Subía la escalinata con los ojos fijos en el cuadro que anuncia la exposición de Maruja Mallo Máscaras y Compás que se puede ver en el Museo Reina Sofía de Madrid: el cuadro es “Verbena”, una eclosión de formas y colores y una combinación perfecta de arte popular y realismo mágico que nos invita, desde la fachada del Museo, a conocer la obra de una de las artistas más importantes del siglo XX; no me extraña que Ortega y Gasset quedara impresionado por los dibujos de la joven artista que colaboraba en la revista que él dirigía y que organizara, para ella, la primera y única exposición de cuadros que tuvo lugar en los salones de la Revista de Occidente, en el año 1928. Desde luego, la exposición que se puede ver en Madrid estos días no defrauda en ninguna de sus expresiones: cuadros, fotografías, cerámica, textos sobre su obra y escenografías para teatro, con el interés añadido de una entrevista a la pintora en la que habla de su obra, de su vida, de sus viajes —exposiciones, conferencias…—, de la España donde se daban cita las corrientes literarias y artísticas europeas en los años veinte y treinta; de su compromiso político y su defensa de la República, el golpe de Estado de Franco, el exilio y la vuelta a España; en la que expresa su concepción del artista como intelectual que vive las contradicciones de su tiempo y del arte como un camino para la trascendencia y para la armonía entre los seres humanos y la naturaleza.
Maruja Mallo nació en Viveiro (Lugo) y vivió una vida intensa casi durante todo el siglo XX. Comenzó su formación artística siendo adolescente; estudió más tarde, hasta los 24 años, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde conoció a otras mujeres escritoras y artistas con las que frecuentaba el Lyceum Club Femenino; se incorporó a la Escuela de Vallecas, pintó la serie “Cloacas y Campanarios” y, en el año 1932, se fue a París, donde conoció a los pintores Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico y a los poetas André Breton y Paul Éluard, que admiraron sus cuadros; cuando expuso en la Galería Pierre de París, Breton se reservó la compra de su cuadro “Espantapájaros”, pintada en 1929, una de las pinturas más representativas del surrealismo. En una etapa posterior, destaca el orden geométrico e interno de la naturaleza, como podemos ver en su cuadro “Sorpresa de trigo” —inspirado en la manifestación del Primero de Mayo de 1936— y en otros más, en los que utiliza las distintas tonalidades del oro y la plata para pintar los frutos de la tierra y del mar. Después, la Guerra Civil, el exilio en Argentina, su estancia en Nueva York, los viajes por Europa y América, conferencias y exposiciones, amigos de un lado y otro del Atlántico y su vuelta a España en 1962.
Maruja Mallo es una de las mujeres de la Generación del 27 que participaron del ambiente intelectual y político de las primeras décadas del siglo XX, las tertulias y los debates, los libros y las revistas, la alegría de la proclamación de la República y el afán por hacer de España un país moderno; mujeres transgresoras y magníficas, relegadas durante décadas a los márgenes de la historia y que, afortunadamente y gracias al impulso de la crítica feminista, son cada vez más conocidas y admiradas. Mujeres como Maruja Mallo, que hablan en sus cuadros de la vida y de la muerte, con una mirada abierta a la Antigüedad y al futuro, en la que cabe toda la pasión y toda la belleza.








