Honor, gloria y memoria a las Brigadas Internacionales que llegaron a España hace 90 años

“Soy un voluntario de las Brigadas Internacionales (…) porque mis enemigos de siempre son los mismos que los del pueblo español. Porque si el fascismo vence en España, mañana vencerá en mi país y mi hogar será devastado”.
Homenaje a las BB.II en el memorial de la Ciudad Universitaria (Madrid), noviembre 2012 | Fuente: Ceronegativo
Homenaje a las BB.II en el memorial de la Ciudad Universitaria (Madrid), noviembre 2012 | Fuente: Ceronegativo

“Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia” (Dolores Ibárruri)

Entre 1936 y 1938, más de 50.000 hombres y mujeres de 53 países acudieron a España apoyando al Gobierno de la II República Española. El mayor episodio de solidaridad internacional de todos los tiempos. Jóvenes dispuestos y dispuestas a entregar sus vidas para ayudar al pueblo español, cuyos derechos y libertades estaban amenazados por el fascismo español y europeo. Cerca de diez mil brigadistas dejaron sus vidas en territorio español.

La idea de la creación de las Brigadas Internacionales —iniciativa de algunos Partidos Comunistas, entre ellos el Partido Comunista Francés— se acuerda definitivamente en una reunión del Komintern en Moscú, dando el impulso a las Brigadas Internacionales, y los partidos comunistas se comprometieron desde entonces a reclutar voluntarios y voluntarias dispuestos a participar en la defensa de la II República. Los partidos socialistas, si bien no reclutaron voluntarios, sí apoyaron a las Brigadas.

El Gobierno de la República, vacilante al principio, porque nunca entendió la propuesta del PCE de armar al pueblo y apoyar la creación de las Brigadas Internacionales, cambió el rumbo al comprobar el avance de los sublevados sobre Madrid y la crítica situación del ejército de la República.

El cuartel general y las bases de instrucción se establecieron en Albacete. El mando directo recayó en el comunista André Marty, secretario de la III Internacional, y la supervisión gubernamental sería ejercida en un principio por Martínez Barrio.

Mujeres valientes y antifascista, mujeres imprescindibles

Cerca de 700 mujeres extranjeras se unieron a las Brigadas Internacionales, rompiendo con estereotipos de la época. Fueron enfermeras, médicas, traductoras y también combatientes; un tercio de estas mujeres perdieron su vida defendiendo los valores republicanos y antifascistas.

En octubre y noviembre de 1936, el déficit del servicio sanitario era patente en los batallones internacionales que se incorporaban a la lucha. Los aspectos negativos de las pérdidas humanas en el campo de batalla llevaron a plantear la necesidad de crear un sistema sanitario completo al servicio de las Brigadas Internacionales. El Servicio Sanitario Internacional se formó en Albacete con el envío, por parte del Quinto Regimiento, de 50 enfermeras españolas, que se sumaron a los nuevos equipos internacionales. Se organizaron tres tipos de hospitales: los móviles, de cirugía en el frente, donde atendían a los heridos más graves; los de segunda línea, relativamente alejados del frente, para los menos graves; y los hospitales de retaguardia, para ocuparse de los casos más leves y donde se realizaban las convalecencias. En estos hospitales fue determinante la presencia de las mujeres, tanto de las brigadistas como de los cientos de mujeres españolas que se sumaron a la defensa de la II República.

La guerra alteró la vida cotidiana de las mujeres y generó una respuesta masiva contra Franco y la agresión fascista. Construyeron barricadas, cuidaron a los heridos y organizaron las labores de auxilio y asistencia infantil. Mediante su trabajo voluntario, surtieron a los soldados de uniformes, prendas de vestir y el equipo necesario. Las mujeres trabajaron en el transporte público, las fábricas de munición y en las granjas. La supervivencia cotidiana durante la guerra solo se explica con el enorme esfuerzo y energía que desplegaron las mujeres, cuyo trabajo voluntario constituye una importante aportación a la economía bélica y al funcionamiento de la sociedad civil. No solo fueron voluntarias, tuvieron un papel decisivo en la administración de distintos organismos de servicios sociales, crearon guarderías para mujeres trabajadoras y servicios de comedores colectivos, asistencia social para refugiados de guerra. Todo ello permitió que los servicios sociales y sanitarios funcionaran, a pesar de que la guerra provocó un aumento de la demanda de servicios; las enfermeras de guerra, que no entraron en la categoría de milicianas, eran esenciales en los frentes.

En octubre de 1938, las Brigadas Internacionales abandonaron España. En el discurso de despedida, Juan Negrín, presidente del Gobierno, les dijo: “Vuestro espíritu y el de vuestros muertos nos acompaña y queda unido para siempre a nuestra historia”. Dolores Ibárruri (la Pasionaria) pronunció las siguientes palabras: “Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia”, y finalizó su alegato con: “Volved cuando el olivo de la paz florezca”.

No fue hasta más de 20 años después de la muerte del dictador Franco cuando nuestro país, en un Real Decreto de enero de 1996, reconoció la ayuda de los voluntarios y se les concedió la nacionalidad española.

En noviembre de 1996, los brigadistas volvieron a España a recibir el homenaje del pueblo español, muchos de ellos recordando las premonitorias palabras de Pasionaria: “Volved cuando el olivo de la paz florezca”.


“Soy un voluntario de las Brigadas Internacionales”

Se cumplen 90 años de la llegada de las Brigadas Internacionales a España. Es de justicia y un acto de memoria democrática recordar su presencia en nuestro país.
La declaración solemne de los y las brigadistas debe ser hoy un recuerdo para no repetir la historia: “Soy un voluntario de las Brigadas Internacionales, porque admiro profundamente el valor y el heroísmo del pueblo español en su lucha contra el fascismo internacional; porque mis enemigos de siempre son los mismos que los del pueblo español. Porque si el fascismo vence en España, mañana vencerá en mi país y mi hogar será devastado. Soy un trabajador, un obrero, un campesino que prefiere morir de pie a vivir de rodillas. Estoy aquí porque soy voluntario y daré, si es preciso, hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad de España, la libertad del mundo”.

(*) Responsable de Memoria Democrática del PCE

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