«Algunos no solo han mantenido, sino expresado, la funesta idea de que las mujeres no poseen la fuerza mental necesaria para la investigación científica […]. Los experimentos de la señora Foote ofrecen abundante evidencia de la capacidad de la mujer para investigar cualquier tema con originalidad y precisión».
Edición de septiembre de 1856 de Scientific American titulada Scientific Ladies
Probablemente gran parte de quienes leen estas columnas piensen que la ciencia del clima es muy reciente. Y es cierto, lo es. Aunque quizá no tan reciente como puedan pensar.
Si bien antes del siglo XIX no había muchos estudios sobre la evolución del clima en la historia, en 1824 el matemático Fourier postuló una primera propuesta sobre el efecto invernadero (aunque él nunca lo llamó así) al proponer que la atmósfera de la Tierra debía estar atrapando el calor solar y eso explicaría por qué el planeta es más caliente de lo esperado si contamos con su tamaño y distancia al Sol.
Fourier nunca lo comprobó experimentalmente. Y aunque durante años hemos estudiado a Tyndell y Arrhenius como los padres de la ciencia del clima y, concretamente, de la confirmación experimental del papel de determinados gases en el efecto invernadero, antes de ellos hubo una sufragista y apasionada científica que, con cuatro termómetros, dos cilindros de vidrio y una bomba de vacío, concluyó que «Si el aire se mezclara con una mayor proporción de CO2 que en el presente, el resultado sería un aumento de la temperatura ambiental».
Esta intuitiva mujer se llamaba Eunice Newton, nacida en Connecticut (EE.UU.) en 1819 y que vivió y desarrolló su carrera en Nueva York. Su familia facilitó una buena formación llevando a Eunice al Troy Female Seminary, donde pudo aprender sobre teoría científica, fundamentos de química y biología y conocer la obra de Almira Harte Lincoln Phelps, pionera científica y experta en botánica. No fue buena su formación, no obstante, en física experimental, a pesar de su interés en la materia (como veremos a continuación). Y no solo por la desigualdad de género que existía en el acceso a la formación sino porque, además, la física estadounidense no estaba desarrollada al nivel de la europea.
Junto a Stanton, Ann, M’Clintock y Post, preparó las actas de la Convención de Seneca Falls de 1848, que exigía derechos iguales entre hombres y mujeres, incluido el voto
Antes de despuntar en física experimental, Eunice y su esposo Elisha, con quien se había casado en 1841, se implicaron en la lucha por los derechos de la mujer, participando en la Convención de Seneca Falls de 1848, siendo miembro del comité editorial y firmando la Declaración de Sentimientos de la convención que exigía derechos iguales entre hombres y mujeres, incluido (qué menos) el derecho al voto. Nuestra pionera de hoy fue, junto a Stanton, Mary Ann y Elizabeth M’Clintock y Amy Post, quien preparó las actas de la convención.
Como señalaba al principio, somos muchas las generaciones que hemos estudiado el papel de J. Tyndall en el descubrimiento de que gases como el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua tienen un efecto de bloqueo de la radiación infrarroja y que, por tanto, son responsables del aumento de la temperatura por encima de lo que la predicción teórica marcaba. Estos gases son hoy conocidos como Gases de Efecto Invernadero (GEI). Todo esto fue descubierto en 1859. Sin embargo, tres años antes, en 1856, ya estaba Foote realizando sus experimentos: sencillo, elegante y eficaz.
Nuestra protagonista puso los dos termómetros en cada cilindro, extrajo el aire de uno y lo introdujo, comprimiéndolo, en el otro. Una vez que ambos tenían la misma temperatura, los expuso al sol para conocer la variación de temperatura en uno u otro caso. Realizó los distintos experimentos con dióxido de carbono, aire e hidrógeno. ¿Y qué concluyó, que ya hoy en día lo tenemos clarísimo? Pues que era el C02 el gas que más aumentaba la temperatura de los tres.
Y no solo eso, como señaló ella misma: “El recipiente que contenía este gas se calentó mucho más que los otros y tras retirarlo del sol tardó varias veces más tiempo en enfriarse”. Algo que hoy en día sabemos y ocupa y preocupa a la comunidad científica: que este aumento de la temperatura que estamos sufriendo, aunque mañana mismo pudiéramos eliminar absolutamente toda emisión de GEI, seguiría por décadas.
Estos resultados se presentaron una calurosa mañana de agosto de 1856 ante una numerosa representación de lo más granado en la ciencia estadounidense, en la Octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Este informe, Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays, no pudo ser presentado por la propia Foote sino por el profesor Joseph Henry quien inició dicha presentación con toda una declaración de intenciones: “La ciencia no es de ningún país y no tiene sexo. La esfera de la mujer abarca no sólo lo bello y lo útil, sino lo verdadero”.
Eunice, con esta presentación y una posterior en 1857, se convirtió en la primera y única mujer que presentó artículos en el campo de la física de EE.UU. hasta 1889.
Pero, entonces, ¿por qué no la conocemos, no se ha estudiado y hasta relativamente cuatro días nadie sabía quién era?
Pues porque, para sorpresa de nadie, quedó relegada al olvido hasta que fue “rescatada” definitivamente en 2020, después de varias menciones sobre su papel (y en general, el de las mujeres científicas) en la ciencia del siglo XIX que se iniciaron en la década de los ´70 pero que no consiguieron poner de manifiesto la magnitud de la obra de Foote. En 2011, un geólogo jubilado, Sorenson, publicó un primer artículo sobre su papel en la ciencia del clima. En 2019, cuando se cumplían 200 años de su nacimiento, ya estaba en numerosos artículos.
Y es en ese mismo año, 2019, cuando los trabajos de distintos científicos que quisieron validar la importancia de Foote, entre los que destaca el de Roland Jackson, confirman que los experimentos de Eunice llegan a la conclusión sobre el papel del CO2 y el vapor de agua en la absorción de calor en la atmósfera tres años antes que los Tyndall. Asimismo, su predicción de que esto podría llevar a un cambio climático fue enunciada 5 años antes que Tyndall.
Eunice Newton Foote murió en 1888, teniendo en su haber la patente de distintas invenciones, no todas ellas reconocidas.








