Nunca se habla de la esclavitud mental

Vamos a meternos en la piel de Rosa, una mujer de mediana edad de cualquier barrio obrero de España. Madruga, trabaja limpiando unas oficinas, o sirviendo cafés a la mañana y dando comidas al medio día, tal vez curre en una residencia de mayores, un hospital o en una nave del gigante Amazon. Llega a casa, atiende a los hijos y en una maniobra imposible es maestra improvisada a la vez que aprovisiona la nevera y planifica la dieta familiar del día siguiente. Extenuada enciende la televisión durante la cena o continúa leyendo los memes y vídeos recibidos a través de redes sociales durante todo el día en su móvil mediocre que ya tiene la pantalla rota.

Rosa se siente explotada, frustrada y sin futuro. Pero la información suministrada a través de los medios le dice que la bandera de España que enarbolan los hosteleros pidiendo ayudas es la salvación a su problema del empleo con pocos derechos y salario raquítico. No una legislación laboral justa para quienes como Rosa son “la España que madruga”, donde el sector privado lo es para los beneficios y no para las pérdidas ni para contingencias como la de la crisis sanitaria que estamos viviendo.

Rosa piensa que al fin y al cabo es afortunada por haber conseguido ir encadenando contratos y así llegar a fin de mes sin demasiadas deudas. Ella piensa como el resto de sus compañeras de trabajo que solo la inversión extranjera, las ayudas de la Unión Europea (aunque no sean gratis y nos sigan ahogando por muchos años) y la reactivación de la hostelería y el turismo son clave para salir a flote. Es lo que dicen los medios continuamente.

Ni Rosa ni las generaciones posteriores estudiaron con los libros de texto la reconversión industrial de Felipe González o la privatización de Aznar de los sectores estratégicos del país. De eso y del blindaje de la Corona con la bandera de España que envuelve la corrupción, la mediocridad, la pobreza y la esclavitud mental de Rosa, María José, Eloísa, Lourdes… nunca se habló, ni antes ni ahora.

Aquí tenemos el auge de VOX. Tenemos también a la cúpula del PP en libertad por increíble que parezca. Y los de Ciudadanos echando solicitudes de ingreso (o reingreso) en los anteriores. El PSOE de Felipe González se encuentra diluido en los otros tres y lo peor es que se hacen pasar por una organización al servicio de la clase trabajadora.

No hay más salida para nosotras, tenemos el deber de sacudirnos de una vez la roji-gualda del cuerpo.

En femenino, porque somos doblemente explotadas y se acerca el 8M, día maldito entre los malditos.

Ilustración: Juan Kalvellido

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