República, proceso constituyente feminista

Necesitamos mejoras laborales y salariales, pero también una estructura de Estado que nos libere de cargas y apueste por la corresponsabilidad y por un sistema público de cuidados.

El análisis de la situación política de nuestro país, claramente conectada con el avance del fascismo en el tablero internacional, nos lleva a una única conclusión: la necesidad de plantear un proceso constituyente que nos conduzca a la III República y que establezca el objetivo claro, inequívoco e inquebrantable de que sea un proceso accesible a la clase trabajadora y en especial a las mujeres.

La necesidad de la participación igualitaria de las mujeres en este proceso es esencial para hacer frente a la amenaza real de destrucción de los derechos fundamentales del total de la población, que supone el avance del fascismo en los países de nuestro entorno y de nuestra órbita económica, política y cultural.

Los partidos de extrema derecha experimentan un auge en sus resultados electorales en prácticamente todos los países europeos y también en los países del continente americano. Especialmente significativo el fenómeno trumpista en los EE.UU. con la nefasta elección del magnate estadounidense que ha celebrado un año de su segundo aniversario hace poco más de un mes. 

Las derechas son sobradamente conscientes de que el único movimiento capaz de ponerlos en jaque y de frenarlos es el movimiento feminista. De ahí el insistente afán en fragmentarlo, dividirlo, desprestigiarlo… Podemos poner múltiples ejemplos de esos intentos y muy variados. Como las oficinas de “Atención a la maternidad” que los ayuntamientos gestionados por el tándem PP-Vox han puesto en marcha en ciudades de nuestro país como Sevilla, Alicante o Madrid. Y todo ello a costa de recortes en los presupuestos municipales en partidas destinadas a asociaciones de mujeres, la integración de la población migrante, colectivos ecologistas o a las dotaciones a secciones sindicales para planes de igualdad, recortes en personal en las oficinas de atención a la mujer, subvenciones para gastos de funcionamiento de asociaciones del colectivo LGTBIQA+, entre muchas otras.

Todo esto y mucho más ha puesto en pie al movimiento feminista, que mira esperanzado que el derecho al aborto sea incluido finalmente en la Constitución. Reclaman además un sistema sanitario suficientemente dotado y fortalecido como para no tener que realizar un auténtico vía crucis para ejercer este derecho y que las mujeres que decidan interrumpir su embarazo no sean derivadas a clínicas privadas donde su derecho se convierte en un negocio.

Las mujeres de este país, las mujeres de la clase trabajadora, necesitamos ser escuchadas y partícipes de la construcción de un nuevo modelo que garantice derechos fundamentales

Las mujeres de este país, las mujeres de la clase trabajadora, necesitamos ser escuchadas y partícipes de la construcción de un nuevo modelo que garantice derechos fundamentales, como una atención sanitaria pública, universal y de calidad para evitar, entre otras muchas cosas, los fallos en los cribados de cáncer de mama y que, si se producen, haya mecanismos para depurar responsabilidades.

Nosotras no necesitamos una República solo para elegir al jefe del Estado, que también. Necesitamos un proceso constituyente que cambie el modelo de Estado y las prioridades del mismo. Que dé voz y participación real y efectiva en especial a las trabajadoras que sustentan el país con sus trabajos y sueldos precarios, sus dobles y triples jornadas, que soportan en amplía mayoría la carga de los cuidados, que luchan contra los suelos pegajosos y limpian los techos de cristal de las burguesas privilegiadas, colaboradoras necesarias del patriarcado. Porque las trabajadoras no pueden permitirse pagar un seguro privado para tener cobertura sanitaria preferente para salvar sus vidas.

Las mujeres reclamamos un feminismo auténtico, eficaz y efectivo. No basta con medidas de paridad en los máximos órganos de gobierno, representación o judiciales del Estado. No cuela lo de que España no es un país machista porque pretenden que en unos años una Borbón herede la jefatura del Estado.

Es el momento de reclamar una República que apueste por la educación pública, cien por cien laica, que elimine el yugo que supone para las mujeres el contrato social del matrimonio que hunde sus raíces en los intereses del capitalismo, que apueste por la paz y que se aparte de organizaciones como la OTAN. Que sea respetuosa con el derecho de autodeterminación de los pueblos, que condene sin ambages el neocolonialismo y el imperialismo y no ser cómplice ni partícipe de estos.

Queremos una República que depure el machismo de los órganos judiciales que otorga custodias a maltratadores sentenciados dejando desprotegidos a las niñas y niños y a sus madres. Que cumpla el convenio de Estambul y que no deje ni una sola fisura por la que las asociaciones negacionistas de la violencia de género (en todas sus formas) reciban dinero de las arcas públicas.

Necesitamos mejoras laborales y salariales, pero también una estructura de Estado que nos libere de la carga de los cuidados y apueste por la corresponsabilidad y por un sistema público de cuidados que mejore nuestras vidas y la de las personas dependientes.

Exigimos el derecho efectivo a la vivienda para poder desarrollar nuestros proyectos de vida. La clase trabajadora de este país tiene negado de facto ese derecho y únicamente un nuevo modelo de Estado puede poner límites al saqueo de la vida de nuestras ciudades por parte de los grandes tenedores y los fondos buitres. Nos negamos a ser desplazadas, alejadas de nuestros barrios, de nuestro entorno, por la mercantilización insaciable de los especuladores.

Construiremos una República que no deje a nadie atrás, que garantice que los territorios no se vacíen primero de servicios y después de habitantes.

No basta con promesas de reformas superficiales. No aceptamos “cambiar todo para que nada cambie”, maquillajes que mantienen intactas las estructuras de poder. Nuestras antecesoras no han luchado y renunciado a tanto para que nos conformemos con menos.

No es que queramos más, mucho más, es que lo queremos todo.

Tenemos memoria, tenemos dignidad, tenemos la fuerza para luchar cada derecho. Estamos preparadas para iniciar este camino constituyente hacia la III República y no vamos a desfallecer hasta que lo logremos.

(*) Responsable Área Feminista PCE Sevilla

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