Crónica de un despropósito. Desde Juana está en mi casa a escuchen a Daniel

Hacer una crónica del caso de Juana, es hacer una crónica del patriarcado en este país, la de los chistes burdos, la del medio centenar de víctimas al año por violencia machista
Movilización en defensa de Juana Rivas
Fuente: Montserrat Boix / CC BY-SA 4.0

Hace ya nueve años desde aquel famoso lema de “Juana está en mi casa” con el que se abría uno de los casos más sangrantes del machismo judicial y la tremenda violencia institucional siempre presente en nuestro país contra las mujeres.

En este país, la violencia institucional nunca ha cesado desde el origen del patriarcado. Me gusta señalar especialmente un caso feroz en el que se plasma con dramatismo esa violencia para asemejar la antigüedad al presente, para demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol y que todas hemos sido Juana, lo somos y lo seremos, a menos que la revolución feminista consiga cambiarlo. Teresa León, maravillosa escritora de la generación del 27, casó muy joven, a los dieciséis, y posteriormente con dos hijos se separó. No volvió a verlos salvo para ser chantajeada con motivo de una grave enfermedad de uno de ellos. Posteriormente tuvo otra hija con su segundo marido, Aitana Alberti, a quien tuve la fortuna de conocer y quien, en un breve y maravilloso encuentro, me contó con pena que nunca conoció a sus hermanos, lo cual le causaba, además de tristeza, un estupor pavoroso por la facilidad con la que el patriarcado le arrebató los hijos a su madre.

Ha pasado un siglo y seguimos igual. Una Convención de Derechos del niño con su consiguiente declaración de derechos que todo el mundo reivindica, una democracia y una Constitución, una Ley de divorcio y numerosas reformas civiles desde entonces, y seguimos igual. Las madres no son dueñas de sus hijos pero los padres sí, las mujeres son iguales ante la ley pero los padres no, ellos son privilegiados.

Hacer una crónica del caso de Juana, es hacer una crónica del patriarcado en este país, la de los chistes burdos de putonas y divorciadas malvadas, la de “mi marido me pega lo normal”, la de las mujeres culpables por no denunciar y la de madres encarceladas por hacerlo, la del medio centenar de víctimas al año por violencia machista, mientras el poder judicial sigue empecinado en el inexistente síndrome de alienación parental, la de la prensa carnicera y torticera hasta hacer del hombre la víctima… Todo eso y más está en el caso Juana, así que presentémoslo en toda su crudeza.

Érase una vez una mujer que denunció a su marido que fue condenado por violencia machista, pero tuvo la desgracia de volver con él y nuevamente se reprodujo la violencia, como suele ser desgraciadamente habitual, y dado que vivía en un país extranjero, tan machista como el suyo, pero con peores leyes, se vino corriendo a denunciar aquí. Pagó tamaña osadía con un acoso judicial sin precedentes y ni jueces, ni fiscales ni tribunales, le hicieron ni caso en su denuncia y se dedicaron a perseguirla por secuestro. Ella huyó y puso a sus niños a salvo y por eso fue condenada y crucificada. No pudo salvar finalmente a sus hijos y a ella no la pudo salvar, a pesar del empeño, el movimiento feminista que reaccionó y la defendió, no la salvaron los jueces que la condenaron con saña, y no la salvó el gobierno que ante la reacción popular y la vergüenza internacional se inventó una figura nueva llamada “indulto parcial” que se puso de moda para las mujeres maltratadas por el poder judicial y sus maridos, especialmente aquellas que protegían a sus hijos. Objetivo conseguido: no se os ocurra denunciar.

Años más tarde, el hijo mayor denunció a su padre por malos tratos. De nada le valió porque ya se sabe que el SAP es poderoso y dura toda la vida. Así que nadie escuchó a ese hijo ya adulto. Mientras tanto, el juez que condenó a su madre, era denunciado, juzgado Y CONDENADO por racista, machista y perverso, pero tampoco sirvió para dudar de sus sentencias. Cuando el pequeño denunció también a su padre, ya pendía sobre el susodicho, un juicio por malos tratos a instancia de la fiscalía Italiana, pero en España, fieles a nuestra tradición, no le hicimos ni caso y le obligamos a marcharse con él, sin que la justicia, ni la italiana, ni la española, que por tal de defender a los machos pasan de sus criaturas como de la mierda, adopten ningún tipo de medida cautelar respecto del niño, violando todos los tratados internacionales y leyes propias y ajenas.

En medio del circo mediático hay un niño, un hermano, y una mujer valiente luchando por sus vidas. La vi por la tele hace unos días cumpliendo la orden judicial de entrega y lo que vi fue la pietá de Miguel Ángel. Desgarradora, doliente, dolorosa. Hay quien se burla. Vi también a un niño que lloraba contando lo que le pasaba y lo vi en medio de la guerra, pero no la de sus padres, como quiere plasmar la prensa, sino la de los sexos en toda su crudeza. Y gana, cómo no, el patriarcado.

De los hombres depende ya que esta movilización dé un salto cualitativo y os coloquéis del lado de vuestros hijos e hijas, de cualquier niño o niña, y salgáis a la calle a reclamar la lucha de Juana, su liberación y la de sus hijos. Porque también es vuestra y debería estar en vuestra conciencia.

(*) Responsable del Área Feminista del PCA