Según a qué hora del día, tenemos el salón de estar rebosando de noticias que nos ofrece la televisión: incendios, inundaciones, corruptelas… Como estamos sufriendo un grado alto de machaque mediático programado, entre intervenciones de tertulianos expertos en algarabías de opinión, líderes políticos que mienten más que hablan y algún primera figura viviendo a cuerpo de rey, he intentado ordenar la memoria para entender las noticias y la relación entre pasado, presente y futuro. Y he tenido la idea de consultar un tocho de 154 páginas que me remitió en su día una joven politóloga, Laura Alfaya-Cardona, de la Universidad de Antioquia, y conocedora de la influencia de los marcos sociales en el acto de rememorar/olvidar. Esto con el fin de analizar las formas en que los sujetos promueven la memoria… en cómo estos grupos enmarcan su memoria (como se señala y explica en el título del trabajo de grado, “Del estudiante caído al estudiante heroico. Tránsitos y disputas por la memoria”) y perciben la de otros. (Por ejemplo, la de Juan Carlos de Borbón, que acaba de poner en venta la suya, o la memoria desfallecida del presidente de la Generalitat de Valencia, que no conseguía acordarse con certeza inamovible de sus andanzas en medio de la Dana del día 29 de octubre).
Al analizar la memoria como un proceso cambiante, se logra observar y comprender cómo las dinámicas sociales y políticas influyen en nuestra percepción del presente, del pasado y en nuestras aspiraciones para el futuro.
La memoria puede ser entendida a través de tres dimensiones: como procesos subjetivos, como objeto de disputas y conflictos, y como una historización del pasado. Es un proceso construido socialmente que vincula el pasado con el presente, en el que convergen los actos de rememorar y olvidar.
La memoria social no es un relato desinteresado, sino que está influenciado por intereses y narrativas colectivas que reflejan las subjetividades de los grupos que la construyen
No es un proceso desinteresado, sino que está influenciado por intereses y narrativas colectivas.
Y en los estudios sobre los marcos sociales, es fundamental la forma de nombrar los sucesos. Las formas de nombrar una problemática o evento influyen en cómo los grupos se identifican con la misma. Lo que lleva a plantear cómo los tipos de memoria en las que se enmarcan los grupos, permiten observar los efectos materiales del lenguaje y su impacto en la memoria, ya sea en el sentido de transformarla o conservarla.
La memoria social no es un relato desintencionado del pasado, sino un proceso cargado de significados que refleja las subjetividades de los grupos que la construyen. Conservar sin elegir no es una tarea de la memoria. Por lo que los vacíos, silencios y olvidos son vistos desde la memoria social como una parte de la construcción del relato y no solo como una ausencia en éste. Y el testimonio es juzgado no solo en términos de veracidad, sino en el sentido de observar cómo los sujetos perciben los acontecimientos que rememoran.
Tomemos buena nota para poder salvar el recuerdo más completo y preciso a través de los tránsitos y las disputas. Tendremos que organizarnos la memoria para no perder la historia.








