En la guerra de Irán se decide el pulso del Nuevo Orden Internacional

Estados Unidos golpea a Irán para aislar a China, Israel golpea a Irán para allanar el camino hacia el Gran Israel. Ambos sujetos colonialistas se necesitan, pero sus objetivos finales no son idénticos.
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Encuentro del ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi y su homólogo de Irán, Seyed Abbas Araghchi (abril 2025) | gov.cn/
Encuentro del ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi y su homólogo de Irán, Seyed Abbas Araghchi (abril 2025) | gov.cn/

La región que se extiende desde el Mediterráneo oriental hasta las montañas de Irán vive hoy la fase más cruenta de una guerra de agresión que no comenzó el 7 de octubre de 2023, ni siquiera en 1948. Este conflicto es un capítulo decisivo de un proyecto colonial sionista que se diseñó hace 130 años y que en el actual escenario geopolítico, con Trump en la Casa Blanca, se incorpora a una guerra global declarada por el imperialismo neofascista estadounidense contra cualquier nación que aspire a la soberanía plena, a la autodeterminación y a un orden internacional no sometido a los dictados del capital financiero y la supremacía militar occidental.

El genocidio contra el pueblo palestino en Gaza constituye un caso de manual de la complicidad entre Washington y Tel Aviv. El apoyo, patrocinio y protección incondicional de Estados Unidos a un genocidio que genera un rechazo global sin precedentes obedece a tres razones estructurales. La primera es el control geopolítico: Israel funciona como el portaaviones estadounidense en Oriente Próximo. Su dominio militar garantiza que ninguna potencia rival pueda controlar los recursos energéticos de la región ni las rutas estratégicas. La segunda razón son los intereses de la industria armamentística. Los monopolios militares como Lockheed Martin o Raytheon constituyen el corazón del capital financiero estadounidense, y las guerras son su principal fuente de ganancias. La tercera razón consiste en disciplinar a los aliados; apoyar a Israel hasta las últimas consecuencias envía un mensaje claro a todos los países de la región: el imperio no abandona a sus socios estratégicos, por más atrocidades que cometan. A esta tríada se suma el enorme peso del lobby sionista en Estados Unidos. En la actualidad, el primer ministro israelí tiene más capacidad de influir en la política de Washington que el propio presidente estadounidense en la política de la entidad sionista.

Israel y EE.UU. se necesitan

Tras décadas de sabotajes, asesinatos de científicos nucleares, ataques cibernéticos y bombardeos contra posiciones iraníes en Siria, el régimen colonial de Israel, con la servidumbre de Trump, ha iniciado una guerra de agresión directa contra la República Islámica de Irán. Es imperativo comprender que los motivos de Washington y Tel Aviv en esta agresión son distintos, aunque converjan en el mismo campo de batalla. El motivo de Estados Unidos responde a una lógica global de contención de China. Irán constituye el eje central del llamado Eje de la Resistencia, que conecta militar y logísticamente a Hezbolá en el Líbano, a las milicias aliadas en Iraq y Siria, y al gobierno yemení. Pero más allá de la región, Teherán mantiene una relación estratégica profunda con Pekín, materializada en el acuerdo de cooperación de 25 años firmado en 2021. Ese acuerdo garantiza a China suministro de petróleo y gas iraní a precios preferentes y pagados en monedas distintas al dólar, así como una ruta terrestre y marítima que conecta el océano Índico con el mar Caspio y de allí con Asia Central. Para Estados Unidos, derrotar a Irán significa cortar una de las principales vías de expansión china, desestabilizar al socio energético más fiable de Pekín en la región y enviar un mensaje de disuasión a cualquier país que ose alinearse con el gigante asiático. La guerra contra Irán es, en esencia, una batalla por la hegemonía global del siglo XXI.

Israel busca derrocar al único Estado que obstaculiza su sueño del Gran Israel que se extendería desde el río Éufrates hasta el Nilo, anexionando o dominando el Líbano, Siria, Jordania, Iraq, Palestina y Egipto

El motivo de Israel es completamente diferente y se inscribe en su proyecto colonial y supremacista de larga data. Israel busca derrocar al único Estado que obstaculiza su sueño del Gran Israel: un territorio que se extendería desde el río Éufrates en Iraq hasta el río Nilo en Egipto, anexionando o dominando directamente el Líbano, Siria, Jordania, Iraq, Palestina y Egipto. Este proyecto está escrito en los documentos fundacionales del movimiento sionista.

Para que Israel pueda consumar la anexión de Cisjordania, la expulsión masiva de palestinos y la ampliación de sus fronteras hasta los límites bíblicos, necesita eliminar al único poder militar regional capaz de responder con fuerza: la República Islámica de Irán. Irán es el principal sostén del Eje de la Resistencia al sionismo. Sin Irán, el tablero quedaría completamente desbalanceado. Las monarquías del Golfo, políticamente sumisas a Estados Unidos e Israel, no opondrían resistencia. El Líbano caería por completo, Iraq se convertiría en un satélite absoluto, Yemen sería aplastado y Cisjordania sería anexionada sin resistencia. Por tanto, mientras Estados Unidos golpea a Irán para aislar a China, Israel golpea a Irán para allanar el camino hacia el Gran Israel. Ambos sujetos colonialistas se necesitan, pero sus objetivos finales no son idénticos.

Unidad contra el invasor en Irán

Donald Trump, un narcisista patológico que necesita atención constante y la sensación de estar ganando siempre, fue el instrumento perfecto para esta doble agresión. Benjamin Netanyahu, que conoce perfectamente los mecanismos del poder en Washington, le vendió una guerra fácil: atacar Irán, derrocar al “régimen de los ayatolás” en pocas horas, y Trump quedaría como el héroe que liberó a Irán, con el petróleo a veinte dólares el barril. Trump compró la historia, ignorando a sus propios generales y a los informes de inteligencia. El resultado es una guerra que ha cohesionado a la sociedad iraní detrás de su gobierno como nunca antes y que ha puesto a toda la región en llamas. Tanto Estados Unidos como Israel han construido un relato moral sobre Irán: afirman que es necesario destruir a la República Islámica porque es un régimen opresor de las mujeres. Pero el primer día de los bombardeos masivos sobre Irán, la aviación estadounidense bombardeó una escuela de educación infantil y primaria femenina en la ciudad de Minarb, al sur de Irán. Fueron asesinadas casi doscientas niñas de entre siete y doce años. No era un objetivo militar. Era una escuela. La doctrina militar israelí y estadounidense denomina a esto poder de disuasión por terror: se golpea a la población civil de forma brutal para que el gobierno enemigo se rinda. Con la excusa de liberar a la mujer iraní, lo primero que hacen es asesinar a niñas iraníes. El bombardeo masivo de escuelas, hospitales y mercados no ha provocado un levantamiento contra el gobierno iraní, sino una ola de unidad nacional. Las mujeres iraníes han visto que el feminismo que llega desde los aviones es un feminismo de muerte, y han dicho: primero defendemos a nuestro país del invasor; después seguimos luchando por nuestros derechos.

La paciencia estratégica de Irán se ha agotado. Irán ha realizado ataques directos contra bases militares de Estados Unidos ubicadas en países vecinos: Arabia Saudí, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Esos países son vasallos militares y logísticos de Israel y de Estados Unidos en su guerra contra Irán, Líbano, Gaza, Siria y Yemen. Simultáneamente, Israel ha bombardeado de forma masiva todo El Líbano, y ocupado militarmente el sur del país, asesinando a miles de civiles, destruyendo infraestructuras y desplazando a más de un millón de personas. Portavoces israelíes han anunciado abiertamente su intención de convertir el sur del Líbano en una nueva Franja de Gaza: destrucción total, desplazamiento forzado y ocupación permanente.

Irán sabe que ceder es desaparecer y resistirá porque la única alternativa a la victoria es su muerte y desaparición, y la entrega de toda la región a la entidad colonial, sionista y supremacista de Israel.

De conflicto regional a guerra global

Lo que tras el 7 de octubre de 2023 se intensificó con una nueva agresión a Gaza se ha convertido ya en un conflicto regional que forma parte de una guerra global. Hoy los frentes activos son Gaza, con el genocidio en curso; Líbano, con la ocupación territorial, bombardeos masivos y desplazamientos; Iraq y Yemen, con ataques de represalia contra objetivos israelíes y estadounidenses; y las bases de Estados Unidos en el Golfo, bajo ataque directo de misiles y drones iraníes y de las milicias aliadas. Cada día que pasa, el fuego se extiende. Israel, empujado por su visión supremacista y mesiánica, cree que este es su momento. Estados Unidos, en su fase imperial decadente, ya no controla a su socio israelí, pero lo apoya incondicionalmente y se encuentra metido en un avispero del que no sabe ni cómo entró ni cómo salir. Irán, por su parte, sabe que ceder es desaparecer y, por tanto, resistirá hasta la victoria o la victoria. No hay más alternativa a la victoria que la muerte y desaparición, y la entrega de toda la región a la entidad colonial, sionista y supremacista de Israel.

Antes fue Siria

En diciembre de 2024, mientras la atención se concentraba en Gaza, Líbano e Irán, se consumó en Siria una intervención contra un Estado soberano que sigue la misma lógica de dominación. El Estado entonces presidido por Bashar al-Ásad fue destruido mediante una ofensiva relámpago de grupos armados coordinados desde Turquía, con apoyo logístico y de inteligencia de Israel, Estados Unidos y varias potencias europeas. Ese Estado sirio tenía dos características que lo hacían insoportable para el imperio: su carácter aconfesional, que garantizaba la convivencia de musulmanes suníes, chiíes, alauíes, cristianos, drusos y otras comunidades; y su papel de dique frente al extremismo terrorista. Fue derrocado por una coalición cuyo núcleo es Hayat Tahrir al-Sham, la antigua filial de Al Qaeda en Siria, liderada por Abu Muhammad al-Jolani, un individuo por cuya captura Estados Unidos ofrecía diez millones de dólares hasta hace unos meses. Hoy ese mismo al-Jolani preside el nuevo Estado sirio, es recibido en la Casa Blanca y coopera abiertamente con Israel. Desde la destrucción del anterior Estado sirio, Israel ha ocupado más de seiscientos kilómetros cuadrados adicionales de territorio sirio, incluido el estratégico Monte Hermón, y utiliza ese territorio para lanzar incursiones sobre el Líbano. La hipocresía es total: cuando el anterior gobierno sirio era acusado de matar, la noticia era portada mundial; cuando al-Jolani ejecuta a cristianos, alauíes y drusos, apenas ocupa una nota al pie. Siria se ha convertido en un laboratorio del nuevo modelo imperial: entregar un país a extremistas creados o utilizados por el propio imperio para desestabilizar a cualquier Estado que se resista al proyecto sionista-hegemónico.

La guerra que se libra desde Gaza hasta Irán, pasando por el Líbano y Siria, no es una serie de conflictos separados. Es una sola guerra, diseñada desde Tel Aviv y Washington, para reconfigurar todo Oriente Próximo bajo supremacía sionista y dominio estadounidense, con el objetivo último de aislar a China y garantizar la hegemonía occidental del siglo XXI. El neofascismo imperial se presenta con la máscara de la libertad y los derechos humanos mientras bombardea escuelas de niñas, entrega países a herederos de Al Qaeda y ejecuta genocidios en directo. La humanidad entera tiene una cita con esta batalla. Si el fuego no se detiene, si Irán cae, si la resistencia palestina y libanesa son aplastadas, entonces el proyecto del Gran Israel se hará realidad y el siglo XXI será el siglo de las tinieblas neocoloniales. Por eso, la victoria del Eje de Resistencia y de todos los pueblos que se niegan a doblegarse no es una victoria regional: es la única esperanza de un mundo donde todavía quepa la justicia, la soberanía y la dignidad humana.

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SI IRÁN FUERA DERROTADO…

Si Irán fuera derrotado, el Gran Israel se volvería imparable. El resto de la región se convertiría en un feudo neocolonial, con el petróleo y el gas controlados por corporaciones occidentales e Israel. El imperio estadounidense consolidaría su dominio total y podría girar todas sus fuerzas hacia el cerco definitivo a China.

El mensaje al mundo sería aterrador: cualquier país que desafíe a Estados Unidos e Israel será destruido. Por eso, la batalla que se libra hoy en las montañas del Líbano, en los cielos de Irán y en las bases del Golfo es la batalla central de nuestra época. Irán no puede perderla, porque si Irán pierde, la pierde la humanidad.

(*) Responsable de Internacional del PCE

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