La memoria democrática es antifascista

Nuevas formas, mismos objetivos: las mujeres en el ojo del huracán

El mundo misógino de los activistas por los “derechos de los hombres” se solapa con los conceptos de patria, nación, “el gran reemplazo” y el control de la sexualidad de las mujeres.
Portada del Día de la Madre, 1939, de la revista alemana “Frauen Warte” (la guardia de las mujeres), difusora de los roles nazis sobre la mujer.
Portada del Día de la Madre, 1939, de la revista alemana “Frauen Warte” (la guardia de las mujeres), difusora de los roles nazis sobre la mujer.

La historia ocurre dos veces, dijo Hegel, “Una vez como tragedia y otra como farsa”, añadió Marx. Aunque Marx insistió en que la historia se repite, pero parcialmente o, mejor dicho, solo en apariencia.

Con esa frase comienza Karl Marx El dieciocho brumario de Luis Bonaparte; “El ser humano hace su propia historia, pero no la hace a su libre albedrío, bajo circunstancias elegidas, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentra directamente, que existen y le han sido legadas por el pasado”.

Marx puso el acento en el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte y el paralelismo con otro golpe, el de su sobrino Luis Bonaparte (Napoleón III) denominado “autogolpe”, un golpe contra sí mismo, contra lo que representaba, con el objetivo de robustecerlo. Concluye demostrando cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe.

Utilicemos esté análisis certero de Marx para recuperar la historia y la memoria de la represión franquista hacia las mujeres y su estrategia y establecer el paralelismo que hoy existe entre esta y la estrategia de la extrema derecha y el neofascismo.

La dictadura franquista destruyó todas las esperanzas de emancipación y derechos que la II República sembró para las mujeres que hasta ese momento no tenían consideración de sujeto político. La dictadura convirtió nuestro país en un sistema de ideas y valores reaccionarios, forjó el espíritu nacionalista español y la raza hispana y las mujeres pasaron a ser el pilar fundamental que mantenía y garantizaba esa ideología y sus valores, esposa, madre y custodia de esos valores.

No se puede entender el triunfo del fascismo, ni el auge ahora de los neofascismos, sin comprender el modo en que el fascismo hablaba a las mujeres y hablaba sobre ellas

No se puede entender el triunfo del fascismo, ni el auge de los neofascismo, sin comprender el modo en que el fascismo hablaba a las mujeres y hablaba sobre ellas y cómo lo hace ahora la extrema derecha y los neofascismos.

La extrema derecha activa las instituciones conservadoras (la Iglesia, la familia, el Ejército) y afirma los valores burgueses (la supervivencia del más fuerte) a fin de impulsar un programa autoritario, pero hace falta rascar más.

Rascar sobre, ¿por qué lucharon las mujeres por su servidumbre, como si fuera su salvación?, durante la Italia de Mussolini o ¿cómo llegaron las mujeres a desear su propia dominación e incluso a defenderla hasta la muerte?

El movimiento fascista femenino que había sido un movimiento minoritario -—la mayoría de los hombres sentían hostilidad hacia el movimiento de mujeres, y el Partido Nacional Fascista debería dar a las mujeres un papel distintos al de las mujeres de otros países— se fue transformando en un movimiento de masas. Dejaban claro el papel subalterno de las mujeres en la “revolución fascista”: que la política era cosa de hombres. A las mujeres se les reservaba el campo de acción de la maternidad, el de la educación en valores a la juventud… ( en España sería la Sección Femenina la encargada de ello).

El movimiento fascista femenino pasó de ser minoritario, de mujeres burguesas que apoyaban al fascismo, a movimiento de masas para que las mujeres se sintieran parte del Estado y de la vida pública, claro está, previa inclusión de la obligatoriedad para que las mujeres se inscribieran en los movimientos fascistas femeninos. El régimen fascista impulsó a las mujeres a participar en los actos y desfiles. El momento clave fue el 18 de diciembre de 1935, día de la Alianza. Ese día las mujeres italianas protagonizaron un importante sacrificio a favor del imperio, sus alianzas y joyas depositadas a favor del régimen. Esta actuación no sólo tenía la importancia económica para el régimen, sino la simbólica (a las mujeres se les entregó una alianza sin ningún valor económico pero que mostraba el 2º matrimonio de las mujeres con el Estado, matrimonio místico bajo el signo de la muerte). Las viudas y madres ofreciendo a sus maridos e hijos como sacrificio las convierte en patriotas y auténticas fascistas porque, según la retórica fascista, solo podrán serlo quienes amaban, sufrían y morían por la patria. La ética del sacrificio fascista, era comparable con la ética del sacrificio católico y ello convirtió al fascismo en una religión. Y a cientos de miles de mujeres italianas, en mujeres domesticadas capaces de seguir a quienes las utilizan y aliadas de un régimen que atentaba contra sus derechos.

En nuestros días, los personajes mediocres y grotescos que representan papeles de héroes los encarnan perfectamente Trump en Estados Unidos de Norteamérica y Abascal en nuestro país.

Andrea Dworkin, feminista estadounidense que durante años estudio el comportamiento de la extrema derecha en su país, afirma que si la ultraderecha antaño prometía a las mujeres blancas la seguridad y la protección de la domesticidad patriarcal, hoy ofrece algo más mediáticamente transgresor, más sensible a los impulsos destructivos y a las fuerzas antisociales y más próximo a la igualdad que la extrema derecha rechaza y a la libertad a que renuncian. Ofrece a las mujeres blancas un relato de su infidelidad y un terreno afectivo en que expresar su rabia.

Neofascismo patrio, patriarcal y misógino

No hace falta salir de nuestro país para observar cómo la misoginia en línea se convierte en la droga de iniciación para la extrema derecha, cómo el mundo de los activistas por los “derechos de los hombres” se solapa con los conceptos de patria, nación y “el gran reemplazo” del que habla Abascal. Una apuesta por el control de la sexualidad de las mujeres, así como el pánico racista y culturalista.

No olvidemos los mensajes efectistas que lanza la ultraderecha:

—Evitar que haya niños/as no nacidos.

—Evitar la ideología de género. Para así volver a la familia tradicional, aquella a la que el franquismo otorgó un papel a la mujer, de madre, esposa y encerrada en casa.

En España después de la muerte de Franco tuvieron que transcurrir muchos años para que se estudiara y se hablará de la represión de género que se ejerció sobre las mujeres durante el golpe militar y durante la dictadura franquista.

La memoria democrática es antifascista y la memoria democrática de las mujeres no puede caer en saco roto. El género y el cuerpo de las mujeres sigue siendo un espacio de lucha y dominación. Y las teorías y prácticas antifascista deben convertirse en teorías y prácticas feministas.

(*) Responsable de Memoria Democrática del PCE

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