Armand Mattelart, un intelectual comprometido frente al viento de la historia

El trabajo de Armand representa la conexión con una investigación centrada en las lógicas de poder que atraviesan la desigualdad de clase, raza o género.
Investidura Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid | Micnous / CC BY-SA 4.0
Investidura Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid | Micnous / CC BY-SA 4.0

Conocí a Armand Mattelart a comienzos de la década de 2000 en Sevilla. Yo había vuelto a la ciudad para coordinar el programa de doctorado Derechos Humanos y Desarrollo, dirigido por el profesor Joaquín Herrera en la Universidad Pablo de Olavide y terminar mi tesis doctoral, tras una estancia de varios años en algunas universidades de Argentina, Brasil y Colombia.

Estos días, casi un cuarto de siglo después, he sabido que gracias a la mediación del profesor Francisco Sierra tuve la oportunidad de conocerle, lo que de algún modo me genera una sensación de cierre de ciclo en mis idas y venidas académicas a un lado y otro del Atlántico, consolidado ya como docente e investigador de la Facultad de Comunicación y del grupo de investigación en Comunicación política y cambio social (COMPOLÍTICAS). El profesor Sierra facilitó los contactos para que Armand pudiese venir a Sevilla como docente del doctorado en Derechos humanos. Dirigió también aquí la tesis de mi compañera de promoción Renata Ribeiro Rolim, profesora de la Universidade Federal da Paraíba (Brasil), sobre radios comunitarias libres en Brasil en torno a la experiencia de Radio Favela.

En torno a Joaquín Herrera y Francisco Sierra se generaban en Sevilla entonces estos encuentros académicos de altísimo nivel, con un carácter profundamente crítico, materialista y transdisciplinar, basado en la praxis instituyente por otros derechos humanos y otro mundo posible desde los movimientos sociales del Sur global, que jamás han vuelto a repetirse de ese modo y aunque quizá me engaña la mirada retrospectiva de un joven idealista que iniciaba su andadura académica e investigadora doctoral entonces, bienvenida sea en este caso. Las diversas y mestizas comunidades de aprendizaje que surgieron de aquellos años en que aprendimos de Sierra, Herrera, Mattelart y muchos otros a pensar desde el Sur y para el Sur en clave crítica supusieron una Zona Autónoma Temporal, en palabras de Hakim Bey, una comuna, una república pirata, si quieren.

Como muchos de estos intelectuales, Armand encarnaba no sólo un perfil interdisciplinar e indisciplinado contra el que el mundo académico de la hiper-especialización entonces y también ahora, aún en muchos ámbitos, cargaba las tintas. Cómo va a poder hablar un doctor en derecho sobre medios de comunicación, algo que hemos sufrido algunos y seguimos sufriendo. Frente a esa ceguera y cerrazón epistemológica que muestra bien los mimbres interesados que modelan y modulan la universidad, la vida de Armand es un ejemplo para quienes desean iniciar sus proyectos académicos.

La vida de Armand nos enseña que otra academia y otra vida, por ende, es posible, una academia comprometida con los derechos humanos y las clases populares

La vida, el trabajo y la obra de Armand nos dicen, en primer lugar, adelante, no hay límites a lo que se pretende conocer e investigar, los fenómenos sociales son complejos y necesitan de análisis complejos, que crucen disciplinas y que las hagan saltar por los aires si es preciso. Por qué un especialista en demografía no puede hablar del poder colonizador del Pato Donald. En segundo lugar, las tareas docente e investigadora deben estar, además de unidas, comprometidas con un análisis crítico de ese constructo al que llamamos realidad, un análisis que esté al servicio de las posibilidades de emancipación y autonomía en torno a una vida digna de ser vivida. Frente a la desaforada producción académica especializada que engrosa hoy el negocio de las revistas académicas privadas y sus sistemas de indexación, colocando financiación pública y talento investigador financiada por la sociedad en manos privadas sin transferencia a esta en muchos casos, cediendo al chantaje meritocrático en una suerte de neoliberalismo académico, aunque existen resistencias encomiables a la privatización (DORA, COARA, Ciencia ciudadana…), el trabajo de Armand representa la conexión con una investigación centrada en las lógicas de poder que atraviesan la desigualdad de clase, raza o género desde mediados de la década de los años sesenta del pasado siglo. Un conocimiento situado y crítico desde el Sur, en sus primeros años en la Católica, en Santiago de Chile o trabajando como asesor del Frente Popular y de Salvador Allende en sus políticas de medios.

Recuerdo conversar con Ariel Dorfman y Eduardo Galeano en el primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, sobre aquellos años y la conversación fue derivando poco a poco al trabajo desarrollado por Armand y Michèle en Chile, en el CEREN y Naciones Unidas, desde finales de los sesenta y los primeros años setenta del siglo XX, hasta el golpe de Estado de 1973 y el exilio de ambos en Francia. Para quienes no lo conocen, recomiendo ver su documental La espiral (1976), que llegó a ser proyectada en el Festival de Cannes de ese año, de nuevo alguien que no cursó estudios de comunicación o cinematografía jugándosela en territorio hostil, como un belga en Chile, país al que amaba profundamente y del que tuvo que partir junto a su esposa y compañera de vida académica para salvar la vida.

Hoy que andamos sumando méritos, empujados por este viento de la historia al que llaman progreso, que diría Benjamin, un viento que arrasa las dinámicas de cooperación y solidaridad, dentro y fuera de la academia hegemónica, instalándonos en la competición, la lógica pura del capitalismo, la vida de Armand nos enseña que otra academia y otra vida, por ende, es posible, una academia comprometida con los derechos humanos y las clases populares, por la emancipación de sujetos y colectivos vulnerabilizados, racializados, desposeídos, humillados, los nadies de quienes escribiera Galeano.

Imprescindible para entender la configuración de las estructuras y relaciones de poder en el capitalismo tardío

Más allá de subrayar nuevamente su insoslayable trabajo en torno a los medios, del que se ha escrito estos días de manera ingente en sus obituarios, imprescindible para entender la configuración de las estructuras y relaciones de poder en el capitalismo tardío, más allá de la comprensión dialéctica entre infraestructura y superestructura, la conformación de los marcos cognitivos y posibilidades de agencia humana en la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del siglo XX, en torno a la influencia de los medios, como podemos ver hoy en torno a las plataformas digitales y aquello a lo que llamo los #Algoritarismos, he querido recuperar este otro aspecto de Armand, al que está inescindiblemente unido todo lo anterior. Su compromiso como intelectual, con los derechos humanos, en tiempos en los que su vida y la de su compañera corrían peligro por defenderlos, por intentar explicar de manera clara las lógicas que las conformaban y violentaban, señalando a quienes eran sus responsables.

Esta vida de viajero incansable y nómada es una invitación a quienes no conozcan su trabajo. Con una recomendación, arriesguen y salgan de la llamada zona de comfort del pensamiento, conocer a Armand Mattelart no les dejará indiferentes. Larga vida, maestro, a través de tu pensamiento, siempre tan necesario.

(*) Historiador, doctor en Derechos Humanos y Desarrollo. Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

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