El momento

El Parlamento Europeo se empeña en emular a Hitler, está a un paso de promover cámaras de gas para los migrantes y los diputados lo celebran con cánticos propios de «hoolligans» beodos y embrutecidos.

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Eurodiputados de derecha y ultraderecha aplauden la reforma migratoria europea el pasado 17 de junio | Christian CREUTZ / European Union
Eurodiputados de derecha y ultraderecha aplauden
la reforma migratoria europea el pasado 17 de junio | Christian CREUTZ / European Union

Mi pueblo roza los cuarenta y cinco mil habitantes. Eso en invierno, porque en verano, como buen lugar de la costa mediterránea, la población sobrepasa los doscientas cincuenta mil. Además, dado que, gracias a su posición geográfica, no ha sido pasto de la voracidad urbanística, el campo y otras industrias se han podido desarrollar de manera más o menos sostenible, lo cual, ligado a la excelente temperatura que disfrutamos todo el año, hace que la cifra oficial de vecinos y vecinas sea superada con creces por la real.

Sin embargo, para cualquier urgencia médica, tratamiento quirúrgico, pruebas, etc., si se requiere algo más que una aspirina o un poco de betadyne, hay que desplazarse a cuarenta kilómetros, por supuesto sin transporte público, hasta el hospital más cercano que atiende un área tan extensa como densamente poblada.

Para remediar esta situación, se construyó, a bombo y platillo, una especie de hospital pequeño que recibe el nombre rimbombante de Centro de Alta Resolución. Se proyectó hace más de casi dos décadas y finalmente, a principios de este año, vimos finalizadas las obras. Todos tan contentos pensando que ya no teníamos que emprender viajes para curarnos, pero no. El centro está terminado y equipado, pero sin médicos, ni personal sanitario y administrativo.

Y ahí viene la pregunta del millón, ¿por qué no los contratan si estaba previsto y el dinero para ello a buen recaudo? La respuesta no se hizo esperar. A menos de dos manzanas del futuro mini hospital público, han abierto otro, propiedad de una empresa privada que mantiene diversos y suculentos contratos con el Servicio de Salud de nuestra Comunidad Autónoma. Nada de qué extrañarse.

Lo que me sorprende es que haya gente que se alegre de la apertura del Centro Privado, alegando que es un beneficio para el pueblo. ¿Es que no saben que si tienes un problema te van a atender solo mediante pago previo? ¿Es que no piensan que, cuando se abra el hospital público, la mitad de los servicios serán externalizados al privado? ¿Acaso no vemos que el dinero de nuestros impuestos, en vez de ir al 100% a mantener los servicios públicos, se destinan a enriquecer los bolsillos de mercaderes del dolor?

Aún así, la manifestación que se hizo para reclamar la apertura del hospital público, el nuestro, se ha considerado un éxito. De una población de cuarenta y cinco mil, estábamos entre trescientas y cuatrocientas personas y el más joven de cuarenta y cinco años. ¡Qué vergüenza! ¿Nos hemos vuelto estúpidos? ¿Cuándo nos hemos olvidado de exigir lo justo, de asaltar los cielos?

Pero es que el momento que estamos viviendo pasará a la historia, si es que sigue habiendo de eso, como el de mayor culto y loa a la estupidez. A las pruebas me remito.

El dueño de una de las empresas más prósperas, presume de no haber leído un libro en su vida. Los medios de comunicación se llenan la boca de argumentos y estrategias geopolíticas cada vez que el Emperador del Planeta firma y rompe acuerdos de paz con Irán, cuando la verdad es que el asunto no se debe a la mente díscola del pedófilo anaranjado, sino a que, al firmar, el petróleo baja, él y su camarilla compran y luego, cuando rompen lo firmado, sube y venden. Felipe VI pilota un avión, pagado por todos, flanqueado por el que pilota su hija, también pagado por todos, y hay quien se emociona por la tierna escena familiar que nos cuesta un huevo y la mitad del otro. Quien aspira a ser presidente de este país, se jacta de su incultura y hace chistes sobre el desconocimiento de otros idiomas. El parlamento europeo se empeña en emular a Hitler, está a un paso de promover cámaras de gas para los migrantes y los diputados lo celebran con cánticos propios de hoolligans beodos y embrutecidos.

La estupidez es nuestro principal enemigo. Nos lleva directamente al fascismo y sabemos lo que eso significa.

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