Die Linke ha dejado atrás uno de sus momentos más bajos en la historia, con perdida de afiliación, salida de parlamentos regionales, una escisión nacional-obrerista iniciada por Sahra Wagenknecht y una salida en grupo de cargos del grupo llamado «Anti-Deutsche» (Antialemanes) o izquierda pro-Israel y sionista. Las elecciones al Bundestag rescataban al partido de la irrelevancia y lo colocaban con un 8,8% de votos en porcentajes que no se veían en casi una década, incluyendo la victoria en la capital de Alemania con un 20%. Además el partido ha pasado de 50.000 miembros a 120.000 en año y medio, un récord histórico en los 18 años de historia tras la fusión del PDS (antiguo SED) y el WASG de Lafontaine. Una de las claves: la acción puerta a puerta.
En otoño de 2024 Die Linke entraba en el parlamento sajón a pesar de quedar por debajo del 5%, gracias al modelo mixto de doble voto y la cláusula de los mandatos directos, es decir, a personas que ganan su acta por voto directo en sus correspondientes distritos. Juliane Nagel y Nam Duy Nguyen ganaban con casi un 40% de votos en sus distritos. La campaña de Nam Duy se hizo famosa en toda Alemania, hasta el punto de rodarse un documental llamado «50.000 puertas», en los que él, el equipo de campaña y militantes de Die Linke contaban cómo habían llamado a 50.000 puertas en el distrito de Leipzig 1 para llegar al mayor número de personas posibles con contacto directo. El resultado fue del 39,8%, con una subida del 17,7% y dejando a la CDU a más de 20 puntos.
En la campaña del puerta a puerta de Die Linke para las elecciones al Bundestag hubo acciones en las que participaban incluso más de 100 militantes y llamaban a 10.000 puertas en una mañana, por ejemplo en el distrito de Berlín-Neukölln (donde se ganó el mandato directo en las últimas elecciones con un 30% (+17%). Objetivos: dejar hablar, conectar con la gente (mucha de ella que no vota por hartazgo o descreimiento de la política), colocar un mensaje simple y hacer una oferta participativa (una asamblea abierta, una reunión de inquilinas, etc.). En campaña, los objetivos están claros y la militancia está más movilizada. En un sistema electoral provincial como el existente en España, sería interesante probar en casos como las elecciones de Aragón en la provincia de Zaragoza o en Castilla y León en la de Valladolid, aunque el tiempo corre en contra. ¿Pero se puede hacer con menos gente o fuera de campaña?
Lejos de las grandes acciones en Leipzig y Neukölln, nos juntamos en el distrito de Berlín-Steglitz-Zehlendorf no más de 10 personas para una acción puerta a puerta en campaña, en una urbanización muy obrera, la Thermometersiedlung, con muchas personas que no van a votar, ingresos más reducidos y más población migrante. El objetivo es ganar algún voto, pero sobre todo hacer presencia, decir que ahí estamos, y ofrecer una asamblea vecinal de inquilinas con asesoría legal gratuita. Es un distrito conservador democristiano donde Die Linke saca cerca del 5%. Entre caras de sorpresa, algún portazo y alguna persona que dice que se pasará por la asamblea, el partido se ha hecho presente en un terreno que todavía está por arar, lejos de los distritos más de izquierdas de la ciudad. «Volveremos después de las elecciones». Es una oferta, no una amenaza.
Meses después implementamos de nuevo el puerta a puerta en unos bloques de viviendas de las empresas municipales de vivienda. Les van a subir el alquiler y queremos ofrecerles ayuda. Es diciembre, no hay elecciones a la vista. Se trata de crear comunidad. Nos juntamos ocho personas para llamar a unas 150 viviendas. La idea es informar de la subida del alquiler, de que esta subida se puede recurrir, y de paso preguntar por el estado de las viviendas y de los costes de calefacción (a veces ilegales). Ofrecemos la asesoría legal para inquilinas que tiene la oficina de Die Linke 200m más allá y además la App para chequear si los costes de calefacción son ilegales (hasta ahora a decenas de inquilinas en el barrio les han tenido que devolver 300€ los arrendadores). Varias personas comentan que se pasarán además por alguna de nuestras próximas acciones y quizás afiliarse. Objetivo cumplido.
¿Por qué el puerta a puerta funciona? Porque la gente quiere ser oída. De ahí lo importante de que la conversación sea aproximadamente un 70% la personas tras la puerta y un 30% las militantes. Porque humaniza a las personas que se involucran en política, que son vecinos y vecinas, y se rompe la distancia entre «la clase política» y la población. «Anda, pero si tú eres el de los carteles, qué bueno», le decía una vecina a un compañero de otro distrito de Berlín. Funciona, si además se ofrece la perspectiva de que los problemas no son individuales, sino colectivos, y se ofrecen herramientas de organización. «Este problema que tienes tú lo tiene la vecina del quinto piso, ¿habéis hablado de ello alguna vez?» le preguntábamos a una vecina de un bloque que se quejaba del moho en la casa y se sentía como Don Quijote contra los gigantes (la empresa municipal de vivienda).
Pero el puerta a puerta también funciona a la interna. La preparación requiere el contacto entre compañeras. Una hora antes de la acción siempre se hace en la sede una formación para gente que no haya estado nunca (además anunciada en redes sociales, por si quieren pasarse personas no afiliadas interesadas), y un briefing del tema del día y de la situación de los bloques a visitar. Además se hacen ensayos. Se trata además de mezclar parejas: mujer / hombre, persona mayor / persona joven, persona no migrante / persona migrante. Por el camino a las viviendas, las personas se preguntan sobre su vida, sus hobbies, su situación laboral, familiar, etc. Se hace piña, dicho coloquialmente. Al final de la acción se hace una reunión breve para contar las experiencias, tomarse un café y reunir los datos relevantes.
Pero además mantiene la tensión en la acción política y hace salir de la zona de confort. Este tipo de acción política no sustituye ni las asambleas ni los debates temáticos de reflexión y discusión, pero tiene varios efectos. Se discute con personas que van desde la simpatía hasta la antipatía (punto clave: nunca perder la calma, y en caso de ser insultado, simplemente irse tranquilamente y, en caso necesario, tomarse un respiro). Cuando discutimos entre militantes que nos encontramos día sí y día también, prácticamente sabemos las respuestas y argumentos de quienes nos rodean. En este caso se sale de la burbuja, se reciben preguntas para las que se tiene que pensar dos veces, o a veces decir «esto realmente no lo sé, pero si quiere me quedo con su contacto y le escribo». Se confronta ideológicamente desde la «Revolutionäre Freundlichkeit» o «amabilidad revolucionaria», es decir, yendo al fondo sin perder las formas amables. Se recibe información de primera mano de los problemas del barrio, hay gente que se afilia en las acciones, y hay gente que en la calle no habría cogido jamás un panfleto que, en este caso, cuando estás a dos metros de distancia, lo coge. El objetivo es subir en un grado la relación de confianza: de odio a antipatía, de antipatía a neutralidad, de neutralidad a simpatía, de simpatía a apoyo, de apoyo pasivo a apoyo activo y afiliación.
En cualquier caso, nadie tiene el bálsamo de fierabrás y usar el puerta a puerta no garantiza per se el éxito, pero sí es una herramienta que debería tenerse en cuenta. Los partidos políticos de izquierdas no tenemos el acceso tan sencillo a los medios de masas y además estamos penalizados por algoritmos creados por los magnates de la comunicación. En el caso de España, además, la tasa de afiliación es realmente baja en comparación no solo con Alemania, sino con países como Bélgica o Finlandia, donde la izquierda está en auge (diferencias ideológicas aparte). Siempre repetimos que falta movimiento en la calle, pero hay un problema mayor, que es que falta movimiento de las organizaciones consolidadas, que tienen a su vez un rol en la movilización de la calle.
Hay que recuperar la tensión interna en la acción política: las asambleas y la participación en manifestaciones ya se dan por descontado, se trata de volver a ganar presencia en la calle de forma regular, sea puerta a puerta, en estands, reparto de panfletos, tardes de ocio de fútbol y tomarse algo a la que se puedan venir familiares o amistades de la militancia. En definitiva, ganar actividad y presencia, tratar de recuperar afiliación y tensión interna, pero además convertir en atractiva y divertida la acción política, para que quien participe en una acción quiera volver.







