Bad Bunny convierte la Super Bowl en un himno de orgullo latino y amor frente al odio

El gran Benito Antonio Martínez Ocasio en el "halftime" de la Super Bowl.

Bad Bunny no fue a la Super Bowl 2026 solo a cantar. Fue a decir algo. Y lo dijo con música, baile y una bandera de Puerto Rico ondeando ante el mayor escaparate televisivo del planeta. En el descanso de la final de la NFL, el artista puertorriqueño transformó el espectáculo más estadounidense en una celebración de la identidad latinoamericana y un mensaje de dignidad para millones de personas que hoy viven con miedo a la represión migratoria.

Envuelto en los colores de su tierra y sin esquivar la polémica, Benito Antonio Martínez Ocasio apareció en el Levi’s Stadium de Santa Clara con una declaración sencilla y poderosa: “Seguimos aquí”. Lo hizo después de mencionar a los países del continente americano, reivindicando una comunidad diversa y unida en un momento político especialmente tenso para los latinos en Estados Unidos.

Una isla boricua en medio del mayor show del mundo

El escenario se convirtió en una pequeña Puerto Rico: palmeras, cañas de azúcar y escenas cotidianas que evocaban barrio, familia y memoria. El espectáculo arrancó con “Tití me preguntó”, desatando la euforia, y siguió con “Yo perreo sola”, un himno feminista que rompió con la idea de que las mujeres necesitan a un hombre para divertirse.

Más que un concierto, fue un relato visual de la cultura latina: desde un niño durmiendo sobre tres sillas juntas hasta vendedores ambulantes que recordaban las calles del Caribe. Todo bañado por un mensaje que el propio artista había adelantado días antes: el amor como respuesta al odio.

Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí”, dijo ya como Benito, no solo como estrella global, antes de subirse a una furgoneta y recorrer el estadio cantando “Eoo”, “Voy a llevarte pa PR” y “Mónaco”. Hubo imperfecciones vocales, sí, pero también algo mucho más difícil de lograr: emoción real.

Invitados, símbolos y memoria

El show estuvo cargado de sorpresas. Aparecieron figuras como Cardi B, Karol G, Pedro Pascal, Young Miko y Jessica Alba, en un despliegue que unió música, cine y cultura pop latina. También hubo espacio para la nostalgia y la historia musical: con “Nuevayol”, homenajeó la salsa clásica de los años 70, y compartió un momento especialmente simbólico al entregar su Grammy a un niño que parecía representarlo de pequeño.

Uno de los instantes más potentes llegó con Ricky Martin, que interpretó “Lo que le pasó a Hawaii”, canción de Bad Bunny sobre la pérdida de identidad cultural y el desplazamiento de comunidades locales. Después, con la bandera de Puerto Rico al hombro, el artista se subió a un poste de luz para cantar “El apagón”, aludiendo a la crisis eléctrica de la isla.

El cierre fue una celebración continental con “Café con ron”, mientras mencionaba país por país: desde Chile hasta Canadá, pasando por Centroamérica y el Caribe. “Dios bendiga a América… y a mi madre tierra, mi patria Puerto Rico”, proclamó rodeado de banderas.

Amor como mensaje político

Aunque su actuación evitó consignas directas, el contexto era claro. Bad Bunny ha mostrado en los últimos meses su preocupación por las políticas migratorias y la actuación del ICE. Su decisión de no hacer gira en EE.UU. este año, para evitar que sus conciertos se convirtieran en posibles puntos de redadas, ya había marcado una postura.

En lugar de confrontación explícita, eligió otro camino: celebrar a su gente. La inclusión también estuvo presente con Celimar Rivera Cosme, primera intérprete de lengua de signos puertorriqueña y de habla hispana en un intermedio de la Super Bowl.

Una semana histórica para la música en español

La actuación llegó tras una semana redonda para el artista. Bad Bunny se convirtió recientemente en la primera persona en ganar el Grammy a Álbum del Año con un disco íntegramente en español, un hito que consolida el peso global de la música latina.

Su presencia en la Super Bowl amplía el camino que ya abrieron Shakira y Jennifer Lopez en 2020, pero con un tono propio: más narrativo, más caribeño, más centrado en la identidad y la memoria colectiva.

Lo que ocurrió en Santa Clara fue mucho más que un espectáculo de medio tiempo. Fue una fiesta, sí. Pero también un recordatorio, frente a millones de espectadores, de que la cultura latina no es un invitado en Estados Unidos: es parte esencial de su historia, su presente y su futuro.

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