Evelio de Jesús Arango Sandoval, natural de san Antonio de los Baños (Cuba), era, ante todo, un buen tipo, era, como el “Retrato” de Machado, “en el buen sentido de la palabra, bueno”.
Lo conocí en su localidad natal cuando dirigía el museo del Humor. Coincidimos allá en los primeros años de la década de 1990, durante las dos veces que la brigada del Cosal de Vallekas estuvo en el pueblo y después con la Asociación Solidaria Ceiba. También tuvimos otros encuentros al margen, en su casa, en el museo, en la escuela en la que nos alojábamos y en cualquier parque frente a un buchito de café para conversar sobre la Revolución, la vida y el mundo. Sé, que, a su manera, como yo a la mía, siempre hemos estado ahí.
Era una bella y gran persona, afable, cordial, pausada y, como todas y todos los hijos de la Revolución cubana, de una gran cultura. Las evocaciones andan algo empañadas en la retina de la memoria, pero creo recordar que compartía casa con su madre y su hermano, un joven rebelde, que no revolucionario, que en aquel entonces quería otras cosas de la vida, además de política y período especial.
Años después, supe que Evelio se había ido a México en 1997, junto a la que sería su primera esposa. En mayo de 2006 recibí, por sorpresa y con gran ilusión, un mensaje suyo en el que me escribía: “mi amigo especial de madriZ, ¿cómo estás? no seas cabrón y escríbeme algún día. Ya he preguntado mucho por ti a María del Pino y me alegra saber que estás bien”. Le respondí al día siguiente con un: “¡¡¡¡Coñoooooo!!!! ¡¡Qué sorpresa!! Cacho huevón, claro que me acuerdo de ti. Qué bueno leerte. ¿Cómo estás?”
María del Pino Fernández nos había vuelto a poner en comunicación. ¡Qué paradoja!, con ella no he vuelto a tener un contacto directo, más allá de algunos correos electrónicos, a pesar de haber participado juntos en espacios en Cuba y en Madrid y compartir nuestra cercanía por Evelio y también por ´mi abuelo` Héctor Gallo, que la llamaba cariñosamente “la restauradora”. Entre esos nebulosos recuerdos, me parece que ella y yo le regalamos a Evelio un ejemplar de La explosión del desorden de Ramón Fernández Durán. Libro del que, tiempo después (2019), él y yo comentábamos en un cruce de mensajes que el desorden continuaba, pero no terminaba de explotar, y las veces que hacía pequeñas detonaciones era para perjudicar a las de siempre y que todo siguiera igual –nada nuevo bajo el Sol, desgraciadamente—.
Mantuvimos cierto contacto, aunque más esporádico de lo que hubiéramos deseado, intercambiando correos electrónicos y cruzando saludos y queriduras[1], sobre todo de su parte, ya que fue siempre amable y cariñoso. Y algo coqueto, en una ocasión me confesó que, a punto de cumplir 55 años, nadie le veía de esa edad, afirmando “lo cual me complace mucho”. También nos ofrecimos amablemente nuestras casas en varias ocasiones –él siempre pensó que terminaría viviendo en MadriZ, como le gustaba decir—, para volvernos a encontrar, pero nunca llegamos a cumplir ese deseo.
Supe por él mismo que había regresado de visita a Cuba en 2000, 2003, 2004 y 2005, al perder allá a su madre en enero de este último año. Se casó en diciembre de 2005 con Rosy, la que fue su compañera desde entonces y con la que muchas veces firmaba sus mensajes en los que nos daba recuerdos de parte de ambos para Beatriz y para mí.
Se nacionalizó mexicano en 1999. En Mérida (Yucatán) trabajó en un diario local y como reportero del Canal 2 de TV. También fue comunicador social por tres años en la Gobernación del Estado y en las dos últimas décadas ejerció como editor y redactor del periódico Por Esto!
Estando ya en Colombia, le compartía mis entradas al blog a las que muchas veces hacía algún comentario adulador y divertido. Como respuesta a una de ellas, y desde su responsabilidad como coordinador de Unicornio, el suplemento de Cultura de Por Esto!, me pidió permiso para publicar en él mi artículo “La ética de los monstruos”, que había aparecido en Mediaciones Sociales, revista de la Universidad Complutense de Madrid. Por supuesto que, después de consultar con la revista española, accedí. Y él, cumpliendo con su queridura, me devolvió un:
GRACIASAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!
¡¡¡ERES EL MEJOR IGNACIO Y EL MÁS IMPORTANTE IÑAKI DE MADRIZ!!! QUE TENGAN BUEN FIN DE SEMANA.
En los últimos tiempos la bandeja de entrada me rebotaba sus correos. Algo que achaqué a problemas tecnológicos y a lo que no presté mayor atención. Pero, por estos días, de pura casualidad, me he enterado que nos dejó hace más de dos años. Según informa el periodista mexicano Jhonny Oliver Quintal en su página web, Evelio falleció el 20 de marzo de 2024 en Mérida (Yucatán, México).
Este 22 de septiembre Evelio de Jesús Arango Sandoval cumpliría 75 años. Lamento no haberle felicitado antes y no poderlo hacer ya más. En su memoria, esta carta póstuma. Siempre le recordaré como un buen tipo y una gran persona. Un fuerte abrazo para su viuda.
Enlaces:
—Jhonny Oliver: https://www.jhonnyoliverquintal.com/2024/03/fallecio-el-periodista-evelio-arango.html
—“La ética de los monstruos” https://revistas.ucm.es/index.php/MESO/es/article/view/68581
Nota:
[1] Término tradicional de Antioquia (Colombia) que señala a alguien que denota amabilidad, buenos modales y calidez humana. Según el Diccionario de antioqueñismos, es un grado mayor que querido (Eafit, 2009, p. 131).








