Los versos de “Los Olvidados” de Pedro Pastor cantados a capella por las actrices Gloria Vega y Susana Martins retumbaron en las piedras y ventanales del antiguo monasterio de Santa Clara, usado como cárcel por los franquistas y reconvertido ayer en espacio de conocimiento contra el olvido. La canción dice así:
Los olvidados
Los que retumban en la memoria, los perseguidos
De anochecida en mitad del cerro, los exiliados
Los que jamás volvieron a ver correr a sus hijos
Las olvidadas
Las que escondían pan en el mimbre, las perseguidas
Y señaladas en todo el pueblo, las exiliadas
Las que jamás volvieron a ver correr a sus hijas
No olvidaré
No olvidaré
Para que haya servido de algo tanto desvelo
Para que no se pierda el poema bajo el sombrero
No olvidaré
Para poder hablarle a mis hijos de los abuelos
Para que un día al fin descansen justos los huesos
No olvidaré.
Retumbaron en las piedras y en los corazones de los asistentes que, entre canciones, discursos, versos, documentos y explicaciones pudieron conocer la historia de unos hombres y mujeres que a pesar del daño al que se vieron sometidos no dudaron en dar lo mejor en aras de un futuro más justo para todos.
El 29 de noviembre de 1975, el presidente del Tribunal de Orden Público enviaba un telegrama al director de la cárcel de Carabanchel ordenando la puesta en libertad inmediata de Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius y Juan Carlos Muñoz Zapico, tres de los nueve condenados en el proceso 1001.
Cincuenta años después, el sábado 29 de noviembre, Comisiones Obreras rememoró este hecho con un teatral dirigido por Adolfo Dufour. Para ello eligió el Espacio Santa Clara, antiguo convento convertido en cárcel por las autoridades franquistas y ahora transformado en centro cultural. Este recinto ha albergado durante la semana previa al acto la exposición de dibujos realizados por presos de la dictadura. En general, estos dibujos los pintaban los presos como si fuesen postales en cuyos reversos escribían a su familiares. La exposición muestra obras de autores sin identificar, de artistas de reconocido prestigio como Agustín Ibarrola o de dirigentes políticos como Gerardo Iglesias, todos ellos encarcelados por el franquismo.
El alcalde de Soria, Carlos Martínez, dio la bienvenida a los asistentes a esta cárcel reconvertida en espacio de memoria. Martínez habló de la necesidad de recordar el pasado como una forma de hacer frente a los discursos de la ultraderecha.
En las paredes de la antigua cárcel retumbaron los versos del poeta Carlos Álvarez, tan buen conocedor de las cárceles franquistas. El dirigente de Comisiones Obreras de Soria, Javier Moreno, fue el encargado de darle voz y vida al poema “Este que aquí no veis”:
Este que aquí no veis tras una puerta
de metal convincente y de cerrojo
no menos expresivo y disuasorio,
y que visto a través de los barrotes
de una ventana vuelta hacia sí misma
podría confundirse con la imagen
patética de un preso
que contempla la noche, es, en efecto,
—cual suponéis— un preso… (lamentable
conjunción de factores que permiten
que coincidan el ser y la apariencia
con tanta gravedad a costa mía).
Entre los documentos que se leyeron cabe destacar la carta que el 4 de septiembre de 1975 Marcelino Camacho (uno de los hombres que pasaron por la cárcel de Santa Clara) dirigió al director de Carabanchel. En ese escrito, Marcelino se declaraba en huelga de hambre en respuesta a la negativa de las autoridades a conmutar la pena capital a los cinco presos antifascistas que veinte días después serían los últimos fusilados de la dictadura. La carta es una lección de generosidad. Su hijo Marcel explicaba cómo esas huelgas de hambre, con su secuelas médicas y de castigos, se llevaron la vida de varios presos.
Ese altruismo, “esa lección de generosidad”, lo resaltó también el secretario general del PCE, Enrique Santiago, al señalar cómo desde la cárceles se debatió y se aprobó la política de reconciliación entre los españoles. Finalizó diciendo que “hoy, es importante hablar de amnistía, hablar de libertad”, para que las nuevas generaciones conozcan lo sucedido. Explicó que la extrema derecha es una amenaza para la libertad y las conquistas laborales. Frente a ello, dijo, “nos toca nuevamente defender la democracia”. “Aunque nos gustaría que nuestra prioridad fuera construir el socialismo, la máxima prioridad sea seguir defendiendo la democracia”, remachó.
Ana Fernández, secretaria de CC.OO. de Castilla y León resaltó la importancia de que los jóvenes conozcan la historia de los miles de personas que fueron encarcelados por luchar por la libertad: “Si ahora tenemos un país con derechos y libertades fue gracias a ellos”. Ana Fernández hizo hincapié en el papel de las mujeres en la lucha contra la dictadura, y se refirió a los trabajos que desarrollaron las mujeres de presos. Una muestra de ello fue la carta que más de quinientas mujeres de preso enviaron a la Conferencia Episcopal.
Juan Pinilla metió su cante hondo en los tuétanos de los asistentes y, con Juan Ignacio a la guitarra, interpretó el “Gallo rojo, gallo negro” de Chicho Sánchez Ferlosio. Ambos viajaron en coche y sin parar para poder participar en el acto.
Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras, explicó que la democracia no fue fruto de “un pacto de élites” o de una graciosa concesión sino el resultado de la lucha que miles de trabajadores llevaron a cabo: “En España se alcanzaron las libertades democráticas por la intensísima movilización que miles y miles de personas, sobre todo de trabajadores y trabajadoras, habían llevado a cabo en las condiciones más difíciles, desde la absoluta clandestinidad, desde la represión, desde poner en juego no solo los puestos de trabajo sino la propia libertad y a veces la vida”. “Digan lo que digan”, continuó, “no fue una democracia otorgada, fue una democracia peleada. Hubo represión, hubo inmensa represión en los años posteriores a la muerte de Franco. Golpearon con todo: los asesinatos en Vitoria, la represión en las manifestaciones, la represión en las huelgas. Dejaron el lado más salvaje, golpeando donde más dolía, asesinando a los abogados de Atocha.”
Unai explicó que la legalización de todos los partidos políticos, “de todos, porque la intención era dejar fuera al Partido Comunista”, y la legalización de los sindicatos se produjo, porque llegaron a la conclusión de que o se legalizaban o España corría riesgo de volverse ingobernable, tal y como informó a Kisinger el embajador estadounidense en España.
Finalizó su intervención diciendo que estamos “en un momento de riesgo de las libertades democráticas que no hemos conocido en décadas”. “No para volver a los viejos fascismos”, matizó, “pero sí para un sistema que sea notablemente peor, autarquías que eliminen derechos”.
El espíritu de resistencia y generosidad de los presos de la dictadura se materializó en los versos del poema “Mi casa y mi corazón” de Marcos Ana, el poeta que pasó 23 años encarcelado, cantados maravillosamente por Bernardo Fuster y Luis Mendo:
Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.
Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.
Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.
El homenaje acabó con el Canto a la Libertad de Labordeta.







