Uno de los ejercicios de resistencia más sutiles y complejos que nos podía presentar la historia a la izquierda (izquierda transformadora; descuento, por lo tanto, al PSOE), consiste en la necesidad de apoyar la permanencia del actual gobierno, y la no convocatoria de elecciones adelantadas, a pesar de la dialéctica de castillo de naipes que venimos sufriendo.
La idea central, que se repite sin descanso, está clara, y no podía ser de otra manera. El actual gobierno, presidido por Sánchez, que integra un cierto componente de la izquierda transformadora, sufre los embates de lo que a todas luces aparece como una “operación de Estado”. Una parte del Estado contra otra, se podría pensar en plan simplista. Fundamentalmente aquella parte que no fue depurada en la denominada Transición y que representa los perfiles más nítidos, junto a la Corona, las derechas (la ultra y la plus ultra) y un sector recalcitrante del PSOE, de lo que se conoce como régimen del 78.
El objetivo central no sería tanto mantener a Sánchez, que sería un logro por añadidura, como mantener la posibilidad de la existencia a partir de las próximas elecciones de una izquierda transformadora capaz de articular un contrapoder relevante
En pocas palabras y yendo al fondo (sálveseme la expresión): se está practicando desde el centro de la escena, perfectamente iluminado el proscenio por todos los medios, un ejercicio intenso y completo de “lawfare”. Algo así, dicho en otras palabras; como si los que mandan sin presentarse a las elecciones hubieran calculado que es el momento de desmontar el gobierno de coalición y hacerlo de tal manera que no aparezca bajo ningún concepto como una especie de golpe de Estado; y hacerlo con la ley en la mano, para impedir (y quizás esta sea una de las claves) no solo la continuidad de Sánchez sino también la posibilidad de que se abra la fisura de una dinámica que nos lleve a los perfiles de un Estado compuesto y, más allá, a la avenida inaugural de un régimen republicano.
El problema se plantea a la hora de dilucidar el papel de la izquierda transformadora, que por ahora destaca por los desacuerdos entre referentes que son esenciales a la hora de concebir un frente amplio con garantías.
La operación “Bi-bloquista” (PSOE, PP, VOX, Monarquía) no conduce exactamente a una salida mínimamente aceptable del futuro. Y el futuro será tanto más duro cuanto más débil, o incluso inexistente, sea la izquierda transformadora
En este orden de cosas habría que formular desde el principio una diferenciación que parece casi frívola pero que a nuestro juicio es clave. El papel de la izquierda transformadora, que pasa por el mantenimiento del gobierno frente a las hordas de la “guerra legal”, no debe permitir la posibilidad de un último sacrificio histórico frente a los ataques del neofascismo. El objetivo central no sería tanto mantener a Sánchez, que sería un logro por añadidura, que mantener la posibilidad de la existencia a partir de las próximas elecciones generales de una izquierda transformadora española capaz de articular un contrapoder relevante a la hora de sintetizar históricamente los problemas de este país. La operación “Bi-bloquista” (PSOE, PP, VOX, Monarquía) no conduce exactamente a una salida mínimamente aceptable del futuro. Y el futuro será tanto más duro cuanto más débil, o incluso inexistente, sea la izquierda transformadora.
El mundo no se acaba en las próximas elecciones generales. ¿O sí para una cierta izquierda, la que algunas, cada vez con voz más alta, llaman “anguitista”). “Cuidado con tal dirigente de la izquierda —parece que le advirtió alguien hace poco a Sánchez— que te puede hacer un Anguita” (bueno, a esto me refiero, sea verdad o no la anécdota). Y ruego se me perdona este atrevimiento final ya que hoy por hoy todo el mundo en nuestro espacio se considera “anguitista”.








