¿Cuándo habrá valor para sacar a Trump de la Casa Blanca?

Esperemos más por lo que haga el pueblo estadounidense para quitárselo de encima y conquistar la paz, que por el accionar del mismo presidente y sus demás criminales de guerra como Marco Rubio y Pete Hegsegth.
Grok (2026). Trump, frente a la Casa Blanca, barrido como un desperdicio más [imagen generada por IA]. https://x.com/i/grok
Grok (2026). Trump, frente a la Casa Blanca, barrido como un desperdicio más [imagen generada por IA]. https://x.com/i/grok

Trump volvió a ser groseramente genocida este domingo al amenazar por segunda vez la integridad física y geográfica de Irán y su pueblo, al declarar en una entrevista con Fox News:«Esta es la última oportunidad para los iraníes». «Si no firman este acuerdo, todo el país va a volar por los aires». “Sería un honor para mí».

¿Cuándo en Estados Unidos se llenarán de valor para expulsar de la Casa Blanca a una persona que se expresa abiertamente como el probado y comprobado criminal de guerra y de lesa humanidad, que mancha de tal manera la dignidad de 341 millones de ciudadanos a los que representa como su presidente? Ni Hitler se expresaba en esos términos.

En una entrevista con Fox News, citada por el corresponsal Trey Yingst, el mandatario afirmó que «si no firman este acuerdo, todo el país va a volar por los aires». Según explicó, Washington considera que el pacto es «muy simple» y podría concretarse rápidamente si Teherán accede a sus términos. 

Por supuesto que con una sola frase bastaría: “Me rindo. Irán es desde ahora territorio estadounidense con todo su petróleo y su golfo para que acabe con Medio Oriente”. Pero eso ni en sueños sucederá, así que esperemos más por lo que haga el pueblo estadounidense para quitárselo de encima y conquistar la paz, que por el accionar del mismo presidente y sus demás criminales de guerra como Marco Rubio y Pete Hegsegth.

Trump indicó que sus enviados especiales, su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff, viajarán a Islamabad en los próximos días para intentar cerrar el acuerdo (de rendición). Subrayó además que esta sería la última oportunidad para evitar una nueva escalada, en un contexto marcado por la cercanía del vencimiento del actual alto al fuego y su peligrosa obstinación de mantener un bloqueo al estrecho de Ormuz que le puede costar muy caro.

El mundo debe de estar preparado para lo peor y que la guerra desborde las fronteras mesorientales ya enormes del escenario de batalla, porque el Pentágono volvió a enviar el portaviones Gerald Ford al Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental donde operan los destructores USS Mahan y USS Winston S. Churchill. Coincide con sus declaraciones de que está preparado para lanzar ataques contra infraestructuras clave como plantas eléctricas y puentes.

Significa que nuevamente Trump acudió por enésima vez a la farsa de las negociaciones al no ejecutarlas como tal, sino como elemento para ganar tiempo, e instrumento de presión para imponer sus criterios y forzar una derrota militar iraní en la mesa de negociaciones que tiene muy pocas probabilidades de conseguirla en las trincheras.

Trump no solamente busca la rendición iraní —lo cual conlleva entrega del uranio enriquecido, control por parte de EE. UU. e «Israel» del estrecho de Ormuz y de todo el Golfo, y liquidación de la revolución islámica—, sino destruir la historia milenaria religiosa, conceptual y política persa, mancillar la moral, la honra y la fe de su pueblo, y crear sobre sus ruinas un imperialismo sionista.

Todo es claro como el agua, pero la reacción en Estados Unidos es increíblemente débil al holocausto que está a las puertas. Si invade, se descarta el ataque nuclear táctico. Si no invade y mantiene el feroz y genocida bombardeo, crecen las posibilidades del uso de armas nucleares tácticas. Tales posibilidades están en dependencia de la voluntad del pueblo estadounidense y del apoyo moral que reciba del antibelicismo internacional.

De todas formas, es imprescindible responder a estas preguntas: ¿Qué pretende Trump con su despliegue militar a gran escala? ¿Nublar con miles de aviones y drones estadounidenses y sionistas el cielo de los casi dos millones de kilómetros cuadrados de la geografía iraní, convirtiéndolos en tierra arrasada? ¿Desembarcar cien mil, o quinientos mil marines yanquis como en Vietnam donde perdieron la guerra, y otros quinientos mil sionistas porque es dudoso que, excepto Ucrania —lo cual es un imposible militar— algún país de la OTAN enloquezca tanto que los apoye con su infantería y su aviación? ¿Eso les garantiza una victoria? Por supuesto que no. Eso sólo será un indicativo de que la guerra no tendrá fin hasta que una de las partes se quede en el esqueleto y no pueda proseguirla. El tiempo será el factor más importante. Para entonces habrá montañas de muertos estadounidenses, israelíes e iraníes, y no solamente escombros.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, defendió la lógica del derecho nuclear de Irán, rechazó la escalada regional y criticó a Estados Unidos y organismos internacionales por su pasividad ante la atrocidad que Trump ejecuta tan impune y enloquecidamente.

El mundo, en especial la inoperante ONU, debería comprender el mensaje de Pezeshkian quien enfatizó que el enfoque actual de Irán se basa en evitar una mayor escalada, al destacar que todas sus acciones se enmarcan dentro de la legítima defensa y, sobre esa base condenar y exigir a Trump y su socio Netanyahu, que concluyan su carnicería, no expongan al mundo a un desastre mayor, y se solucionen los conflictos por la vía pacífica.

Hay una esperanza, aunque opaca: que ya Trump haya comprendido que los límites de su poder los ha marcado Irán, que el imperio yanqui sí tiene un confín y ya llegó hasta esa barda, y entienda que sus amenazas son parte de esa debilidad y no de una fortaleza que se ha relativizado más de lo que él y sus analistas imaginaron, aún estando repletos sus arsenales de armas nucleares y sus arcas de dólares que pueden convertirse en cualquier momento en simples papeles impresos.

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