Las hogueras de El Pertús

Cómic monumental, muy ambicioso y completo, basado en los testimonios de personas que vivieron directamente como presos y presas los campos de concentración.
Cómic: "Las hogueras de El Pertús"

«Las hogueras de El Pertús». Alberto Vázquez García (guion y dibujo). 360 páginas, 248 con viñetas, el resto dedicadas al contexto histórico (fotografías, documentos, textos y prensa de la época), portada de Álvaro de Orriols Lletget. Autoeditado en el modelo crowdfunding por Verkami, julio 2024. Peso: 1.770 gramos.

Alberto Vázquez García (Mieres, Asturias, 1973). Muralista, cartelista de ONGs, ilustrador en La Nueva España y el diario Digital Asturnews; además ha trabajado en 4 documentales.  Como autor de cómics atesora una gran experiencia en el género del cómic histórico-memorialista, siendo autor de Los llazos coloraos (Un trabajo en el que a través de Tina y Anita conocemos las luchas contra el franquismo en las cuencas mineras, y IX Premio Alfonso Iglesias de Cómic en Lengua Asturiana), El sol na escombrera (Memorias del niño de la guerra José Fernández Sánchez Vázquez, y XII Premio Alfonso Iglesias), y Las hogueras de el Pertús.

Este es un cómic monumental, muy ambicioso y completo, basado en los testimonios de personas que vivieron directamente ese periodo porque estuvieron presos y presas en esos campos de concentración. Alberto Vázquez se limita a recoger las partes de su testimonio más adecuadas para una mejor comprensión del texto y a ponerles imagen a través de sus impactantes viñetas. Para ello divide el cómic en una Introducción, 17 capítulos y un Epílogo.

La introducción es extensa ya que consta de 26 páginas, y se abre con dos páginas muy potentes que dejan clara la intención de esta obra. En la primera se incluye un extracto de un poema de León Felipe, una foto de la columna de exiliados/as y un reconocimiento hacia las Brigadas Internacionales; en la 2ª página vemos la portada del diario Ahora, en la que aparece la fotografía de un joven de 15 años, un miliciano al que los italianos han asesinado a sus padres, y que emprende una marcha de dos meses que le llevará desde Salamanca hasta Madrid para unirse a la lucha contra el fascismo. ¡Toda una declaración de intenciones!

Después viene una potente reflexión del propio autor sobre el contexto histórico de este masivo éxodo, con ideas tan interesantes como, entre otras, que el uso del término “guerra civil” no es el adecuado, porque adoptar ese término es asumir el lenguaje y discurso de los vencedores, ya que dicho término conviene a Franco y los países firmantes del Pacto de No Intervención; que hay que hablar de una Guerra de Liberación frente a potencias extranjeras (alemanes, italianos y portugueses).

Que los refugiados españoles no cruzaron la frontera confiando en Francia, porque ya habían visto su papel en el alumbramiento del Pacto de No Intervención. Que Francia empezó reconociendo que encerraba a los refugiados en Campos de Concentración, para después ocultar y dulcificar esa realidad, adoptando el nuevo término de Campos de Internamiento. Que la única manera de devolver a las víctimas una parte pequeña de su honor y sacrificio, es la vuelta de la República. Que lo natural es la transmisión de las experiencias en cualquier civilización o cultura, y que si acaso hay que exigir las razones de su aptitud a quienes cultivan el olvido y la desmemoria, para finalizar afirmando que una cosa fue la actitud del Gobierno francés y otra la solidaridad del pueblo de Francia y sus organizaciones hacia los exilados. 

A continuación el autor introduce varias páginas con opiniones de Ángel Viñas (historiador), Manuel Azaña (Presidente de la II República), Gabriel Jackson (historiador americano), Raimon San Geroteo (hijo de exiliados y autor de 3 libros), Enrique Moradiellos (historiador), Santos Martínez Saura (secretario de Azaña), Julio Álvarez del Bayo (Ministro de la II República), Pablo Azcárate (Embajador de la II República en Londres), David Jorge (historiador), José Giral (Ministro de AA.EE. de la II República), Claude G. Bowers (Embajador de EE.UU. en España). Por último, y para una perfecta contextualización de la historia, vemos fotografías, mapas, recortes de prensa, incluidas dos páginas del diario de extrema derecha Gringoire, que publicaba sobre todo ilustraciones sensacionalistas y faltonas hacia los refugiados españoles.

El primer capítulo corresponde al diario escrito por Álvaro de Orriols i Lletget, que da título a este cómic. Álvaro de Orriols fue un intelectual catalán polifacético, dramaturgo, músico, poeta, dibujante y escultor. Su diario comienza el 23 de enero de 1939, en Barcelona, a punto de entrar las tropas franquistas, una ciudad en la que no se combate, pero que se la bombardea constantemente. Ante su caída inminente la gente huye a la desesperada, sin comida y con los pocos enseres que pueden transportar, se calcula en 500.000 personas las que llegan a Francia huyendo del empuje del ejército franquista; incluso el propio autor tiene que abandonar todo su trabajo literario. Describe un ambiente de desesperación, caos y angustia, con continuos bombardeos de los fascistas, con familias que se van rompiendo en la huida. Cuando se van acercando a la frontera francesa descubren el origen del resplandor que ven a lo lejos; son pequeños fuegos a ambos lados de la frontera, las hogueras de el Perthús, que Álvaro de Orriols describe como “las últimas antorchas de nuestra libertad”. Tanto Álvaro de Orriols como Alberto Vázquez transmiten perfectamente el ambiente que se vivía en esos momentos, su alcance y dramatismo, pero personalmente destacaría el momento en que el ejército republicano derrotado pasa delante de la columna de exiliados, al que Álvaro dedica estas bellas palabras: “Y por fin, como broche dramático del desfile infinito, el paso interminable de nuestras tropas de derrota. Pasan serios y dignos, sin altivez ridícula ni vergonzosa timidez. Lucharon como bravos y hubieron de perder, porque en el juego de la guerra no siempre ganan los valientes ni vence siempre la razón. Son ellos los que han hecho la historia de esta lucha gloriosa del pequeño David contra Goliat. Pero esta vez Goliat no ha combatido solo; se traía con él tropas extranjeras. Y es por eso que la tremebunda espada del gigante ha podido aplastar al pequeño Goliat”. El diario finaliza el 7 de mayo.

A este primer capítulo, el que da título al cómic, que con 76 páginas es el más extenso de todos, le siguen otros 16 capítulos más, con una extensión que va de las 32 a las 4 páginas. Todos ellos se corresponden con las memorias de sus protagonistas, testigos directos de lo que fue la derrota republicana, y especialmente de lo que supuso la huida de la población civil y del ejército republicano a Francia y las condiciones de su confinamiento en los campos de concentración; además, 6 mujeres son las narradoras del testimonio que aparece en 7 capítulos, ya que la que fue Ministra de Sanidad, Federica Montseny, participa en dos de ellos; uno para explicar en qué condiciones sanitarias se encontraban los campos de concentración franceses y, el último, para narrar la lucha de las mujeres del campo de Argelès-sur-Mer en contra del traslado de los miembros de las Brigadas Internacionales a campos de concentración del norte de África.

Todos los testimonios narran unas condiciones terribles para los refugiados y refugiadas. Primero porque tuvieron que huir precipitadamente, llevando los pocos enseres que a mano podían transportar, y que a lo largo del viaje iban abandonando porque ralentizaba su marcha, porque eran bombardeados por la aviación fascista, causando una gran mortandad; la huida supuso también hambre, desesperación, caos y angustia.

Pero una vez pasada la frontera, por parte de las autoridades francesas, que según testimonio de Federica Montseny y Josep Pujol Grua sólo estaban preparadas para acoger a 6.000 exiliados/as, y no la avalancha humana con la que se encontraron, el trato no mejoró en absoluto ya que los exiliados/as fueron en su mayor parte encerrados en playas, sin ningún sitio donde refugiarse, sin las mínimas condiciones higiénicas, bebiendo agua del mar filtrada por la propia arena, viviendo al aire libre y durmiendo en agujeros cavados en la arena, sin comida, y en muchos casos sufriendo un trato vejatorio y cruel, separando a las familias con el fin de debilitarles la moral y que aceptasen regresar a España, prohibiendo la comunicación entre los presos y presas, e incluso no aceptando la ayuda que les llegaba de la propia sociedad francesa o las autoridades republicanas españolas. Se dio el caso de que las autoridades francesas llegaron a prohibir la ayuda que enviaba el sindicato CGT por parecerle propaganda comunista. Además, a los que protestaban los encerraban en prisiones donde el trato y las condiciones eran todavía peores; asimismo, a los exiliados/as de ideología comunista y anarquista los encerraban también, facilitando así comportamientos insolidarios y delatores. Varios testimonios coinciden en resaltar lo incomprensible y decepcionante que era para los exiliados/as españoles el trato que recibían del Gobierno francés, patria de la libertad y los derechos humanos.

Hay que decir que poco a poco la situación fue mejorando, pero sin llegar a ser un trato digno acorde con las leyes humanitarias. Además, la situación de los exiliados/as fue cambiando en la medida en que cambiaban las necesidades del gobierno francés como consecuencia de su guerra con Alemania. Al principio la situación se correspondía con lo que se acaba de describir, pero cuando Alemania invade Francia se necesita mano de obra y soldados, entonces las condiciones mejoraron, para una vez derrotada Francia por los nazis, se vuelve a la situación anterior, solo que esta vez muchos de los campos de concentración estaban controlados por los nazis. Tal es así que en el capítulo titulado El valle de los lobos, se describe cómo los españoles del Campo de La Combe y del Campo de Les Alliers son enviados, dos años antes de las masivas deportaciones de judíos, al Campo de Mauthausen, en un hecho histórico conocido como El convoy de los 927, del que hay un cómic que habla de ello.

El cómic, que está muy bien documentado, narra multitud de hechos históricos y proporciona infinidad de datos; no es objeto de este trabajo describirlos todos, sino animaros a que lo leáis y lo conozcáis. Solo destacar unas pocas de cosas que me han llamado más la atención, por lo que me atrevo a destacarlas.

Por ejemplo, el capítulo de Agustí Cenelles i Ossó, que fue le fotógrafo más famoso de los que cubrieron la Guerra Civil española. El capítulo de Juan Rejano, formado por el conjunto de poemas de Juan, poemas tristes que nos hablan de la dureza del exilio, el sentimiento de soledad, la muerte, y que sirven para ilustrar perfectamente el sentimiento general de los exiliados y exiliadas. El capítulo de Celso Amieva, que fue el primer director de la Unitarian Service Committe (Iglesia Unitaria), destinada a acoger niños españoles enfermos o huérfanos; una experiencia de solidaridad internacional impulsada por la Iglesia Unitaria, antiguos brigadistas, y simpatizantes de la República española, que  fue ahogada por la persecución macarthysta y por la Operación Bolero-Paprika a principios de los 50. La entrevista que Federica Montseny hace al médico anarquista Josep Pujol Grua, en el que de una manera más científica nos describe el estado de los campos de concentración desde el punto de vista sanitario, así como del estado del raquítico servicio sanitario de los campos. O siguiendo con el tema sanitario, el capítulo de Remedios Oliva Berenguer, que nos explica la fundación de la Maternidad de Elne por parte de Elisabeth Eidenbenz, enfermera que ya había participado en la Guerra Civil española, maternidad cerrada por los nazis en 1944 y en la que nacieron 597 niños y niñas, 400 españoles.

También, tal y como hemos mencionado un poco más arriba, la rebelión que las mujeres del Campo de Argelès hicieron para evitar que los miembros de las Brigadas Internacionales fueran trasladados a campos en el norte de África ante la sospecha de que fueran asesinados impunemente, hecho descrito en la entrevista que Federica Montseny hace a Julián Antonio Ramírez. O que conozcamos que el Batallón de Enrique Líster fue el último en custodiar el Tesoro Nacional en el Castillo de Figueres; este batallón fue encerrado en el Campo de Argelès, y corrió el rumor de que habían sustraído del mismo unos cuantos lingotes de oro que habían enterrado en la arena; el rumor corrió como la pólvora y varias veces los gendarmes pusieron patas arriba el Campo en busca de esos lingotes, e incluso  que hasta 10 años más tarde, y una vez cerrado el Campo,  todavía se veían personas buscando esos lingotes. Asistimos atónitos a la división institucional de ayuda a los refugiados españoles, que frente a la histórica SERE del gobierno republicano, Indalecio Prieto y el PSOE forma el JARE, que él mismo preside; pero con esa división la influencia de las organizaciones de apoyo a los refugiados/as se debilita y ninguna de las dos es capaz de trasladarlos a México. O los escritos de Chaves Nogales, Arthur Koestler y Max Aub, detenido por comunista, aunque él es militante socialista, artículos muy representativos y esclarecedores.

También es de destacar la diferencia en el trato que se dio con refugiados vascos y catalanes. Quién mejor lo expresa es el doctor Josep Pujol Grua, por lo que cito literalmente sus palabras: “Como detalle curioso, merece la pena de consignarse el hecho de que, ya en Argelès, los vascos fueron colocados en un campo aparte. Fueron los primeros en tener barracas, disponiendo de todo lo necesario. Contaban con dinero y con influencias. Casi todos comulgaban fervorosamente y celebraban misas de campaña. Hacia ellos se proyectó la protección de toda la gente católica y eran constantemente visitados y atendidos por damas y curas. Algo parecido ocurrió en el campo de Agde, donde la Generalitat de Catalunya estableció, protegió y financió un campo de catalanes. No censuro estos hechos; los señalo como características espaciales dignas de destacarse”, que choca, por ejemplo, con la persecución y criminalización de los y las militantes comunistas y los miembros de las Brigadas Internacionales, a los que incluso se les niega el tener platos, cubiertos, mesa, jabón y demás objetos cotidianos, por lo que deben de comportarse como las bestias.

A los refugiados y refugiadas, para debilitar su capacidad de resistencia se les ofrecieron tres alternativas: regresar a la España franquista, llegando incluso a permitir la visita de delegaciones franquistas para que les convenciesen, enrolarse voluntariamente en la Legión Extranjera, o enrolarse en las Compañías de Trabajadores Extranjeros; se les prohibió organizarse y hablar de política, incluso tener libros. No obstante, el control de los gendarmes no impidió que los presos y presas crearan pequeñas universidades populares, con hasta 25 facultades, organizar multitud de actividades culturales y, organizarse políticamente según su adscripción ideológica e incluso tener órganos de dirección y hasta enlaces con los presos y presas de otros campos, en un ejemplo de conciencia y disciplina; aunque no faltaron ni las traiciones ni los enfrentamientos entre las diferentes culturas políticas, o las divisiones internas. Todas estas circunstancias aparecen muy bien descritas en este monumental trabajo.

El epílogo como broche final a este cómic no tiene desperdicio. Contiene los dibujos realizados por el pintor Antonio Rodríguez Luna para los textos del escritor Javier Farias, publicados en 1944 por el periódico argentino Correo Literario; la frivolidad con la que el paso del tiempo trata lugares que fueron Campos de Concentración, y como esa circunstancia fue silenciada por las autoridades. Conocemos la banda sonora de este cómic y dos ejemplos históricos de como el cómic ha tratado el tema de los refugiados españoles. Para terminar con dos antecedentes a este cómic del propio Alberto Vázquez que nos hablan de la lucha contra el nazismo de los españoles, pudiendo apreciar la evolución de su dibujo. Como final, emotivo recordatorio para 4 personas colaboradoras con este cómic.

Con respecto a la parte técnica hay que decir que el dibujo tiene un trazo limpio y sencillo a la hora de dibujar las caras de los protagonistas, a los que muestra siempre serios; sin embargo sus cuerpos y los objetos y detalles que componen la primera línea de las escenas están dibujados con un trazo más denso y enérgico, de forma que en una viñeta tenemos un primer plano con él o los protagonistas, normalmente con un trazado suave y claro, y un fondo desenfocado, más difuso y sin ese nivel de detalle. Los colores empleados son colores oscuros, que sirven para aportar dramatismo a las escenas; a destacar, por su belleza, los colores hechos a acuarela de algunas viñetas, de las que destacan aquella hechas a página completa. La edición en rústica con solapas, muy buena y cuidada, con un papel satinado de gran calidad, aunque con el hándicap del peso, que dificulta algo su manejo para la lectura.

Las viñetas no tienen la estructura tradicional de un dibujo y sus bocadillos correspondientes. En este cómic lo que se describe es el testimonio o las memorias de las personas protagonistas, por lo que el texto juega un papel fundamental; un texto muy extenso y en muchos casos con alto valor literario y preciosas expresiones, impropio de cómics convencionales, pero que es necesario para la comprensión de lo que realmente pasó y lo que sintieron sus protagonistas, que además se complementa bellamente con los dibujos de Alberto, a modo de ilustraciones.

Si queremos conocer lo que significó el éxodo de refugiados que atravesaron la frontera por Cataluña, este cómic aporta una información valiosísima, y además muy bellamente ilustrada; a su vez, el propio autor nos anima a profundizar en dicha información y conocerla directamente, citando las fuentes correspondientes.

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