El origen de la música palestina, como subgénero de la música árabe, con sus propias características diferenciales, se remonta a principios del siglo XX, cuando los temas principales de las composiciones versaban acerca de los trabajos del campo o de la pesca artesanal. Esta música folclórica más apegada a la vida cotidiana de los palestinos convivía con las creaciones épicas de los narradores ambulantes.
Es después de 1948, y como consecuencia del desplazamiento forzado por la ocupación, cuando la música palestina se convierte en una herramienta más de la resistencia, símbolo de una identidad colectiva que viene siendo amenazada hasta nuestros días. Así, una de las características diferenciales que señalábamos se empieza a formar en torno a una temática que surge como respuesta a esa nueva realidad.
En los años 70 surgen bandas que llegan a ser tremendamente populares entre la población palestina, como es el caso de Sabreen. En activo hasta 2002, desarrollaron la música palestina moderna y comenzaron a reflejar la dura realidad y el sufrimiento de su pueblo, creando comunidad además en los años 80 a través de la Asociación para el Desarrollo Artístico, como vehículo de promoción de la música y otras disciplinas artísticas palestinas; sus letras solían incluir poemas del poeta Mahmoud Darwish, entre otros; a través de los álbumes de Sabreen, es posible seguir la heroica lucha del pueblo palestino, publicándose durante diferentes hitos históricos, como las matanzas de Shabra y Shatila, la Primera Intifada o los Acuerdos de Oslo.
A finales del siglo XX, también merece destacarse la importancia que adquiere la música clásica creada entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, con la proliferación de múltiples orquestas, inspiradas en los trabajos de figuras como Edward Said, teórico musical que, testigo de la Nakba siendo un niño, llegará a ser miembro del Consejo Nacional Palestino; conocido por su crítica al colonialismo y al eurocentrismo, dejó varios escritos musicales y participó en la fundación de la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente. En su honor, el Conservatorio Nacional de Música lleva su nombre como reconocimiento a su legado.
Un nuevo siglo.
La música popular palestina a comienzos del siglo XXI se describe magistralmente en el documental Checkpoint rock: Canciones desde Palestina (2009); dirigido por Fermín Muguruza, recorre escenarios de la vida cotidiana de músicos palestinos que, desde diversos estilos, comparten la lucha por la dignidad de un pueblo que solo quiere vivir en paz.
El rap feminista de Saffa Arapiyat desde Acre nos hace reflexionar sobre la doble opresión que se sufre como mujer en una sociedad árabe y como ciudadana palestina en Israel
Conocemos así a artistas como DAM, trío que fusiona el rap con la música tradicional; los rockeros Khalas (árabes israelíes de Jalifa) o la popular Amal Murkus, una de las máximas exponentes del folk palestino desde Nazaret; también el rap feminista de Saffa Arapiyat desde Acre nos hace reflexionar sobre la doble opresión que se sufre como mujer en una sociedad árabe y como ciudadana palestina en Israel; la canción popular y tradicional palestina también sigue presente, con bandas que recogen ese rico legado, como Walla ‘at desde Acre y Muthana Sha’than desde Jenin, mientras PR (Raperos Palestinos) buscan ofrecer soluciones al conflicto cantando junto al muro.
Efectivamente, sin el rap y el movimiento hip-hop no sería posible entender la música palestina más reciente, surgiendo de los mismos artistas como Ettijah, grupo de raperas palestinas formado en 2013, que a través de sus trabajos tratan de generar conciencia sobre la cuestión palestina, marcadas ya desde su nacimiento por las penurias y la conciencia de saberse sin la posibilidad de poder disfrutar de unos derechos humanos cada vez más ignorados en cada vez más territorios del planeta; Ettijah rapea acerca de la situación en Palestina, así como sobre diferentes cuestiones sociales, los derechos de las mujeres y las niñas, cuestiones todas ellas atravesadas por el horror de la ocupación.
Finalizando 2025, y en pleno genocidio que persigue aniquilar a todo un pueblo, y con él su cultura, merece la pena señalar una de las muchas iniciativas que no se resignan a que su legado sea destruido; así, el artista Mo´min Swaitat, tras un arduo trabajo, ha conseguido crear el Archivo de Sonido Palestino, donde ha recopilado música entre las décadas de los 60 y los 90, rescatando así en formato digital para las generaciones más jóvenes, aquellas músicas y formatos que estaban condenadas a ser olvidadas.
Un pequeño ejemplo de una lucha que debe continuar.







