Los familiares de los soldados estadounidenses que participan en la brutal e ilegal guerra contra Irán, y los que tienen a sus hijos destacados en bases militares del Pentágono en Oriente Medio, deberían de sobreponerse al nerviosismo y temor que les infunde el guerrerismo de Donald Trump y sus secretarios del Departamento de Guerra, Pete Hegseth, y el de Estado, Marco Rubio, y dedicarse a averiguar —y denunciar— la situación de sus muchachos y la falacia sobre la minimización de las bajas sufridas.
¿Por qué deberían de hacerlo de inmediato? Porque, a contrapelo de la lógica más simple, es absolutamente imposible que en una guerra de la magnitud de la que se desarrolla en Irán, Estados Unidos haya tenido solamente tres muertos y seis heridos como asegura el Pentágono y el propio Trump.
La mentira es tan escandalosa y tan fácilmente desmentible, que 24 horas después de expresarla, Trump admite que podrán tener bajas, sin precisar cuantía para no alarmar, pero que vale la pena sacrificar vidas para beneficio del mundo. Es tenebrosa tal conclusión.
Lo real es el temor de Trump y sus adláteres de que el pueblo estadounidense sepa cuántos de sus hijos ya han muerto en la primera etapa de la agresión, y cuántos más habrá si esta sigue o se prolonga más allá del tiempo estimado.
La agresión del 13 de junio de 2025 la terminó el propio Trump a los 12 días, no por pacifista ni buena gente, sino porque nunca esperó una reacción tan firme de los iraníes. Se equivocó en aquel momento, y ahora vuelve a equivocarse también.
A él y sus secretarios los atemoriza el dato de que más de 70 por ciento de la población estadounidense —más allá de la militancia partidista y de su visión del gobierno islámico— está en contra y rechaza lo que están haciendo por su propio fuero, sin consultar al Congreso ni a nadie, al margen de la voluntad de la gente que lo eligió.
Irán es la justificación más extrema de Trump para declarar un nuevo estado de emergencia a fin de impedir que se realicen las elecciones intermedias de noviembre las cuales presiente las perderá
Ya hay voces —incluso dentro de los propios republicanos conservadores de élite— que están diciendo que Irán es la justificación más extrema de Trump para declarar un nuevo estado de emergencia a fin de impedir que se realicen las elecciones intermedias de noviembre las cuales presiente las perderá, o de evitar que antes de esa fecha prospere en ambas cámaras un voto por un impeachment que lo destronará, pues se nota desagrado hacia él dentro de su partido y no lo soportan ya en la oficina oval de la Casa Blanca.
Los mentirosos y grandilocuentes partes militares publicados por el Mando Central de los Estados Unidos, son rechazados por la gente que, incluso sin tener datos en las manos, presienten que las bajas mortales de estadounidenses han sido abrumadoras y que, de conocerse, el desgarramiento emocional de las familias se lo sentirá en todo su costillar la administración trumpiana.
Los equipos mediáticos del Pentágono, el Departamento de Estado y de la Presidencia, trabajan de manera intensa para que no trasciendan las cifras reales, que los iraníes y corresponsales en los diversos países afectados de una u otra forma por el conflicto, están dando a conocer y sitúan en más de 270 los fallecidos y heridos estadounidenses, en las primeras 48 horas de combates.
Y es una cifra lógica que, incluso, puede estar en límites mínimos a juzgar por la capacidad de fuego desplegada por los iraníes, en particular la coheteril, y las afectaciones a buques y portaviones, ocultadas por la Marina estadounidense en sus partes, y en especial los daños infligidos por los bombardeos a numerosas bases militares en el área.
La radio iraní IRIB dio cuenta que entre los objetivos que recibieron impacto importante de la cohetería islámica se encuentran la sede de la Quinta Flota de Estados Unidos en Bahréin, las bases aéreas de Al Udeid ubicada en Qatar, la de Al Salem en Kuwait y la de Al Dhafra en Emiratos Árabes Unidos, todas con grandes dotaciones de soldados, así como contra blancos militares en Israel, lo cual fue corroborado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), y documentado por la prensa extranjera.
Lo más aterrador para Trump es la vulnerabilidad de su ejército debido al expansionismo del despliegue militar del Pentágono en el área, lo cual le dificulta proteger a una tropa tan dispersa.
De tal manera, que en los hechos la guerra no se limita a los escenarios de Irán e Israel y a las aguas del golfo, sino a todos los países del área en los que hay presencia militar estadounidense, todos al alcance de misiles y la aviación iraní.
En consecuencia, se puede considerar como territorios de guerra Bahréin, sede de la Quinta Flota que cubre el golfo Pérsico, el mar Rojo, el mar Arábigo y partes del Océano Índico. Qatar, nido de la base aérea de Al Udeid, a su vez cuartel general del Mando Central de EE.UU. Kuwait, también campamento del ejército central.
Además, los Emiratos Árabes Unidos que albergan la base aérea de Al Dhafra, al sur de la capital de Abu Dhabi, un centro neurálgico de la fuerza aérea de Estados Unidos, y el puerto de Jebel Ali, en Dubái, el fondeadero más grande de la armada USA en Levante, que acoge regularmente a portaaviones y otros buques de ese país.
En Iraq, EE.UU. mantiene una presencia en la base aérea de Ain Al Asad, en la provincia occidental de Anbar, que brinda apoyo a misiones de la OTAN, ya atacada con cohetes por Irán en 2020. También hay más de 2.400 soldados estadounidenses en Arabia Saudita, proporcionando capacidades de defensa aérea y antimisiles y apoyando el funcionamiento de los aviones militares estadounidenses. Y también hay bases militares en Jordania.
Esa panorámica explica por qué los iraníes lanzaron cohetes sobre esas instalaciones, como un aviso de que una contraofensiva militar puede ser muy costosa para Estados Unidos y llenar aún más de luto a familias de ese país que nada tienen que ver con las ambiciones personales de un presidente despiadado e irresponsable que no le interesa el sufrimiento de sus mismos compatriotas.
Hace unas horas, en lugar de bajar las tensiones, de darle tranquilidad a su pueblo, Trump acaba de hacer una nueva declaración en la cual asegura que las operaciones militares conjuntas con los sionistas de Israel contra Irán, continuarán hasta que se alcance todos los objetivos o si los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica y el Ejército iraní no deponen las armas —aun cuando sabe que eso no va a suceder— y les advirtió que, de lo contrario, se enfrentarán a una muerte segura. Admitió, en cambio, que EE.UU. también tendrá muertos.
¿Por qué la familia estadounidense debe ofrendar la vida de sus hijos en la injusta causa de conquistar un territorio a decenas de miles de kilómetros para obtener petróleo impropio e intentar mantener un control militar para hacerse respetar? Los familiares de los soldados, muchos ya muertos en esa cobarde aventura, y otros que morirán en las próximas horas, o ya fallecieron sin que aun les digan la dolorosa verdad, tiene la obligación y el deber, de pedirles cuenta a Trump y los verdugos que le siguen su satánico juego.







