Opinión

Otra vez a vueltas con Irán

Mientras el pueblo iraní se levanta una vez más contra una teocracia que está empobreciendo y reprimiendo brutalmente a las clases populares, EE.UU. y la dinastía Pahlavi tratan de capitalizarlo.
Solidaridad en Australia (septiembre 2022) con las protestas en Irán tras el asesinato de Masha Amini | Fuente: Matt Hrkac / CC BY 2.0
Solidaridad en Australia (septiembre 2022) con las protestas en Irán tras el asesinato de Masha Amini | Fuente: Matt Hrkac / CC BY 2.0

Una vez más el pueblo iraní ha estallado contra el régimen teocrático liderado por Alí Hoseiní Jamenei, el líder supremo de la República Islámica de Irán. El motivo ha sido una vez económico: alta inflación, devaluación del rial, pérdida de poder adquisitivo, unidos a una sequía extrema no vivida en décadas con temperaturas por encima de 50° y una disminución de la lluvia de hasta el 90% en algunas regiones, hasta el punto de que el presidente Masoud Pezeshkian planteó el pasado otoño la posibilidad de evacuar la capital del país, Teherán (de más de 15 millones de habitantes) ante la falta de recursos hídricos.

Las protestas en Irán son cada vez más frecuentes y, generalmente, sus estallidos son de origen económico. Recientemente, entre diciembre de 2017 y enero de 2018, en medio del descontento por la situación económica y política; en 2019-2020 las protestas se extendieron durante varios meses, después de que el gobierno anunciara la subida del precio de los combustibles en un 200%; en verano de 2021 la crisis ecológica, la escasez de agua y el corte de los suministros eléctricos incendió de nuevo las calles, de nuevo apuntando a la crisis económica y al descontento político. Estas protestas se extendieron durante meses, incluido el verano de 2022, con las manifestaciones masivas por la subida de precios de la comida, incluyendo el pan y la pasta. Esta oleada fue el prólogo a la revuelta feminista iniciada tras el asesinato de Mahsa Amini (Jina Amini en kurdo), que hizo conocido al mundo el lema de «mujeres, vida, libertad» (zan zendegi āzādi en persa, jin jyān, azadi en kurdo), y que se extendió durante meses hasta ya entrado el 2023. En primavera de 2025, poco antes de los ataques israelíes contra Irán, se había extendido una huelga de camioneros por motivos económicos, que se había convertido en la más larga en muchos años, iniciada la ciudad portuaria de Bandar Abbas, poco después de la explosión por negligencia en el puerto de Shahid Rajaee el 26 de abril, que causó decenas de víctimas y se comparó con la ocurrida en el puerto de Beirut en 2020.

En general, las protestas tienen un patrón común, que es el descontento por el empobrecimiento de las clases populares, unido al descontento con un sistema político anclado en la corrupción y la represión. Estas protestas suelen ser estallidos relativamente espontáneos y desorganizados, que suelen acabar con entre decenas y centenares de muertos en las ciudades iraníes. A su vez, cada oleada de protestas es la oportunidad que se busca desde fuera del país, sea por la dinastía Pahlavi o por el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (NCRI en sus siglas en inglés) de Maryam Rajavi (y que está detrás de la financiación a VOX), en ambos casos para retomar el control del país; sea por Estados Unidos e Israel y sus intereses regionales.

El régimen teocrático de los ayatolás es un régimen que tiene los días contados. No satisface las necesidades económicas de la población, y tanto desde la esfera política como desde la religiosa pierde sostenidamente apoyos entre la población. Sin embargo, aunque las protestas tienen causas evidentes y algunos objetivos claros como acabar con el régimen teocrático, en caso de conseguir tales objetivos el futuro es totalmente incierto.

En primer lugar, no hay una oposición interna organizada. Las décadas de represión han desmantelado cualquier intento de organización por parte de la oposición de izquierdas y progresista. Así como en la revolución de 1979 que acabó con la dictadura del Shah Mohammad Reza Pahlaví, había diferentes grupos organizados como los liberales constitucionalistas y los grupos marxistas (como el partido comunista Tudeh) que se aliaron con los clérigos, actualmente no existe tal organización. Cabe recordar que en la segunda mitad de 1988 varios miles de militantes marxistas fueron asesinados (marxistas islámicos, comunistas y diferentes militantes ateos y no chiíes).

En segundo lugar, la diversidad de intereses en la oposición. Actualmente, estamos viviendo la cada vez mayor presencia del heredero al trono de la dinastía Pahalví, Reza Pahlaví, y el apoyo que se le da desde el NCRI y EE.UU. De este modo, podría parecer que la diáspora y el objetivo de estas protestas están alineados con una vuelta a la monarquía en Irán. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En las protestas tras el asesinato de Mahsa Amini se plasmó precisamente la diversidad de intereses de la oposición al régimen teocrático. En la diáspora, Hamed Esmaeilion, presidente de la asociación de víctimas del vuelo PS752 de las Aerolíneas Internacionales Ucranianas, estuvo detrás de la organización de las manifestaciones masivas en ciudades como Toronto y Berlín. Aunque Esmaeilion, abiertamente republicano, se unió a la coalición Alianza por la Libertad y la Democracia con los monárquicos, esta alianza se rompió meses después, denunciando que estos no tenían ningún interés en seguir la Carta de Mahsa, aprobada previamente, por una república secular y democrática. Igualmente, en Berlín, decenas de miles de personas se juntaron bajo banderas monárquicas, a la vez que volaban panfletos lanzados fundamentalmente por organizaciones juveniles progresistas bajo el lema «ni reyes ni ayatolás». Una de las mayores críticas hacia el NCRI y los Pahlaví es su distanciamiento de la realidad social tanto dentro de Irán, como de la diáspora que ha emigrado recientemente y no en 1979 y la década de los 80.

Finalmente, las injerencias extranjeras en cualquier protesta en Irán. Es evidente que Estados Unidos e Israel tienen interés en un cambio de régimen en Irán. La injerencia estadounidense no es nueva. Desde el golpe de la CIA y el MI6 en 1953 para deponer a Mohammed Mosaddeq, cuando este quiso nacionalizar el petróleo y desposeerlo de manos británicas y estadounidenses, hasta el apoyo técnico y armamentístico a Sadam Huseín durante la Guerra Irán-Iraq (1980-1988), el bloqueo económico sobre Irán, el asesinato de líderes iraníes y las amenazas constantes de intervención de la mano de Israel.

En esta situación muchos se preguntarán qué posición tomar ante esta encrucijada. El partido comunista de Irán Tudeh apoya desde hace años los diferentes levantamientos populares que se han sucedido en Irán. Acabar con el régimen teocrático se convierte en una prioridad, a la vez que se denuncia la injerencia extranjera. Es el pueblo iraní el que tiene que decidir sobre su futuro y muy especialmente quienes se están levantando contra el régimen, y no desde los despachos en Estados Unidos tanto en la Casa Blanca como en los de la diáspora monárquica. Tenemos que estar incondicionalmente del lado de la clase trabajadora iraní y de las protestas por los derechos civiles, democráticos y humanos, denunciar la represión brutal (que probablemente esté costando a estas horas centenares de vidas, según las noticias que llegan a pesar del bloqueo de internet por parte del régimen), así como denunciar los intereses imperialistas que se ciernen sobre el país. Hay que salir de la lógica de que el enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo, y no pregonar con tono paternalista y condescendiente occidental cuál es el camino que el pueblo de Irán, con larga tradición democrática, constitucionalista y marxista, decide tomar. Callar, relativizar o desviar el foco de los objetivos de las protestas solamente legitima y normaliza a un régimen represor que aniquiló a la oposición marxista en los años 80, que sigue reprimiendo cualquier organización de izquierdas que intenta organizarse en Irán y que mantiene duramente oprimidas a las mujeres. Por eso, lo mejor que podemos hacer es dar voz a referentes de la izquierda iraní que piden que contemos lo que está pasando en el país entre el Caspio y el Golfo Pérsico, porque si no lo hacemos, lo harán otros grupos de interés que impondrán otra narrativa.

(*) IU Berlín / Instituto de Estudios de Irán de la Universidad Libre de Berlín

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