El objetivo de recomponer el espacio comunista heredero del PSUC siempre ha sido una aspiración desde finales los años 80 del siglo XX, cuando tuvo lugar el Congreso de Unidad de los Comunistas (enero de 1989), en el que mayoritariamente la gente del PCPE, los CJC, así como Bandera Roja, regresaron al PCE liderado por Julio Anguita. Si bien el proceso en Catalunya no tuvo el mismo éxito, sirvió para reconfigurar la composición del PSUC, que en menos de una década tendría la disyuntiva “italiana” de la disolución o la mutación para “adecuarse a los nuevos tiempos”. Del rechazo a aquel proceso en el PSUC e Iniciativa per Catalunya, nacería el PSUC viu.
Así, en 1997 el PSUC viu daba continuidad histórica al PSUC, después de la crisis y congelación del PSUC histórico, y la transformación de Iniciativa per Catalunya como consecuencia de los debates internos sobre la identidad comunista después de la caída del campo socialista. Desde entonces, el PSUC viu ha reivindicado el legado antifranquista, obrero y popular del histórico PSUC, manteniendo el hermanamiento fraternal con el PCE y defendiendo un proyecto marxista, republicano federal e internacionalista.
Por su parte, Espai Comunista, organización que se reclama heredera del Partido de los Comunistas de Catalunya (el PCC nacido en 1982 de la ruptura del Vº Congreso del PSUC) ha representado un espacio de militancia y reflexión política orientado a reagrupar a comunistas procedentes de la ruptura de Comunistes de Catalunya con nuestro espacio político en 2019. Su apuesta por la confluencia de los y las comunistas buscaba superar dinámicas de enfrentamientos que durante décadas debilitaron la influencia del movimiento comunista en Catalunya.
Casi 30 años más tarde de la crisis final del PSUC, y después de algunos intentos de unidad fallidos, llegamos al momento actual, donde la unidad que se aprobó en el Comité Central del PSUC viu del pasado 18 de abril entre el PSUC viu y Espai Comunista representa mucho más que una simple unión entre dos organizaciones: cristaliza la voluntad de recoser la herida provocada por el Vº Congreso, recomponer una cultura política común, recuperar la unidad troncal de los y las comunistas catalanes, y por lo tanto, aumentar la capacidad de intervención en el conflicto social y ofrecer una referencia sólida para la clase trabajadora y los sectores populares de Catalunya. Y lo conseguimos en 2026, año en que celebramos el 90 aniversario de la fundación del PSUC.
El acercamiento y la colaboración entre ambas organizaciones no ha surgido de una manera improvisada. Durante los últimos años hemos compartido manifiestos, movilizaciones y coorganizado diferentes actividades, especialmente en torno a las reivindicaciones obreras, la defensa de los servicios públicos, y la lucha por la paz frente a la escalada militarista internacional. Especialmente significativos han sido los bloques conjuntos del Primero de Mayo entre el PSUC viu, Espai Comunista y la JSUC que han mostrado que era posible superar antiguas dinámicas.
La importancia de este trabajo de aproximación radica en varios elementos. En primer lugar, supone reconocer que la dispersión de las fuerzas comunistas ha tenido consecuencias negativas sobre la capacidad de la organización popular. Durante años, las divisiones internas y las diferencias tácticas terminaron alejando a amplios sectores militantes de un proyecto político común, como fue el caso de Esquerra Unida. Mientras el capitalismo avanzaba en precarización laboral, privatizaciones y debilitamiento de los servicios públicos, las organizaciones comunistas aparecían con una capacidad de influencia mermada.
Por eso, la unidad entre el PSUC viu y Espai Comunista pretende responder precisamente a este problema. No se trata únicamente de sumar siglas, sino de reforzar el PSUC, para que sea una herramienta aún más útil para la intervención política y social. La idea de unidad comunista se plantea aquí como un proceso de acumulación de fuerzas, de elaboración colectiva y de aumento de la presencia en los barrios populares, centros de trabajo, estudio, en los sindicatos de clase y en los movimientos sociales.
Desde esta perspectiva, la unidad entre el PSUC y Espai Comunista busca desplegar una política de clase capaz de intervenir en una realidad marcada por el desenlace del “procés independentista”, el crecimiento de la extrema derecha y la crisis de representación de amplios sectores de la mayoría social. Frente al desencanto, la apatía y la desmovilización, volvemos a reivindicar la necesidad imperiosa de organizar colectivamente a la clase trabajadora, creando tejido social, creando comunidad.
Además, los y las comunistas nos enfrentamos hoy a una realidad muy diferente a la de finales del siglo XX. La fragmentación del trabajo, el individualismo y la hegemonía cultural neoliberal obligan a repensar las formas de militancia y de intervención política.
No podemos limitarnos a reproducir esquemas del pasado. Hay que encontrar nuevas formas de conectar con las generaciones jóvenes y con los sectores populares excluidos. La recuperación de la idea de organización y de pertenencia a un colectivo debe ser una respuesta frente a la precariedad, la desigualdad y la crisis democrática que atraviesa Europa. Debe ser el momento para actualizar el proyecto comunista en las condiciones actuales del capitalismo desarrollado.
Por lo tanto, la apuesta por la unidad comunista posee ya un significado político importante. En un tiempo marcado por la política de los hiperliderazgos, las organizaciones liquidas, y la preponderancia de las de las redes sociales, reivindicar la construcción colectiva constituye toda una declaración de intenciones. La unidad comunista entre el PSUC viu y Espai Comunista expresa, en definitiva, la voluntad de reforzar una izquierda transformadora con raíces populares y memoria democrática, pero que no se queda en la nostalgia, sino que aspira a ganar capacidad de intervención en los conflictos del presente, y construir la alternativa socialista del mañana.







