno tan sistemático y disruptivo que incluso ha obligado al Congreso a debatir una reforma de las acreditaciones de prensa para impedir el acceso a “pseudo medios fascistas que nos impedían a todos, periodistas y diputados, hacer nuestro trabajo”. Pero alerta de que lo más preocupante es la violencia en espacios personales y cotidianos: “Cuando te acosan por la calle, hablamos de algo más grave”.

El dirigente comunista enmarca este tipo de incidentes en un contexto de creciente hostilidad contra los representantes públicos, especialmente quienes forman parte de gobiernos locales o denuncian intereses enquistados en el poder económico. “Como por desgracia sabemos en IU —ha afirmado—, especialmente nuestros cargos públicos municipales que se han enfrentado a las redes de corrupción y al poder económico allí donde siguen operando prácticas caciquiles, apenas se protege a los cargos públicos institucionales”.

Santiago también ha señalado el carácter estructural de este tipo de acoso para quienes tienen cierta visibilidad política: “Que te insulten por la calle es la norma y no la excepción. Esta vez lo publiqué porque se pasaron mucho”. No obstante, ha recalcado que frente al odio y la intimidación es necesario responder con firmeza: “No hay que dejarse intimidar y menos ahora que los ultras están exaltados. Son una minoría de privilegiados, se creen que el espacio público es suyo, pero no, es de todos”.

Finalmente, ha reivindicado el papel de su organización frente a esta ofensiva de la extrema derecha: “Las y los comunistas siempre vamos a estar dando la batalla, sin miedo. Esa minoría ya fue puesta en su sitio en las urnas, y lo será las veces y de las formas en que sea necesario”.

Este episodio se suma a una larga serie de incidentes similares que reflejan la creciente impunidad con la que sectores extremistas actúan tanto en redes sociales como en la calle. La violencia verbal, el acoso personalizado y la presión sobre los espacios cotidianos de la vida política se han normalizado en un clima en el que la derecha institucional, en muchas ocasiones, elige mirar hacia otro lado. Lejos de ser anecdóticos, estos actos forman parte de una estrategia sostenida para deslegitimar al adversario político, expulsarlo simbólicamente del espacio público e instalar el miedo como herramienta de control.