El domingo 6 de diciembre se celebrarán en Venezuela las elecciones para la Asamblea Nacional, cumpliendo con lo establecido en su Constitución pese a los intentos de boicot por parte de la extrema derecha, Estados Unidos y la Unión Europea que parece haber renunciado a tener una política exterior propia en pro de la política criminal llevada a cabo por Washington y hacer así frente común con la hasta ahora Administración Trump para someter al pueblo venezolano a una guerra híbrida de bloqueos y sanciones económicas.
Estas elecciones pueden ser un punto final al show que Guaidó inició en 2015 cuando la derecha ganó las elecciones a la Asamblea Nacional y proclamó presidente de la misma al títere de Estados Unidos, quien tiempo después, en 2019, no dudó en autoproclamarse presidente interino, siendo reconocido como tal por quienes no respetan que los pueblos elijan ser libres y dueños de su destino.
Los intentos golpistas de Guaidó, quien ha propiciado que el imperialismo robe miles de millones a los venezolanos y venezolanas, las continuas sanciones y bloqueos criminales que vulneran los derechos humanos y la huida del prófugo de la justicia Leopoldo López, principal valedor de la Operación Gedeón, cuya pretensión era la de invadir militarmente Caracas con decenas de mercenarios provenientes de Estados Unidos, no evitarán que el domingo el pueblo de Venezuela decida su futuro, como así ha hecho desde que el Comandante Chávez alcanzase la presidencia en las elecciones de 1998.
Ese 6 de diciembre de 1998 está marcado a fuego en la retina de la oligarquía y de las élites venezolanas que hasta ese momento habían acumulado grandes fortunas fomentando la desigualdad y la pobreza en el país. La Revolución Bolivariana dio voz a los nadies de los que hablaba el maestro Galeano, lo que supuso la pérdida de poder de la oligarquía venezolana que había regalado la soberanía y las materias primas de Venezuela al imperialismo estadounidense.
Desde ese momento, Estados Unidos y sus aliados incrementaron la presión contra Venezuela, no solo mediante sanciones y bloqueos criminales sino fomentando además intentonas golpistas y no reconociendo los diferentes procesos electorales. Este hecho resulta muy llamativo con respecto a la Unión Europea, a quien no le tiembla el pulso con Venezuela pero que calla de forma cobarde ante las continuas violaciones de derechos en otros países como ocurre en Colombia con quien incluso mantiene acuerdos comerciales a pesar de la no implementación de los Acuerdos de Paz por parte del gobierno de Duque y de los asesinatos, casi diarios, de líderes sociales y ex guerrilleros.
La Unión Europea debe recuperar su autonomía en política exterior, dejando atrás el matonismo de Estados Unidos y actuando en beneficio del diálogo, empezando por reconocer el proceso electoral del domingo y respetando la legitimidad de las instituciones venezolanas.
Estas elecciones serán una prueba de fuego para la oposición venezolana que acude dividida, ya que, mientras los Guaidó, Capriles o López hacen llamamientos a la no participación, otro sector ha optado por una postura más conciliadora y participará el domingo.
El pueblo venezolano lleva veinte años siendo dueño de su futuro, esta es su elección número 26 desde 1998 y, a pesar del asedio y de los continuos ataques de Estados Unidos y sus lacayos, de las amenazas de no reconocimiento del proceso por parte de la Unión Europea, le pese a quien le pese, Venezuela es libre y soberana y el domingo elegirá en paz.







