El New York Times ha confirmado lo que el pueblo venezolano y las fuerzas antiimperialistas del mundo llevan años denunciando: la CIA está preparando operaciones encubiertas contra Venezuela, con el aval de la nueva administración de Donald Trump. No es una novedad que Washington intente desestabilizar al país bolivariano, pero el regreso del magnate fascista a la Casa Blanca eleva el nivel de amenaza a un punto alarmante.
Desde que el Comandante Eterno, Hugo Chávez, irrumpió en la historia para rescatar la soberanía petrolera y devolver la dignidad al pueblo, Estados Unidos no ha cesado en su obsesión por destruir la Revolución Bolivariana. Golpes fallidos, sanciones criminales, bloqueos financieros, campañas mediáticas, sabotajes económicos, complots militares y ahora una nueva ofensiva desde las sombras: la intervención directa de la CIA, con el pretexto del “restablecimiento de la democracia”.
Trump, que en su primera presidencia llegó a declarar que “todas las opciones estaban sobre la mesa”, ha reactivado los aparatos más oscuros del imperialismo norteamericano. Según el NYT, las agencias estadounidenses coordinan acciones clandestinas con sectores de la extrema derecha venezolana, con el objetivo de “facilitar un cambio de régimen” antes de las próximas elecciones. En el lenguaje del Pentágono, eso significa desestabilización, violencia y sangre del pueblo.
Mientras tanto, los grandes medios occidentales vuelven a tocar la misma partitura: hablan de “crisis humanitaria” y “dictadura”, pero silencian el impacto brutal de las sanciones ilegales que han costado miles de vidas y bloqueado el acceso a medicinas, alimentos y recursos esenciales. Callan que Venezuela resiste un bloqueo económico equiparable a un acto de guerra. Callan que, pese a todo, el país sigue de pie, reconstruyendo su economía, ampliando alianzas con China, Rusia, Irán y los países del Sur Global, y defendiendo su modelo socialista y soberano.
Lo que teme Washington no es una “dictadura”, sino el ejemplo de un pueblo libre, armado de conciencia y de dignidad, que no se rinde ni se subordina. La Revolución Bolivariana ha demostrado que otro camino es posible: el del control popular de los recursos, la justicia social, el internacionalismo solidario y la integración latinoamericana frente al saqueo imperial.
Frente a la nueva agresión, la respuesta debe ser clara y unitaria: Venezuela no está sola. La comunidad internacional progresista, los movimientos de solidaridad y los pueblos del mundo deben alzar la voz para detener la maquinaria de guerra de Estados Unidos. Europa no puede seguir siendo cómplice del intervencionismo estadounidense ni del bloqueo.
El presidente Nicolás Maduro lo advirtió hace pocos días: “El imperio está desesperado porque Venezuela no se rindió. Pretenden volver a los métodos de la CIA y de las invasiones, pero aquí hay un pueblo dispuesto a defender su independencia con la verdad y con el alma”. Por su parte, el canciller Yván Gil denunció que “las filtraciones del New York Times confirman lo que siempre dijimos: hay una guerra no declarada contra Venezuela. Pero ni mil agencias de inteligencia podrán con la dignidad de nuestro pueblo”.
Hoy más que nunca, el deber de quienes creemos en la soberanía y la paz es defender a Venezuela, su pueblo, su gobierno y su proceso revolucionario. El imperialismo no pasará.
¡Venezuela No Está Sola!







