Periodista y Escritora

Teresa Aranguren: «La existencia de un pueblo en Palestina era un obstáculo para los intereses sionistas y coloniales»

“Ha habido toda una estrategia de propaganda del movimiento sionista para negar, silenciar, borrar la existencia de Palestina porque en el núcleo de la ideología sionista está la negación de su existencia”.
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Teresa Aranguren
Teresa Aranguren

A la periodista Teresa Aranguren (Álava, 1944) le gusta recordar que se formó en Mundo Obrero. Fue su corresponsal en 1981 cubriendo la invasión de Israel sobre el Líbano. Trabajó en la revista Interviú y en el periódico El Independiente y durante quince años fue la enviada especial en Oriente Medio de Telemadrid. Ha cubierto las sucesivas guerras del Golfo, el conflicto palestino-israelí y la guerra de los Balcanes. Es una gran conocedora de Oriente Próximo y, en concreto de Palestina sobre la que ha escrito varios libros como Palestina, el hilo de la memoria, y Olivo roto, escenas de ocupación. También ha publicado, con la fotógrafa Sandra Barrilaro y los escritores palestinos Bichara Jader y John Mansour, Contra el olvido, una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba. Ahora acaba de salir su último libro, que se presentó en la Fiesta del PCE, y que podría entenderse como un manual de urgencia: Palestina, la existencia negada. En él cuenta que el sionismo ha negado desde siempre la existencia palestina pero Teresa es rotunda: “se puede falsear, silenciar, ocultar, pero la historia existe y no se puede borrar”. En este libro reivindica la historia de Palestina y desmonta los bulos creados por el movimiento sionista y divulgados por sus lobbies propagandísticos en todo el mundo.

GEMA DELGADO: El libro comienza así: “Antes de ser conflicto, Palestina fue simplemente Palestina, lo cual es una obviedad, pero una obviedad silenciada y no por casualidad”. ¿Hace falta hoy recordar la historia de Palestina otra vez?

TERESA ARANGUREN: Sí, yo creo que es totalmente necesario, siempre, en todo fenómeno humano, sea un movimiento artístico o una guerra, conocer cómo empezó, el origen. En el caso de Palestina es doblemente necesario porque ha habido toda una estrategia de propaganda del movimiento sionista para negar, silenciar, borrar la existencia de Palestina desde el origen, porque en el núcleo del pensamiento de la ideología sionista está la negación de la existencia de Palestina.

El conflicto palestino israelí es antiguo, pero no es ancestral, ni tiene que ver, por supuesto, con tiempos bíblicos. Eso es un señuelo, pero no es un dato. El eslogan “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, que fue su carta de presentación, es de mediados del siglo XIX. Ese eslogan, que mucha gente sigue aceptando como válido en Occidente, es un grandísimo bulo. Un bulo es una mentira con una intencionalidad de lograr algo; en el caso del movimiento sionista, la intencionalidad era borrar la existencia de un pueblo, Palestina, que nunca fue una tierra vacía sin pueblo. Palestina ha sido siempre un elemento fundamental, una tierra habitada, cultivada y con conciencia de pertenencia a esa tierra. Y esto es lo que el movimiento sionista necesitaba negar desde el comienzo.

PALESTINA LA EXISTENCIA NEGADA
Teresa Aranguren.
Ediciones Ediciones del Oriente
y del Mediterráneo, 2025

Y por eso el título de este libro. Esta constante negación de la existencia de Palestina se mantiene hasta ahora. Si en el siglo XIX empieza como propaganda, como negación verbal, para crear una opinión pública que lo aceptase, a mediados del siglo XX pasa a la limpieza étnica, es decir, la expulsión de la población palestina de sus tierras, de sus aldeas, de sus casas como hicieron en 1947 y 1948, la Nakba o desastre. Ahora ya no es simplemente la expulsión, es el exterminio a lo que estamos asistiendo. Y todo parte de una misma raíz, del hecho de que la existencia de un pueblo en Palestina era un obstáculo. ¿Para qué? Para los intereses de dos fenómenos estrictamente europeos. Por un lado, el movimiento sionista, o la ideología sionista, que surge en el corazón de Centroeuropa, en el Imperio Austrohúngaro, a finales del siglo XIX, y que tiene como planteamiento el logro de un territorio en el que la población judía pueda ser mayoría. Esto tiene relación con la experiencia de antisemitismo fuerte que había en Centroeuropa, en la Rusia zarista. Son los intereses de los judíos europeos. Los judíos de Oriente no participan en la creación del proyecto, y yo diría que hasta ni se enteran.

Y, por otro lado, los intereses coloniales europeos, especialmente del Imperio Británico. El movimiento sionista enseguida se da cuenta de que para conseguir convencer a las comunidades judías de Europa necesitan la garantía de la protección de una gran potencia. Ya estamos hablando del final de la Primera Guerra Mundial, es decir, la derrota del Imperio Otomano y el surgimiento como protagonistas de Francia y Gran Bretaña en Oriente.

Así que confluyen dos fenómenos estrictamente europeos: los intereses sionistas y los coloniales. Al imperio británico le interesa promover y actuar de protector del proyecto. Les viene muy bien, en su expansión, tener un enclave en el corazón de Oriente Próximo.

“Lo que llamamos conflicto palestino-israelí no surge en Palestina ni en Oriente. Es importado desde Europa. Y responde a intereses, necesidades y aspiraciones europeas”

Y se da claramente una de las características que acompañará todo el drama de Palestina, que es que lo que llamamos conflicto palestino-israelí no surge en Palestina ni en Oriente. Es importado desde Europa. Y responde a intereses, necesidades y aspiraciones europeas. Se repite ahora con el supuesto plan de paz presentado por Donald Trump, que no es un plan de paz, es una tregua, un alto el fuego. En la gestación de ese plan de paz estuvieron Estados Unidos e Israel, pero no hubo una representación palestina ni siquiera por guardar las formas. ¿Por qué? Porque ya está muy afianzado su proyecto de la no existencia o la aniquilación de Palestina.

En la historia de Palestina la declaración Balfour es uno de los momentos cruciales. Lord Balfour era ministro de Exteriores de su majestad británica en 1917. Dejó declaraciones coloniales que son de un cinismo brutal: “En Palestina ni siquiera nos pasamos por la formalidad de consultar los deseos de los habitantes del país. Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, y el sionismo, correcto o incorrecto, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales, en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que las aspiraciones de los 700.000 árabes que habitan esta antigua tierra”.

“En la gestación del supuesto plan de paz estuvieron Estados Unidos e Israel, no hubo representación palestina porque en su proyecto ya está muy afianzado la no existencia o la aniquilación de Palestina”

G.D.: Si no existiera Israel, Estados Unidos de América tendría que inventar un Israel para proteger sus intereses en la región”. Lo dijo Joe Biden, en 1986, cuando era senador

T.A.: El movimiento sionista, cuando inicia sus contactos con dirigentes europeos, siempre se presentaban como la vanguardia de Occidente frente a la barbarie de Oriente. Están todos los tópicos del pensamiento colonial. El problema es que no sólo estaban presentes en la mente de los dirigentes sionistas, también lo estaban, y siguen presentes, en la sociedad occidental.

Yo suelo decir que no tenemos colonias ya, pero tenemos pensamiento colonial. Por eso calan tan fácilmente determinadas falacias, que son fácilmente desmontables si las confrontas con los hechos; pero los hechos son a veces menos importantes que la propaganda o que las creencias. Y las creencias en el mundo occidental parten de un racismo básico que está inherente al pensamiento colonial, es decir: los otros pueblos no son como nosotros, no importan como nosotros, y cuando ese otro pueblo es un obstáculo, como pasaba con el pueblo de Palestina, pues lo eliminamos.

Por eso se dice el problema de Palestina. ¿Un pueblo por qué se convierte en problema? Su mera existencia era un problema, y los problemas se solucionan.

G.D.: Dices que no hay colonias, pero nos queda el pensamiento colonial. ¿Es un colonialismo híbrido, como los golpes de estado de cuarta generación?

T.A.: Cuando digo que no hay colonias, es que no hay colonias físicamente. Pero, evidentemente, los intereses coloniales, las estrategias coloniales, siguen presentes. Lo vemos todos los días en la política de Estados Unidos, que ahora bombardea embarcadiones venezolanos que dicen que llevan droga, con una desfachatez total. Como cuando anuncia que le dará mucho dinero a Argentina si gana Milei. Es decir, entrando en la política interior de un país que se supondría que debía ser soberano. Eso es colonialismo.

Y lo mismo puedo decir de Europa, que se está comportando como una colonia con respecto a Estados Unidos, actuando incluso en contra de nuestros intereses.

“Si no hubiera habido Imperio Británico, y si no le hubiera dado protección, no habría habido el Estado de Israel. A finales del XIX, sólo el 2% de los 700.000 habitantes de Palestina eran judíos”

Si no hubiera habido Imperio Británico, y si no le hubiera dado protección, no habría habido el Estado de Israel. No hubiera salido adelante sencillamente porque los datos de la realidad no lo permitían. Cuando el proyecto sionista comienza, a finales del XIX, en Palestina hay en torno a unos 700.000 habitantes, de los cuales, en torno al 2-3% son población judía. Judíos palestinos, que hablaban árabe y formaban parte del tejido social de Palestina. No tenía nada que ver con el sionismo surgido en Centroeuropa.

¿Qué quiere esto decir? ¿Cómo creas un Estado judío si tienes al 98% de la población que no es judía? Desde el primer momento está presente el elemento de imposición, la visión colonial.

G.D.: ¿Cuando cede Gran Bretaña el testigo colonial a Estados Unidos?

T.A.: En los años 40. Y ya claramente, en la primera resolución de la recién creada Naciones Unidas entonces, el 29 de noviembre de 1947, que es la que conocemos como resolución de partición del territorio de Palestina para un Estado judío y un Estado árabe.

Gran Bretaña se abstuvo, pero la influencia de Estados Unidos sobre países pequeños de la Malasia y algunas colonias africanas fue determinante para que saliera adelante, con gran desolación y sorpresa de los países árabes, que no lo esperaban. Para entonces, y después de dos décadas de inmigración sistemática al amparo británico, la población judía acababa de alcanzar el 30% de la población. Estaba muy lejos de tener una mayoría. Y el dato más relevante es que sólo poseían el 6,6% de la tierra.

Esa resolución y la creación de un Estado judío, es el germen de las operaciones militares de limpieza étnica y de cómo el Estado de Israel pasó de poseer el 6% de territorio a poseer el 57%, más de la mitad. Y, a partir de ahí, cuando expulsan a la población no judía pasa a controlar el 80%.

G.D.: Se dice que Naciones Unidas creó al Estado de Israel.

T.A.: Creo que es una percepción falsa. Naciones Unidas no crea Estados, propone soluciones o pactos. Ante una situación que era de enfrentamiento total, los británicos renunciaron al mandato sobre Palestina. Entonces, estas Naciones Unidas deciden dividir el territorio en dos Estados. Pero eso no hubiera sido suficiente para crear el Estado de Israel si este no hubiera hecho una atroz operación de limpieza étnica y expulsado a más de 300.000 personas de sus casas y de sus aldeas en Palestina. Eso es lo que les permite proclamar el 15 de mayo de 1948 el Estado de Israel. Y continuaron con esa política de limpieza étnica y apropiación de tierras durante todo el año 48 y parte del 49.

Cuando empiezan a llegar noticias de matanzas tremendas, a finales del 47 y comienzos del 48, estas mismas Naciones Unidas envían a un enviado especial para que investigue lo que está pasando en Palestina, que es el conde Bernadotte, un aristócrata sueco que me parece determinante.

Llega cinco días después de la declaración del Estado de Israel, cuando la limpieza étnica estaba en pleno apogeo. Recorre el territorio, busca testimonios, y en septiembre presenta un informe demoledor para el recién creado Estado de Israel, en el que documenta operaciones de pillaje, matanzas, expulsión en masa de población… sin objetivo militar alguno. Esto es importante.

¿Por qué es sin objetivo militar? Porque el objetivo es aterrorizar a la población, provocar el éxodo. Ese informe de Bernadotte, propone que todo refugiado palestino tiene derecho a regresar a sus hogares y a ser indemnizado. Al día siguiente de presentar ese informe lo asesinaron pistoleros de una milicia sionista.

Pero ese informe está en la base de la siguiente resolución de Naciones Unidas en la que reconoce el derecho al retorno de todos los palestinos refugiados, etc. Y está también en la base de la creación de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), que, por cierto, el gobierno sionista sigue considerando una organización terrorista y no admite que ejerza su labor en los territorios que Israel ocupa, donde no tendría legislación para imponer nada. Pero evidentemente tiene el poder de imponerlo.

“La UNRWA siempre ha estado en el objetivo de sucesivos gobiernos israelíes porque es el testimonio de que hubo una limpieza étnica atroz negada por la propaganda israelí”

G.D.: La UNRWA siempre ha estado en el objetivo de sucesivos gobiernos israelíes, ahora de manera mucho más descarada.

T.A.: Desde ese primer momento en el que asesinan al enviado de Naciones Unidas. La UNRWA, además de su labor ayudando al desarrollo de la población palestina, es el testimonio de que hubo una limpieza étnica atroz negada por la propaganda israelí.

G.D.: ¿A quién va dirigido este libro? ¿Qué objetivo te marcaste cuando decidiste escribirlo?

T.A.: He pretendido hacer un libro claro y fácil de leer, pero que recoja todo lo que yo considero esencial en la historia reciente de Palestina desde el siglo XIX hasta aquí.

La gente a la que yo quiero llegar, es a la que sabe de Palestina lo que sale en la tele, que le puede conmover las imágenes, pero no tiene claro lo que hay detrás. Y, sobre todo, a la que tiene la mente conformada con las mentiras de la propaganda sionista.

Por eso uno de los objetivos del libro es desmontar falacias de la propaganda sionista con los hechos. los datos, etc. El tono del libro es casi como de un manual y tiene una estructura cronológica para que sea fácil volver a él para buscar algún dato.

Lo que más me costó fue cómo cerrar el libro. Lo acabé en abril de 2025, con el genocidio en marcha. No quería terminarlo solo con la imagen atroz de la impotencia, de la desesperación de ver cómo se aniquila un pueblo. Por eso usé las imágenes durante el alto fuego cuando se vio a la gente volviendo a sus tierras. Y eso representa la inquebrantable voluntad del pueblo palestino de existir, de no dejarse destruir pese a todo.

“Si los alemanes tienen mala conciencia por el nazismo, los europeos deberíamos tener mala conciencia por el colonialismo europeo y por lo que hizo en Palestina”

G.D.: Por primera vez hay un despertar de la opinión pública de la calle frente a la inacción de los gobiernos. Se ha tardado pero se ha conseguidos.

T.A: No solo aquí, en España. Ha habido manifestaciones importantísimas en países como Alemania o Inglaterra en los que está criminalizada la solidaridad con Palestina. Esa contestación en la calle es importantísima, porque refleja, por un lado, que el relato israelí se ha caído; ya no cuela. Yo, como periodista, he sufrido mucho esta necesidad y dificultad de explicar quién es el agresor y quién es la víctima en el caso de Palestina. Ahora mismo eso ya no es tan difícil porque la gente ya lo ve. La gente está conmocionada por la arrogancia y la desfachatez de los dirigentes israelíes cuando anuncian lo que van a hacer. O sea, ya no sólo lo que hacen, sino que lo expresan claramente.

Es indignación frente a lo que está ocurriendo y por la complicidad de la Unión Europea.

Al menos, el gobierno en España, al igual que en Irlanda y Noruega, ha marcado otra tendencia que no es darle palmaditas en la espalda al señor Netanyahu después de cometer los crímenes que está cometiendo. Porque si hay alguien responsable del drama de Palestina, es Europa. Si los alemanes tienen mala conciencia por el nazismo, los europeos deberíamos tener mala conciencia por el colonialismo europeo y por lo que hizo en Palestina.

“Es fundamental mantener la indignación en la calle porque evidentemente el plan de Trump no es un plan de paz. Si pensamos que la solución puede venir de Trump, es que no conocemos nada de lo que ha ocurrido en Palestina”

El cambio es importante. Ahora es fundamental mantener este clima de indignación en la calle porque se está intentando borrar desde instancias de poder. Cuando se plantea que el plan presentado por Donald Trump es un plan de paz, se está intentando acallar las protestas. Pero es evidente que no estamos en un plan de paz. Estamos en algo a lo que yo no le quito importancia, que es un alto el fuego, porque todo alto el fuego salva vidas. Pero lo están violando.

Y si pensamos que la solución puede venir del señor Donald Trump, es que no conocemos nada de lo que ha ocurrido en Palestina. Por eso es muy necesario conocer y saber cómo hay elementos que se repiten. Lo que se plantea como solución no surge de Palestina ni se cuenta con ellos.

Ahora mismo, no solo es el pueblo de Palestina el que está en riesgo de exterminio, es lo que queda de derecho internacional, lo que queda de derechos humanos, y yo diría más, lo que nos queda como mundo civilizado en Europa.

Todo eso está en peligro, porque Naciones Unidas está en peligro; es un estorbo para Estados Unidos e Israel. Naciones Unidas no tiene ejército, ni puede imponer sus resoluciones, pero al menos es una referencia moral. Y eso molesta. Estamos construyendo un mundo, o dejando que se construya, en el que solo rige la ley del más fuerte.

G.D.: ¿Qué ha supuesto el 7 de octubre de 2023 en el relato sionista?

T.A.: Hubo una consigna para ligar el ataque de Hamás y lo que ocurrió el 7 de octubre, con el nazismo: “Es la mayor matanza de judíos desde el holocausto”. Pero no es verdad, no fue una matanza de judíos, fue una matanza de israelíes, que es diferente. ¿Por qué lo digo? Porque Israel es la potencia ocupante. Es decir, la acción de Hamás es contra la potencia ocupante y contra quienes les expulsaron de su tierra, etc. No por judíos, ni muchísimo menos.

Por eso también considero muy importante señalar que Israel y el sionismo no representan a los judíos del mundo Y que desde el primer momento hubo oposición entre comunidades judías al relato sionista, a la política sionista y al proyecto sionista. Hubo enormes manifestaciones de judíos en Nueva York diciendo “No en mi nombre”, negando a Israel la bandera que siempre esgrime de ser representante y heredero de las víctimas del holocausto. Pues no, porque cuando se estaba produciendo la matanza de judíos europeos, los sionistas no estaban luchando contra el nazismo. En los años 30, ¿en qué estaban? Matando árabes en Palestina. Hay toda una tergiversación que también atañe a la historia de las comunidades judías del mundo.

G.D.: ¿Cómo funciona el lobby sionista en la construcción el relato, desde aquel slogan de “una tierra sin pueblo para una pueblo sin tierra”, hasta hoy?

T.A.: Se suele obviar que desde el punto de vista económico posiblemente hay lobbies más poderosos en Estados Unidos que en Israel. Pero desde el punto de vista de la creación de opinión, no. Todos los grandes medios de comunicación, audiovisuales y escritos, están claramente en manos, o muy penetrados del lobby sionista estadounidense.

G.D.: Entonces, ¿cómo construir o reconstruir el relato ahora que están notando que se está perdiendo?

T.A.: Pues la verdad es que no sé cómo lo harán, pero estoy segura que Hollywood o el equivalente de Hollywood va a volver a tener un papel importantísimo. Y nos saldrán documentales o historias sobre el horror del ataque cometido por Hamas centrados en alguna familia que haya perdido a su hijo, que no digo que no se deba hacer, pero claro, eso frente a un genocidio como el que estamos viviendo, con el exterminio, por ejemplo, de periodistas, de sanitarios… Digo exterminio selectivo, es decir, la búsqueda de esas personas que no mueren en un bombardeo indiscriminado, sino que van a lanzar el misil a tu casa cuando saben que has vuelto, o al punto donde el periodista se sabe que hace sus conexiones en directo.

Una gran parte de la financiación de lo que se llama el Departamento de Propaganda se destina a grupos cuya misión es denunciar desde el Reino Unido todo lo que sea crítico con Israel. Aquí tiene ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio).

Denuncian a particulares, a asociaciones, de antisemitismo. Luego las denuncias quedan en nada, pero mientras consiguen su objetivo Por ejemplo, paralizar la proyección del documental Cómo sobrevivir en una zona en guerra, hecho en Gaza ahora, por un cineasta palestino en Gaza que, con móviles, muestra el genocidio en el momento en que está pasando. Se centra en cuatro niños de distintas edades, que te cuentan dónde viven, sus aspiraciones, y a través de eso ves lo que está pasando cada día. Y lo que está pasando cada día es que están bombardeando el hospital donde está uno de los niños. Recibió un premio importante de documentales, y a partir de ese momento fue denunciado por uno de estos grupos sionistas en Inglaterra, de modo que está prohibida su exhibición hasta que se resuelva el tema. Pero se está exhibiendo particularmente, yo lo he visto en centros culturales.

También pasó con la coproducción jordana Farha, de una directora de cine palestina y que fue la candidata al último Oscar por parte de Jordania. Una adolescente ve a soldados israelíes asesinar a una familia palestina en 1948, durante la Nakba. Está contado con una sobriedad que le da todavía más fuerza. Esta película, que debería ser de obligado conocimiento para quien quiera conocer lo que pasó, ha sido denunciada por los lobbies jurídicos, propagandísticos sionistas y han conseguido que se prohíba su exhibición en algunos países occidentales.

G.D.: ¿Cómo se explica la aproximación que hay entre la extrema derecha y los sionistas?

T.A.: Es significativo. Si algo sabemos los europeos, es que por definición, y casi por genética, la extrema derecha europea ha sido antisemita siempre, y de ahí vino el nazismo y todo lo demás, ¿no? Y ahora resulta que la extrema derecha europea es el gran paladín del Estado de Israel, ¿por qué? Pues porque Israel representa la ley del más fuerte. Y, ¿cuáles los métodos de la extrema derecha? La fuerza. Les fascina que exista un Estado que solo se plantea ejercer su política a través de la fuerza.

G.D.: Personalmente me preocupa mucho que el genocidio se centre en Netanyahu y que cuando ya no sirva le cambien por otro “con las manos limpias”, pero los poderes fácticos y la conciencia mayoritaria de la sociedad será la misma. Preocupación de que pase aquello de que muerto el perro se acabó la rabia.

T.A.: Centrar el problema en Netanyahu es equivocarse de raíz. En parte este libro va contra eso. El objetivo sionista de limpieza étnica la hicieron todos. Ha habido muchos Netanyahu: Ariel Sharon, Menahem Begin, Yitzak Shamir, muchos. Porque siempre, desde el inicio en el siglo XIX, en la ideología sionista ha habido, digamos, dos tendencias básicas. Y una es la que triunfó, la que proclamó el Estado de Israel, que estaría representada por el partido laborista y por un tono aparentemente más moderado. El objetivo de limpieza étnica la hicieron todos, pero estos lo hicieron con un planteamiento, digamos, más aceptable desde el punto de vista de los métodos y de la diplomacia. Mientras que el otro sector del movimiento sionista, que estaba representado por el ideólogo polaco Jabotinsky, planteaba desde el primer momento que para conseguir el Estado de Israel tenían que expulsar por la fuerza a toda la población árabe. Y no sólo del territorio hasta el río Jordán, sino en las dos orillas, desde el río hasta el mar. Toda Palestina.

Este gobierno es su heredero. También lo fue Ariel Sharon. Ha estado presente siempre. El problema es que esa visión se ha ido afianzando cada vez más socialmente.

En los años 80 había un movimiento fuerte contra la ocupación de territorios palestinos, que era el de Paz Ahora. No era un movimiento antisionista, pero estaba en contra de la colonización; cuestionaba que si ya tenían su país, ¿por qué tenían que ocupar el territorio?. Enfrente estaba el movimiento de colonos, con grandes representaciones en políticos como Ariel Sharon.

Y Netanyahu no es el primero que dice que nunca habrá un Estado palestino. Antes lo dijo Ariel Sharon. Así que no es nuevo cuando, dos semanas antes del ataque de Hamas, Netanyahu se presenta en Naciones Unidas hablando de su visión del Nuevo Oriente y enseñando dos mapas en las que todo era Israel. No había Palestina. No es nada nuevo porque ese es el núcleo del pensamiento y de la política del sionismo. El sionismo es una ideología supremacista y racista.

G.D.: Cuando prohibieron el trabajo de la UNRWA en Palestina no lo hizo sólo Netanyahu, se hizo con voto del 92% de los diputados del Parlamento. ¿Cómo es la composición del parlamento israelí hoy?

T.A.: Extrema derecha y extrema derecha. No hay derecha y extrema derecha, es todo extrema derecha, y cada vez más extrema. El Partido Laborista, que fue el que proclamó el Estado de Israel, hoy solo tiene tres diputados. ¿Eso socialmente qué implica? Pues que nos encontramos con una sociedad totalmente abducida por este tipo de relato supremacista, profundamente racista, que siente que no tiene que dar explicaciones al mundo, que simplemente tiene que asentarse por medio de la fuerza.

Y la tienen, entre otras cosas, porque cuentan con la fuerza de Estados Unidos. Eso adquiere proporciones muy preocupantes cuando uno piensa que alrededor del 80% de la población israelí aplaude lo que se está haciendo en Gaza.

Hay también toda una estrategia de desconocimiento de lo que ocurre con sus vecinos palestinos o con la población palestina bajo su dominio. Y quizá esto se ha acentuado después del 7 de octubre, que ha servido para alimentar la idea de que “los árabes nos odian” porque somos judíos, no porque somos ocupantes, que les hemos expulsado de sus tierras.

Y eso se apoya en sentimientos muy arraigado en Occidente, la mala conciencia por el exterminio de los judíos europeos, que luego se lava muy fácilmente sobre las espaldas de otro pueblo que no tiene nada que ver ni con Europa ni con el nazismo, que es un pueblo árabe.

(*) Subdirectora de «Mundo Obrero»

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