La noche del viernes 24 de julio se celebró en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá la ceremonia de entrega de los premios Gabo 2026. Evento que inauguraba oficialmente el Festival Gabo de este año.
La Fundación Gabo reconoce con estos premios aquellos que considera los mejores trabajos periodísticos del año de entre las 1915 postulaciones presentadas a esta decimocuarta edición, procedentes de 20 países y que fueron evaluadas por 66 jurados internacionales.
De entre todas las historias se seleccionaron quince finalistas, tres por cada una de las categorías a concurso: fotografía, audio, imagen, cobertura y texto. Cada ganador o ganadora recibe un premio en metálico por valor de 35 millones de pesos colombianos (aproximadamente 9500 euros) y una réplica de la escultura “Gabriel” creada por el artista colombiano Antonio Caro.
La Fundación Gabo lleva a cabo, desde su creación en 1994 como Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano por iniciativa de Gabriel García Márquez, primer presidente, y Jaime Abello Banfi, como director general, una encomiable labor a favor del periodismo en Iberoamérica apoyando “a periodistas y contadores de historias (…) para alcanzar una sociedad mejor informada, participativa y libre, activando el legado de nuestro fundador”. Además de haberse convertido, como expresan en su página web “en un referente para la excelencia periodística, la educación ciudadana y la promoción cultural”.
Pero, con la que está cayendo en todas partes —un genocidio al que nadie pone remedio, unos gobernantes desaforados llevándonos a la guerra, una concentración mediática que limita el papel de los medios, una oligarquía tecnológica que controla el mundo, una corrupción que campa a sus anchas, una justicia politizada, una crisis climática en aumento y una pérdida galopante de libertades y derechos—, la gala de este año fue demasiado tibia en lo político al no hacer ninguna mención expresa respecto a estos asuntos.
Reconociendo el valor de las quince propuestas finalistas, y sin obviar su relevancia, no sé si entre las casi dos mil que se presentaron al premio habría alguna que tocara estos temas. Pero si los galardones reconocen la labor de “las historias que mejor explican nuestro tiempo” creo que, con toda la honesta subjetividad que se hayan elegido, los trabajos periodísticos deberían estar más cercanos a alguna de esas realidades. Y si no, al menos, abrir un espacio en los discursos oficiales para nombrar alguno de los hechos noticiosos, y graves, que nos desbordan y que no aparecieron por el escenario.

Sí se destacaron los asesinatos este año de los periodistas colombianos Mateo Pérez Rueda y Cristian Herrera con unas palabras de Sofía Jaramillo, directora ejecutiva de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), y la violencia ejercida contra las mujeres en las redacciones con la intervención de Jineth Bedoya, periodista y fundadora de “No es hora de callar”, movimiento y fondo protector para las mujeres comunicadoras en Colombia.
Las historias premiadas durante la gala fueron: Como sobrevivem as democracias, de Gabriela Biló, Brasil, en categoría “fotografía”; Se llamaba como yo, de Isabel Cadenas Cañón, España, en categoría “audio”; Terceiräo – um ano, quatro vidas, de Caio Cavechini, Eliane Scardovelli y otros, Brasil, en categoría “imagen”; A política da bala, de Renán Porto, Artur Rodrigues y otros, Brasil, en categoría “cobertura”, y El exilio nos alcanza, de Óscar y Carlos Martínez, El Salvador, en categoría “texto”.

Además, la Fundación Gabo reconoció la labor de la periodista colombiana Catalina Gómez Ángel, merecedora del premio a la excelencia al, según el consejo rector, “encarnar el mejor periodismo de una época” por su trabajo como corresponsal de guerra en Irán, Ucrania, Siria, Afganistán o Palestina para medios como France 24, La Vanguardia o la revista 5W. Tercera colombiana, tras Javier Darío Restrepo en 2014 y Jesús Abad Colorado en 2019, en recibir este galardón.
Durante los tres días del festival Gabo 2026, del 24 al 26 de julio, además de los citados premios con el nombre del Nobel de Literatura, se han llevado a cabo charlas, talleres, clases magistrales y proyecciones, de carácter gratuito, “para reflexionar sobre el presente e imaginar otros futuros para la región” y en los que se han dado cita doscientas cincuenta invitadas e invitados de 37 países en 40 espacios distribuidos por toda la capital de Colombia.
No debería olvidarse que el periodismo y los medios viven hoy en día una situación global de amenazas a la libertad de prensa y de información, con datos alarmantes según el informe de la Unesco Tendencias Mundiales en Libertad de Expresión y Desarrollo de los Medios de Comunicación 2022-2025, en el que se destaca un descenso del 10 % en la libertad de expresión y un aumento de la autocensura hasta el 63 % en todo el mundo desde 2012.
También la cifra de asesinatos en ese período ascendió a 186 periodistas, un 67 % más que en el anterior informe (2018-2021). En el primer semestre de 2026, según lo reportado por la organización Press Emblem Campaign (PEC), han sido 39 los profesionales de los medios asesinados en el mundo, 19 de ellos en Oriente Medio y 12 en América Latina, las zonas más peligrosas del planeta en la actualidad para el ejercicio del periodismo.

Los crímenes perpetrados en Gaza y el Líbano, las masacres en Colombia, la situación en Cuba por el bloqueo inhumano, el escenario en Venezuela tras los terremotos, los asesinatos del ICE en los Estados Unidos, las continuas violaciones a los derechos humanos o el ascenso del fascismo en el mundo son temas que habrían tenido una más que pertinente y justificada presencia en los discursos durante la entrega de los premios. Solamente la española Isabel Cadenas, al recoger su premio en la categoría “audio”, mostró su solidaridad luciendo una chapa a favor de Palestina.
En línea con esa comentada política excesivamente correcta, los reconocimientos dejaron por fuera uno de los trabajos finalistas en la categoría “imagen”, quizá el más cañero y cercano a la realidad colombiana: “¿Quién quemó el bus?”, de Juan José Jaramillo, Manuela Saavedra, Alejandro Ángel, Juan Carlos Baquero y María del Pilar Cubillos, sobre la criminalización de la protesta en Colombia durante las movilizaciones sociales de 2021. ¿Sería por no molestar a la institucionalidad?, o ¿es que la “patria milagro” ha empezado a afectar a la sociedad?
El lema de esta edición ha sido “Aquí estamos, aquí contamos”, y los trabajos finalistas parece que así lo hacen. Pero creo que habría que haber ido un poco más allá, con discursos más críticos, no tan planos, y con contenidos que cuestionaran el panorama que vivimos y que hicieran honor al mejor oficio del mundo: “el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”. Y que debe informar verazmente denunciando las injusticias y poniendo en contexto las situaciones que aborda. Ejercer el oficio “con ciudadanía y cultura”, como afirma la Fundación Gabo, sería, entre otras cosas, meterle mano a los temas calientes sin temor a quemarse.
Seguro que el maestro de Aracataca habría tomado partido y defendido, desde su compromiso y su oficio, alguna de estas causas. “Para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética”.
Enlaces:
14 festival Gabo https://festivalgabo.com/
Fundación Gabo https://www.fundaciongabo.org/es
Nuevo informe de la UNESCO alerta sobre el grave deterioro de la libertad de expresión y la seguridad de los periodistas en todo el mundo https://www.unesco.org/es/articles/nuevo-informe-de-la-unesco-alerta-sobre-el-grave-deterioro-de-la-libertad-de-expresion-y-la
México vuelve a ser el lugar más peligroso para ejercer el periodismo en Latinoamérica https://www.kienyke.com/mundo/39-periodistas-fueron-asesinados-en-el-primer-semestre-de-2026
Press Emblem Campaign (PEC) https://www.pressemblem.ch/








