El crimen sin precedentes: asesinar a niños con bombas y hambre

Una niña palestina en la Franja de Gaza. – Fuente: Wikimedia Commons CC 2.0

Lo que ocurre hoy en Gaza trasciende cualquier comparación histórica previa. Este genocidio no solo se ejecuta con bombas y heridas visibles, sino también con una violencia lenta, calculada y despiadada: el hambre y la sed deliberadas como herramientas de exterminio.

Hambre como arma de guerra

• La hambruna ya ha sido declarada oficialmente en Gaza, siendo la primera vez en la historia que se declara fuera del continente africano.

Se ha alcanzado este nivel tras cumplirse los tres umbrales críticos establecidos por la ONU:
 1. Escasez extrema de alimentos.
 2. Desnutrición aguda generalizada.
 3. Muertes masivas por inanición.

Actualmente, más de medio millón de personas están atrapadas en esta situación, y se estima que la cifra superará las 640.000 antes de finales de septiembre.

• Malnutrición infantil en niveles extremos:
 • En julio se identificaron más de 12.000 niños con desnutrición aguda, un 25 % en estado grave, la tasa más alta registrada hasta la fecha.
 • UNICEF estima que 132.000 niños menores de cinco años sufren ya malnutrición aguda, mientras que 320.000 están en riesgo inminente de alcanzar ese estado crítico.
 • Muertes por inanición en aumento:
 • Desde julio se han contabilizado al menos 197 muertes por hambre, incluyendo 96 niños, según datos de UNRWA y Médicos Sin Fronteras.
 • En las últimas 24 horas, se sumaron 3 nuevas víctimas, elevando el total a 376 muertes confirmadas por inanición.

Bombas y balas contra quienes buscan comida

El régimen israelí ha sumado a este crimen una práctica aún más atroz: disparar contra quienes intentan sobrevivir.

Niños y adultos que se acercan desesperadamente a camiones de ayuda humanitaria o centros de distribución de alimentos son atacados por soldados israelíes y mercenarios norteamericanos, en una política de terror destinada a impedir incluso el acceso a la supervivencia básica.

UNICEF ha descrito Gaza City como:

“Un lugar donde la infancia no puede sobrevivir”,
un escenario de terror, desplazamiento forzoso y entierros constantes.

La situación es tan extrema que la organización ha advertido:

“En Gaza, no todos los niños sobreviven a la infancia”.
Cada día que pasa, las condiciones empeoran y el número de víctimas crece.

Reflexión: un crimen contra la humanidad

Asesinar niños mediante el hambre o dispararles mientras buscan comida no es solo brutalidad militar: es la negación total del futuro de un pueblo.

Es convertir la desesperación en un arma, matar no solo cuerpos, sino también sueños y esperanzas. Es borrar la humanidad misma de quienes sufren y, por extensión, de quienes permiten que esto continúe.

Mientras tanto, muchas potencias internacionales se presentan como defensoras de los derechos humanos, pero financian, venden y compran armas, o brindan cobertura diplomática a este genocidio. Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados de Israel no pueden alegar desconocimiento: las imágenes, cifras y testimonios son irrefutables.

El deber de actuar

¿Qué más necesita el Gobierno español y el resto de gobiernos europeos para tomar medidas inmediatas y contundentes?
 • Romper toda relación política, diplomática y comercial con Israel.
 • Prohibir de manera absoluta cualquier comercio de armas, incluyendo tránsito por puertos y aeropuertos.
 • Llevar a los responsables ante la Corte Penal Internacional, sin dilaciones ni excusas.

Si no actuamos ahora, la historia nos juzgará no solo por lo que hicieron los verdugos, sino también por lo que no hicimos nosotros, sabiendo perfectamente lo que estaba ocurriendo.

El silencio y la pasividad, en este contexto, son formas activas de complicidad.