Pertenezco al grupo de los invisibles. Somos los ángeles custodios que velamos por vuestra salud, sin nosotros sería una catástrofe el coronavirus.
A nosotros siempre nos han llamado los invisibles. ¿Por qué no nos aplauden a nosotros? Aun así seguiremos trabajando 24 horas al día, 365 días al año.
Pertenezco al grupo de los invisibles. ¿Quién nos limpia la basura? ¿Quién, literalmente, limpia la mierda de nuestras calles? Es una pregunta que se vuelve imperiosa cuando de la limpieza depende la profilaxis que evite el contagio, cuando la limpieza se vuelve, también, una cuestión de vida o muerte.
Somos uno de esos sectores imprescindibles que resulta curioso mencionar cuando todo duerme en la normalidad capitalista porque deviene invisible a los ojos de la vulgata posmoderna: la limpieza viaria. No nos engañemos, es así todos los días pero solo desde hace un año nos hemos vuelto, dolorosamente, un poco más conscientes de ello. ¿Cómo trabajan los que limpian las calles? ¿En qué situación están? De nuevo, un asunto de clase.
Las limpiadoras y los limpiadores combatimos el virus en las calles, con pocos medios y con una situación previa de precariedad laboral y vital. Somos los recolectores de los residuos patológicos en los hospitales y en las residencias de ancianos que funcionan como centros de aislamiento para enfermos de coronavirus. Los recogemos en los hospitales y los llevamos a una planta de tratamiento de residuos patológicos en Wuppertal dónde son incinerados. La mayoría de los compañeros de trabajo han padecido la pandemia. Como los médicos, estamos en la línea de fuego. Somos trabajadores esenciales y reclamamos ser vacunados al igual que los trabajadores de la salud por la exposición al virus que tiene al mundo de rodillas.







