Análisis desde Francia de las elecciones municipales

La izquierda francesa ha logrado mantener la mayoría de sus alcaldías en las grandes ciudades gracias a dinámicas de unidad

Los comunistas siguen siendo la tercera fuerza municipal del país, lo que constituye una buena noticia y un excelente punto de partida para abandonar el repliegue y pasar a la ofensiva.
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Elecciones municipales Francia 22 marzo 2026

Para entender estas elecciones, es imprescindible considerar el contexto en el que se desarrollan y el momento del ciclo electoral en el que nos encontramos. En las elecciones presidenciales de 2022, el líder de La France Insoumise (Mélenchon) estuvo a punto de superar a Marine Le Pen y acceder a la segunda vuelta. Aunque el mismo día de su derrota Mélenchon pronunció la frase “hacedlo vosotros mejor”, lo cierto es que a partir de ese momento La France Insoumise (LFI) puso en marcha una estrategia centrada en un único objetivo: las presidenciales de 2027.

La táctica de LFI se organiza en torno a dos ejes centrales: por un lado, construir una implantación local de la que hasta ahora no tenía y, por otro, debilitar a la izquierda tradicional radicalizando a sus seguidores contra el resto de las fuerzas progresistas. Al mismo tiempo, mantiene en tensión permanente la potente maquinaria electoral que ha conseguido poner en marcha en los últimos años. Además, para clarificar su línea ideológica, con motivo de su décimo aniversario presentaron un documento en el que definen sus principios donde sostienen que la clase obrera ha sido derrotada, que la contradicción fundamental pasa ahora a ser “pueblo contra élites” y que su horizonte estratégico es una “revolución ciudadana”, similar a los procesos que se han desarrollado en varios países latinoamericanos.

A partir de esa posición de fuerza se llevaron a cabo las negociaciones que dieron lugar, primero, a la NUPES y, más tarde, al NFP (Nuevo Frente Popular). Fueron negociaciones bilaterales entre cada partido y LFI, dirigidas desde las cúpulas y sin tener en cuenta la realidad concreta de cada territorio, de modo que la militancia de base se vio obligada a aceptar un acuerdo ya decidido e impuesto desde arriba. Quienes trabajábamos sobre el terreno tuvimos que limitarnos a apoyar al candidato que esas negociaciones habían designado, en muchos casos personas que venían de fuera y que no conocían la realidad local. Este proceso generó una gran ilusión hacia el exterior —hasta el punto de que la coalición se convirtió en la principal fuerza en la Asamblea Nacional—, pero internamente sembró numerosas dudas y desconfianzas. Circunscripciones tradicionalmente de izquierda se vieron de repente defendiendo a un candidato de LFI en territorios donde este partido había sido minoritario, colocados ahí en vistas de las siguientes municipales. Esto provocó un debilitamiento de la unidad que ya existía y, aunque estos pactos pueden resultar exitosos en un primer momento, una unidad que no está consolidada desde abajo tiende a fracturarse e incluso a generar enfrentamientos, como efectivamente ocurrió durante las elecciones municipales.

En este contexto comenzaron las negociaciones para las candidaturas de la izquierda en 2026. Se intentó reeditar las coaliciones de 2020, pero pronto quedó claro que LFI no buscaba la unidad, sino aprovechar su fuerza tras las legislativas para reforzar su implantación local y preparar el camino hacia las presidenciales de 2027.

Elecciones municipales 2026

El resultado global para la izquierda no es negativo, pero tampoco puede considerarse especialmente bueno. En las grandes ciudades, la izquierda francesa ha logrado mantener la mayoría de sus alcaldías gracias a dinámicas de unidad. Las coaliciones formadas entre socialistas, ecologistas y comunistas han permitido preservar gobiernos municipales en ciudades como París, Lyon o Marsella.

LFI logra consolidarse como una fuerza municipal significativa, tanto en grandes ciudades como en municipios del extrarradio, sobre todo en París y Lyon. Sin embargo, casi todas las ciudades que conquista ya estaban en manos de la izquierda, excepto Roubaix. Su principal victoria es Saint-Denis, obtenida en coalición con el PCF, donde la oposición será socialista y trotskista.

En Lyon, LFI se hace con Vénissieux —gobernada por los comunistas durante más de 90 años— por solo 25 votos, lo que provoca un fuerte malestar en la militancia comunista del departamento.

En resumen, dentro de la derecha, los republicanos tradicionales siguen siendo la principal fuerza municipal del país. El macronismo no logra consolidarse a nivel local, y todo indica que no lo hará. El partido Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) mantiene la mayoría de los ayuntamientos que ya tenía y avanza con fuerza en zonas históricamente de izquierda, aunque continúa sin asentarse en las grandes ciudades, salvo el susto que provocó en Marsella. Con estos resultados, el RN sigue consolidándose como una fuerza alternativa de primer orden y debería considerarse el principal enemigo de la izquierda.

En la izquierda, el Partido Socialista sigue siendo la segunda fuerza municipal del país, y el PCF mantiene el tercer lugar. Sin embargo, el conjunto de votos de la izquierda continúa disminuyendo elección tras elección. LFI logra avanzar en su implantación local, pero ese crecimiento no se produce a costa de la derecha ni de la extrema derecha, sino principalmente a expensas de la izquierda tradicional. La realidad es que, desde el desastroso mandato de Hollande, la izquierda francesa no ha dejado de retroceder electoralmente.

El Partido Comunista Francés

El PCF obtiene unos resultados que no son malos, con muchas alegrías, pero también con derrotas muy duras.

En las cuencas mineras del norte ha perdido varias ciudades de tamaño medio frente al RN, que se consolida con fuerza en estos territorios históricamente comunistas. En estas zonas, la extrema derecha multiplica su número de concejales y pasa de gobernar un solo municipio a controlar numerosos ayuntamientos, mostrando un avance preocupante en un espacio que fue durante décadas un bastión del movimiento obrero.

En los extrarradios de las grandes ciudades, el PCF logra mantener la mayoría de los municipios donde ya gobernaba, a menudo en enfrentamientos directos con LFI, y en otros casos vuelve al gobierno gracias a coaliciones encabezadas por esta. En las grandes ciudades, su participación en listas unitarias permite aumentar el número de concejales en París, Marsella y Lyon. En esta última, el Partido recupera un grupo municipal después de muchos años y un militante de la organización Exterior del PCE resulta elegido en el ayuntamiento del 3ᵉ arrondissement.

La gran noticia llega desde Nîmes, ciudad que los comunistas perdieron hace 25 años y que ha sido recuperada gracias a la unidad de la izquierda y el liderazgo del Partido, ganando en segunda vuelta al RN. Este resultado también fue posible porque la derecha tradicional se negó a pactar con la extrema derecha. Con sus 150.000 habitantes, Nîmes se convierte en la tercera ciudad más grande de Europa gobernada por comunistas, solo por detrás de Graz (Austria) y Patras (Grecia).

El balance general es que se han perdido más ciudades de las que se han recuperado, aunque la gran mayoría se ha mantenido. Aun así, los comunistas siguen siendo la tercera fuerza municipal del país, lo que constituye una buena noticia y un excelente punto de partida para abandonar el repliegue y pasar a la ofensiva.

Consecuencias

La principal consecuencia es que Mélenchon mantiene sin desviarse la estrategia anunciada al inicio de este texto. Ha confirmado que habrá un candidato insumiso para las presidenciales y presiona al resto de la izquierda para que lo respalde, advirtiendo que, si no lo hacen, no habrá unidad en las próximas legislativas. Ante este escenario, tanto el PS como los ecologistas salen con muchas dudas sobre qué posición adoptar a partir de ahora.

El PCF afronta su congreso de julio con la necesidad de avanzar y acelerar el proceso de reconstrucción iniciado en 2018. En un panorama donde proliferan múltiples opciones socialdemócratas que compiten por un espacio electoral cada vez más reducido, resulta evidente que la clase trabajadora necesita un proyecto propio de emancipación, capaz de ofrecer una alternativa real y no solo electoral. En la presentación del 40° congreso, el Secretario Nacional Fabien Roussel apeló a la ambición para definir un proyecto para los próximos 15 – 20 años.

Confiemos en que los debates ideológicos y estratégicos que ya están en marcha, y que se sintetizarán en la fase final del congreso en julio, permitan reforzar al Partido y avanzar hacia su transformación en la herramienta política central de nuestra clase. Para el movimiento obrero es vital disponer de un partido que no solo intervenga en el terreno electoral, sino que defienda sus intereses cotidianos y organice su propia emancipación. Esta es la única forma real de hacer frente a la extrema derecha.

(*) Daniel Segura, militante del PCE Exterior y PCF, nuevo concejal del 3º arrondissement de Lyon

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