Celebración de los 50 años de la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD)

Brahim Ghali insiste en que sólo a través de la autodeterminación y la independencia se alcanzará una paz justa y duradera

El presidente de la RASD y secretario general del Frente Polisario recuerda la responsabilidad de España en el proceso inconcluso de descolonización y demanda coherencia a la Unión Europea.
Brahim Ghali en las celebraciones por el quincuagésimo aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática | Fuente: @Polisario_
Brahim Ghali en las celebraciones por el quincuagésimo aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática | Fuente: @Polisario_

Las celebraciones del 50 aniversario de la República Saharaui, realizadas ayer, 8 de abril en Auserd, dentro de los campos de refugiados en Tinduf, han dejado un mensaje político claro: la autodeterminación sigue siendo el eje central del conflicto y la única vía para una solución duradera, porque sigue siendo un territorio pendiente de descolonización.

Durante su intervención en el acto de clausura, el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, afirmó que “el ejercicio del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la independencia es la única forma de alcanzar una paz justa y duradera”.

No ha sido solo un acto conmemorativo; ha sido, sobre todo, una reafirmación colectiva de identidad, resistencia y proyecto político, compartido con delegaciones llegadas de distintos puntos del mundo, como la del Partido Comunista de España.

En la wilaya de Auserd, uno de los centros neurálgicos de la vida institucional saharaui en los campamentos de Tinduf, la conmemoración adquirió una dimensión especialmente densa: pasado, presente y horizonte estratégico confluyeron en una misma escena.

Desde el inicio, Ghali situó el origen de la República en el contexto de la guerra de liberación, subrayando su carácter fundacional: “la RASD nació en plena guerra de liberación, en el exilio y bajo bombardeos”. La frase no era solo histórica, sino legitimadora: la República no se presenta como una construcción simbólica, sino como un producto directo de la resistencia armada y del colapso del proceso de descolonización.

Ghali señaló directamente a España, recordando que sigue siendo la potencia administradora y apelando a su responsabilidad jurídica, “que no prescribe”, en la finalización del proceso de descolonización del Sáhara Occidental. En este contexto, calificó como “acuerdo ilegal” el pacto alcanzado en 1975 que permitió la retirada española sin garantizar el derecho de autodeterminación.

La referencia remite al marco del derecho internacional y reabre una cuestión central: la descolonización inconclusa del Sáhara Occidental.

También se dirigió a la Unión Europea, instándola a respetar el derecho internacional y las decisiones judiciales que afectan a los recursos del territorio, en referencia a los acuerdos comerciales con Marruecos: “no se puede hablar de legalidad mientras se firman acuerdos con el ocupante”

A partir de ahí, el discurso avanzó hacia un balance de logros, especialmente en el ámbito social y cultural. En uno de los pasajes más significativos, Ghali reivindicó la capacidad organizativa del pueblo saharaui: “hemos construido instituciones, educación y una sociedad organizada en condiciones extremas”. Este énfasis en la arquitectura social del exilio —escuelas, administración, tejido comunitario— refuerza la idea de que la RASD no es únicamente una aspiración política, sino una realidad funcional sostenida durante décadas.

Dentro de ese balance, el llamado “bloque cultural” ocupó un lugar central. Ghali lo definió como un frente de resistencia frente a la erosión identitaria: “la cultura saharaui ha sido un muro frente al intento de borrarnos”

El discurso alcanzó uno de sus momentos más intensos al abordar el papel de las mujeres, “columna vertebral de la resistencia”, y de la juventud, evocando la continuidad generacional como forma de resistencia activa.

Sin embargo, no todo fue denuncia. Ghali también reconoció el papel de la solidaridad internacional, visible en la presencia de delegaciones extranjeras en los campamentos: “agradecemos a los pueblos del mundo que han sostenido nuestra causa” porque la legitimidad también se construye desde fuera.

Ghali rindió homenaje a “nuestros mártires, a los presos y a sus familias”, a los saharauis que resisten en territorios ocupados, en los campos de refugiados y en la diáspora. En los campamentos saharauis, celebrar no es solo recordar. Es, ante todo, resistir. También afirmó que el pueblo saharaui “no será fuente de amenaza”, sino “un socio dispuesto a la paz y la cooperación”, incluyendo a Marruecos en ese marco.

Medio siglo después, el conflicto sigue sin resolverse, pero las posiciones de fondo permanecen intactas. Para el liderazgo saharaui, no hay alternativa a una solución basada en la autodeterminación.

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