Las flores de Rosa Luxemburgo

Rosa fue una naturalista entusiasta, con vocación científica, que disfrutaba con la naturaleza y, muy especialmente, con las plantas. Elaboró un minucioso y poético herbario en 18 cuadernos.
Herbario Rosa Luxemburgo

“Ay, ríase de esto. En mi tumba, como en mi vida, no habrá grandes frases. En mi lápida solo deberá decir dos sílabas «zwi-zwi», porque es el llamado del pájaro carbonero, que imito tan bien que vienen hacia mí sin titubear”. (Extraído de “Vivo más feliz en la tormenta. Cartas a amigas y compañeras”. Selección de cartas de Rosa Luxemburgo)

Creo que, en un espacio como Mundo Obrero, poca presentación necesita Rosa Luxemburgo, una de las figuras más reconocidas dentro del socialismo del siglo XX. Además de su incansable labor por la defensa de la justicia social, la emancipación de las mujeres y, muy especialmente, en contra de las guerras imperialistas y por la paz, también es bien conocida por sus encontronazos y críticas a la revolución de octubre.

En cualquier caso, aquí venimos a hablar de ciencia. Y es que Rosa fue una naturalista entusiasta que disfrutaba con la naturaleza, los pájaros, los insectos, los paseos de observación activa por los jardines y, muy especialmente, disfrutaba con las plantas.

Para quien haya leído muchas de las cartas que están publicadas de nuestra protagonista, esto no resultará novedoso. En ellas habla no solo de su arrebatado amor por Mimi, su gata, sino también de gorriones, de perros, de la tristeza que le produce el maltrato a los búfalos, de flores y de semillas o de esa “cochinilla roja con dos puntos negros pequeños en el lomo, a la que mantengo viva desde hace una semana en una rama, en un vendaje de guata tibia contra la brisa y el frío”.

La pasión por conocer la naturaleza y la defensa de la vida más allá de los seres humanos será algo patente en Rosa: muy evidente en privado y algo menos en público.

Es conocido que Luxemburgo tuvo que huir a Suiza para evitar su detención y que allí asistió a la Universidad de Zúrich para estudiar Filosofía, Historia, Economía y algunas otras materias. Lo que quizá no sea tan conocido es que también estudió Zoología, Matemáticas y Botánica, aunque su compañero Leo Jogiches la incitó a seguir estudiando disciplinas más útiles a la causa revolucionaria.

Estudió mucho, escribió mucho y se empleó a fondo en la calle para levantar a las masas y hacer llegar el más claro discurso antibelicista del momento. Pero siguió fascinándose por las plantas y las nubes y los gorriones. Y desde 1913 inició un precioso y amplio Herbario que siguió nutriendo durante sus estancias en las distintas cárceles por las que pasó.

Todo comenzó con una hoja de grosellero

La pasión que le puso al estudio de la botánica se concretó, como decíamos, en una amplio Herbario que ha llegado hasta nuestros días. A lo largo de dieciocho cuadernos Rosa recogió flores de distintos tamaños, de sitios por los que pasaba, de su jardín, de la cárcel y otras que recibía de sus amigos en la cárcel. Y hojas y frutos de distintos árboles.

Detrás de este trabajo minucioso de compilación de plantas había una fuerte vocación científica que la llevó a clasificar con los nombres en latín y en alemán, recoger fechas de floración y algunos otros datos de interés. Pero sin abandonar también su fuerte vocación poética, recogía descripciones de las fragancias, dibujaba esquemas o señalaba a quién recordaba esta o aquella muestra vegetal.

No es menor decir que estos cuadernos como oda a la biodiversidad deberían ser reconocidos también como parte de su obra intelectual.

No es menor decir que estos cuadernos como oda a la biodiversidad deberían ser reconocidos también como parte de su obra intelectual. No sé si, como señala Isabel Loureiro, la marxista polaca puede ser caracterizada como una precursora del ecosocialismo, pero sin duda tenía una fuerte sensibilidad naturalista que es difícil obviar. Y una fuerte intuición de cómo todo está imbricado cuando relaciona la “desaparición de las aves cantoras a consecuencia de la racionalización cada vez mayor de los cultivos” con “la desaparición de los Pieles Rojas en Norteamérica, a quienes se ha expulsado de sus tierras”.

Este Herbario no es solo una magnífica obra que nos aproxima a otra Rosa Luxemburgo sino que, además, durante un momento pareció clave para recuperar a la propia Rosa. Y me explico:

Como es conocido, en 1919 fueron detenidos Karl Liebknecht y Rosa, interrogados, torturados, asesinados y arrojados al Landwehrkanal (un canal que discurre por Berlín) por las milicias paramilitares y anticomunistas del Freikorps.

Meses después se localizó un cadáver que se pensó podría ser el de nuestra protagonista y fue enterrado hasta que, en 1935, unos seguidores nazis profanaron la tumba y se llevaron los restos. 

Hace unos años se descubrió en la colección anatómica de un hospital de Berlín un cadáver no identificado que, con matices, tenía algunas características similares con la revolucionaria y generó enormes expectativas de poder, por fin, encontrar el cuerpo de Rosa.

Por parte de unos investigadores se defendió que podían probar que este cuerpo era el de la cofundadora del Partido Comunista Alemán y que, para ello, resultaba clave el ADN extraído de la saliva que podía encontrarse en el Herbario.

Finalmente este cuerpo reencontrado fue enterrado discretamente por trabajadores del cementerio de San Miguel, en Berlín, noventa y un años después de su asesinato. Hecho que no ha dejado de ser polémico porque, a pesar de los esfuerzos, no pudo quedar probado que realmente fuera ella.

Pero no me digan que no habría sido toda una lección de justicia poética que el mismo herbario que confeccionó con esmero y afán científico pudiera traer de vuelta su cuerpo. 

Raúl Rodríguez Freire, en la cuidada presentación del Herbario de Rosa Luxemburgo Herborizar la política, politizar el herbario acaba con una preciosa conclusión que hago mía también:

“Su herbario guarda, por tanto, una importante lección para los tiempos que corren: la revolución no solo se trama en discursos y barricadas, también en el cuidado paciente de un fragmento de naturaleza.”

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