Reflexionar en torno a la obra de Armand Mattelart y sus gigantescas aportaciones a la investigación de la comunicación no se puede hacer sin pensar en la persona, un ser humano cálido y cercano, siempre dispuesto a compartir conocimientos y seguir meditando sobre la sociedad que nos rodea y el mundo que queremos construir.
Mi primer contacto con Mattelart fue a través del papel, estudiando su trabajo seminal Para leer al Pato Donald (escrito con Dorfman) y varias reflexiones planteadas a través de entrevistas publicadas en revistas académicas y después sus libros vinculados a teorías de la comunicación (Pensar los medios, Historia de las teorías de la comunicación ─ambos con Michèle─) y la sociedad de la información (Historia de la sociedad de la información, La mundialización de la comunicación). Entonces preparaba mi tesis de doctorado, que defendí en 2001.
A Armand, la persona, la conocí en 2004, y lo atestigua la dedicatoria del ejemplar de una de sus obras. Desde entonces coincidí con él en muchos congresos, vinculados la mayoría de ellos a la Unión Latina de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC), celebrados en España o fuera de ella (Sevilla, Madrid, La Habana) y presentaciones de libros realizadas de la mano de ULEPICC en Madrid. La última de ellas fue en 2019, donde tuve el honor de ser integrante de la mesa de debate de la presentación de Comunicación y lucha de clases, un volumen en inglés que editó Armand Mattelart junto a Seth Siegelaub en 1979, y que se tradujo al español de la mano de CIESPAL bajo la dirección editorial de Francisco Sierra en 2017.
Esta recopilación de textos (de Marx y Gramsci pasando por Lenin y llegando a Bourdieu, Smythe y Schiller entre muchos otros, incluidos los Mattelart) representa lo que ha supuesto Armand para la investigación en comunicación; su labor incansable de poner en relación pasado y presente de la Economía Política de la Comunicación tejiendo redes de colaboración a los dos lados del Atlántico, dándole consistencia teórica y continuidad al mismo tiempo que se comprometía con ideas y personas por igual.
No puede entenderse a Armand sin su compañera Michèle, una de las pioneras en incorporar la perspectiva de género al estudio de la teoría crítica de la comunicación
Tampoco puede entenderse a Armand sin Michèle. Su existencia compartida se ha extendido durante más de sesenta años, y sus contribuciones no pueden concebirse sin la simbiosis personal e intelectual que los ha caracterizado, en una coherencia de vida y pensamiento. Era común verlos a los dos asistir a los congresos juntos, sin perderse las conferencias de pensadores consagrados pero tampoco las ponencias o comunicaciones de jóvenes investigadores que dábamos los primeros pasos en el mundo académico.
Como han narrado en varias ocasiones, ambos se conocen en Francia en 1962, unos meses antes de que Armand viaje a Chile para iniciar sus investigaciones sobre demografía, y es allí donde se produce su toma de conciencia de lo político tal y como relata en Por una mirada-mundo. Conversaciones con Michel Sénécal (2010, traducido al español en 2014). En Chile, Armand trabajó en la sociología de la población, demografía y comunicación. Michèle fue una de las pioneras en incorporar la perspectiva de género al estudio de la teoría crítica de la comunicación. Juntos investigaron después para el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, de donde tuvieron que partir al exilio después del golpe de Estado de Pinochet.
La experiencia chilena fue sin duda definitoria, en ambos sentidos. América Latina y los Mattelart fueron ya siempre de la mano. Es en Chile donde Armand imbrica sus investigaciones con la comunicación, donde se plantea la importancia de la cultura de masas en la conquista ideológica, el colonialismo y la dependencia cultural como síntoma que deviene enfermedad para los avances democráticos, y donde observa los procesos de internacionalización de la comunicación y su industria.
A su vuelta a Francia, piensan de manera recurrente en América Latina y la comunicación como una herramienta para el cambio a través de obras como las ya citadas.
No obstante, Armand desarrolla además todo un itinerario de investigación ligado a las nuevas tecnologías de la información en la globalización, con publicaciones como La mundialización de la comunicación (1998), Historia de la utopía planetaria. De la ciudad profética a la sociedad global (2000), Historia de la Sociedad de la Información (2002), Diversidad cultural y mundialización (2006), Un mundo vigilado (2009)[1].
En definitiva, nos ha dejado un investigador y académico clave para entender y reflexionar sobre el papel de la comunicación y la cultura en estos tiempos convulsos que marcan el primer cuarto del siglo XXI. Aún más, se ha ido un ser humano excepcional.
NOTA:
[1] Los años corresponden a la publicación de las obras en español. El original, en francés, precede en uno o dos años estas fechas.







