Cuba: la reelectrificación imprescindible (3)

Cuba impulsa la energía solar con apoyo de China, pero los plazos hasta 2050 generan dudas en medio del bloqueo y la crisis eléctrica.
Fábrica de paneles fotovoltaicos en Pinar del Río | cubainformacion.tv
Fábrica de paneles fotovoltaicos en Pinar del Río | cubainformacion.tv

Las expectativas de los cubanos de solucionar la crisis energética nacional se renovaron con las noticias de la colaboración de China para impulsar el desarrollo de la generación de electricidad a partir de las fuentes renovables, en este caso de la solar, con la ejecución de un plan nacional de instalación de 90 parques en su primera etapa, de las cuales ya hay 75 funcionando, y otros 92 hasta 2028.

Lástima que el país haya enrumbado tan tarde al cambio de su matriz energética de material fósil a naturales o renovables, como el sol, el aire, el mar y otros, aunque algo se hizo cuando se construyó la fábrica de paneles fotovoltaicos de Pinar del Río que ahora funciona con asistencia china. Lo importante es que ya echó a andar.

Hay un pero, como casi siempre en estas cosas, y son los tiempos tan prolongados planteados por el gobierno para llegar al 2050, año fijado para alcanzar el 100 por ciento de la renovación de la matriz y no usar nunca más combustible fósil en la generación de electricidad.

Quienes peinan canas temen no ver los resultados y, como la inmediatez es la que rige la vida del ser humano desde que nos metieron en la era digital, una fecha a 25 años vista impacta en la siquis de muchas personas, en especial la de las generaciones boomers hasta millennials, para quienes el camino hacia el 2050 está empedrado de incertidumbres.

Hay que tomar en cuenta que la base energética de Cuba a partir del petróleo respondió a una coyuntura precisamente creada por el bloqueo 60 años atrás cuando las fuentes alternativas de origen natural como las que hemos mencionado y otras, eran casi un sueño tecnológico antes de la crisis de 1973.

Transición energética en Cuba y apuesta por energía solar

El país hizo énfasis en las termoeléctricas por las facilidades que nos brindaba un abastecimiento seguro y a tiempo del petróleo desde la URSS, pero el curso de los años y el avance tecnológico en esas y otras áreas, las hicieron obsoletas y muy contaminantes. Cuba se quedó estancada allí por las razones que sean, y a partir del período especial que empezó en 1990, las refacciones y mantenimientos de ellas se convirtieron en un dolor de cabeza.

Los contratos con China, de lo que hemos hablado en los dos trabajos anteriores, y las declaraciones del presidente Díaz-Canel, son muy alentadoras, pero lo fueran más si hubiesen tenido algún impacto en los cronogramas de ejecución anunciados con anterioridad con 2050 como meta concluyente.

Con la experiencia del bloqueo petrolero aplicado por el presidente Donald Trump, la disposición de China de ayudarnos a salir del agujero energético, y las referencias del estudio del Proyecto de Seguridad para la Transición (TSP), de la Commonwealth, parece que es dable hacer una revisión de los tiempos estipulados.

Al menos los de la etapa de 2030 a 2050, a fin de analizar si se pueden modificar y acelerar, aunque sea la conversión industrial que plantea una producción compartida 50-50 de las fuentes renovables con los combustibles fósiles dentro de más de 20 años, y en 2050 la transformación cuando ya gran parte del mundo probablemente haya eliminado el combustible fósil por imperio de la supervivencia de la humanidad frente al cambio climático.

El presidente anunció que Cuba se propone generar en 2030 el 29 por ciento de la electricidad a partir de estas fuentes; en esa década debe alcanzar el 100 por ciento de generación con base en las fuentes nacionales de energía (FNE), es decir, petróleo crudo y gas acompañante, y las FRE, a razón de 50/50. Y para 2050 debe completarse la transición energética: producir el 100 por ciento de electricidad con FRE.

Esas cifras deben estar respaldadas por un importante estudio de las posibilidades y capacidades que se proyectaban a partir de la realidad de Cuba, y claro, las magnitudes del bloqueo. Pero cambiaron violentamente en solo unos meses con las arbitrariedades de Trump y su bloqueo petrolero acompañado de amenazas de agresión criminal.

Crisis eléctrica en Cuba y el impacto del bloqueo

La nueva situación nos puede llevar a una conclusión monterrosana: “Y cuando despertemos, el bloqueo todavía seguirá allí”. Y la pregunta será: “¿Estaremos inmunes a medidas draconianas similares a las de este 2026?”.

Ojalá que los especialistas, economistas, ingenieros y estrategas, lograran trazarse una meta para acortarlos los plazos y que por lo menos la generación que viene detrás de nosotros disfrute algo, y que episodios como los apagones totales provocados por Trump no se repitan y se conviertan solo en anécdotas kafkianas.

La tóxica y mala relación que los presidentes de Estados Unidos de Ike Eisenhower hasta ahora Trump, se empeñaron en sostener con Cuba, sigue caracterizando a nuestros vecinos del “norte revuelto y brutal que nos desprecia” como tan acertadamente dijo Martí. Ni Trump ni nadie debe atemorizarnos, y mucho menos imaginar o creer, que nos va a vencer y aplastarnos como a una cucaracha, porque eso nunca lo vamos a permitir.

Pero sí tenemos que admitir y asumir que tenemos una economía en franco deterioro con un parque industrial paralizado y obsoleto y en muchos sectores desmantelado sin que haya caído ni una sola bomba para destruirlos, y que Trump la ha aprovechado con la intención de descuartizarnos extendiendo la medida hacia el petróleo para que no nos llegara ni siquiera un barril para encender las estufas de los hogares, no ya para echar a andar la industria y el transporte.

Es lamentable que en años atrás no tuviéramos la visión de prever en el terreno energético situaciones de una agudización descomunal del cerco imperialista, ni tener reservadas posibles soluciones que hubiesen impedido llegar a estos extremos de cocinar con leña, con tanto sol, aire y mar que tenemos. Tampoco es hora de lamentarse, y mucho menos de buscar culpables, porque el contexto es claro y quien lo intente seguramente lo hará de mala fe.

Energía renovable en Cuba: plazos, desafíos y futuro

La carencia de electricidad en Cuba podría tomarse como ejemplo de falta de previsión o de diseño de estrategias insuficientes que podríamos escudriñar para determinar qué parte corresponde al bloqueo y cuál a nosotros, pero solo es válida si aporta soluciones realizables al problema y no crea otros adicionales.

Lo mejor es mirar al futuro desde un presente que podemos y debemos dominar porque, en medio de la agresividad imperialista, Cuba tiene las condiciones perfectas para un cambio tecnológico al ciento por ciento de su matriz energética en tiempo relativamente corto si logramos que a la colaboración china se unan otros amigos, y si convertimos la reelectrificación en el frente principal de la batalla contra el bloqueo.

¿Qué nos lo impide? ¿El gobierno de Estados Unidos? Podría y seguramente querría hacerlo, pero no podemos permitírselo. Ampliar el mega proyecto con China requiere financiamiento y sabemos que EEUU hará todo lo posible para entorpecer la inversión extranjera directa y la obtención de créditos, pero seguramente nuestros especialistas encontrarán vías, quizás como las sugeridas por la TSP de la Commonwealth, u otras alternativas.

Pero, tengamos en cuenta que serían inversiones redituables que el sol y el aire nos ayudarían a pagar si se aplican tarifas al servicio diferenciadas y razonables, y sus resultados no se desvían a otros compromisos fuera de los gastos del sector energético.

La meta, el gran objetivo, es la energía alternativa esté o no el bloqueo, aunque se oponga la naturaleza o el sursuncorda de la demolición con cien huracanes al unísono como Rafael que tuvo al país sin luz tres días. Y no estoy descubriendo el agua fría.

Uruguay hace años que vive con energía alternativa, Cuba lo puede y debe hacer, y ya lo dijo el presidente Díaz-Canel cuando proclamó que el futuro energético está en las fuentes alternativas, no en las termoeléctricas, y así será, porque no le tenemos miedo ni a Trump ni a nadie, aunque sea más perverso que él.

Por el contrario, el bloqueo petrolero nos hizo tomar mayor conciencia de que nuestro futuro energético depende del astro rey, de la brisa y el mar del que viene, y que el esfuerzo tecnológico que hagamos se centre en esos factores y no en las termoeléctricas que requieren siempre la obtención del petróleo extranjero, y mantenimiento altamente costoso.

Se puede ir avanzando poco a poco, paralelamente con los proyectos grandes, ampliando en la medida que aumenten las capacidades financieras la venta de equipos fotovoltaicos a mipymes, o a comunidades vecinales que organicen cooperativas para instalar pequeñas centrales barriales, y otras iniciativas que pueden estar entre las alternativas más modestas para estabilizar el servicio a la industria y a la población.

Sería aconsejable volver a revisar las leyes y aprobar, si no existieran, aquellas como las vigentes en algunos países que obligan a las empresas constructoras a presentar junto al proyecto arquitectónico del edificio, sea del tipo que sea, el de autoabastecimiento de electricidad con tecnología solar. Todas se pueden imbricar a la propuesta de TSP que acabamos de ver.

Cuba, a pesar de las dificultades, no está atrás en lo que respecta a este tema y cuenta con excelentes especialistas muy activos en el estudio, investigación y actualización de las energías alternativas, cuyos conocimientos los renuevan en los talleres internacionales que periódicamente son convocados por la Sociedad Cubana para la promoción de las fuentes renovables de energía y el respeto ambiental conocida como Cubasolar, que ya tiene más de tres décadas de fundada.

Mientras tanto, al igual que se requieren estudios sobre abastecimiento de agua potable de una obra para que no altere su distribución en la zona asignada, debería hacerse por obligación en lo que respecta a toda construcción de grandes edificios y su aporte al sistema eléctrico central.

Precisamente instalando equipamiento solar —incluidas baterías para acumular energía y cubrir posibles déficits en caso de una baja en la captación de energía— cuya generación sea superior al consumo diario planeado por los ingenieros. Es decir, “subir” al sistema nacional una cantidad determinada de kw.

El mismo programa se puede aplicar para los actuales grandes edificios del país, como el Focsa en el Vedado, Habana Libre o el nuevo de la calle 23, para su autoabastecimiento y aporte al sistema nacional, quizás con el apoyo financiero de los propios vecinos, como precisamente se está exhortando ahora a los ciudadanos con recursos para que adquieran los kits. Habría que determinar por ley que los particulares, las mipymes, o compran los kits y se autoabastecen sin perjudicar a los vecinos, o pagan una tarifa determinada por el estado según sus niveles de consumo eléctrico e ingresos declarados.

Seguramente la empresa eléctrica tiene un listado de grandes consumidores. Habría que empezar por ellos y buscar cómo pueden contribuir financieramente sus autoridades, vecinos o trabajadores a equiparlos con los paneles y baterías correspondientes. Mantengamos la convicción fidelista de que venceremos.

Fuente: almaplus.tv

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