La República Popular China, vanguardia de la revolución tecnológica en el mundo, está dando un gran impulso al avance de Cuba hacia una transformación energética que garantice una reelectrificación nacional y resuelva definitivamente la escasez de fluido eléctrico en la isla, que ha sido el talón de Aquiles en el enfrentamiento al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos hace más de seis décadas y media.
Lo más importante no es solamente que haya donado una planta solar que se instala en Cienfuegos y ayudará a reducir los apagones, sino su disposición a colaborar en la construcción de parques solares a gran escala con transferencia tecnológica y apoyo a su financiamiento con acciones concretas como los 75 proyectos ya concluidos o en fase de terminación de 90 previstos en apenas un año, los cuales generarán al final 2000 MW.
El siguiente ciclo comenzará inmediatamente y se prevé ampliar el sistema a 92 instalaciones más para 2028. La idea es que, solamente por la vía de paneles solares, Cuba pueda equiparar la producción basada en combustibles fósiles, de manera que se irá liberando del petróleo para ese uso con el consiguiente impacto económico y ambiental positivo.
La cooperación china incluye transferencia tecnológica y provisión de insumos pues se trata de plantas completas, es decir, con sistema de acumulación para que continúe trabajando cuando no haya sol.
Cuba tiene una excelente ventaja sobre otros países subdesarrollados, y es que cuenta con un potencial científico muy elevado con capacidad para enfrentar todos los retos tecnológicos que una empresa de esa naturaleza demanda, y eso facilita una mayor fluidez en la participación china en el proyecto.
Incluso, puede regionalizarse y favorecer a países cercanos de la cuenca del Caribe pues, al menos hipotéticamente, Cuba podría ser una gran planta eléctrica para ellos, si China decide financiarlo y acelerar la expansión del proyecto tomando en cuenta que la tecnología solar, eólica y marítima desarrollada por el gigante asiático encuentra en el ámbito antillano un excelente escenario para su desarrollo e investigación, y Cuba pasaría a ser el gran referente mundial al respecto.
Por ejemplo, los científicos de ambos países tendrían a su disposición los factores indispensables para investigar, ensayar y ejecutar, los actuales y futuros mecanismos y tecnologías para el desarrollo de almacenamientos de la energía acumulada en contenedores que no se descargarían nunca y garantizarían un suministro estable y sin baches las 24 horas del día todos los días.
Requerirá, probablemente, el desarrollo de otras tecnologías complementarias en las cuales se sabe que trabaja China que, a pesar de su enorme potencialidad en las fuentes renovables, todavía depende en gran parte de petróleo extranjero para su industria y el transporte, y como no se autoabastece, adquiere crudo de Rusia y países del Golfo Pérsico, en especial de Irán, ahora sometido a una guerra fratricida yanqui.
Hay estudios recientes que avalan la decisión del gobierno de Cuba de cambiar su matriz energética, y la de China de contribuir a convertir a la isla en una potencia productora de energía a partir de sus fuentes naturales.
Se puede citar la de un grupo de expertos del Proyecto de Seguridad para la Transición (TSP), de la Commonwealth, quienes afirman que Cuba podría superar el bloqueo energético de Estados Unidos con solamente 8.000 millones de dólares de inversión en energía renovable, incluida financiación climática internacional, y así cubriría el 93,4 por ciento del consumo nacional.
Para Cuba es mucho dinero y ni soñando podría pensarse en llegar a tales cifras si no hay un modo factible y creíble de generarla, pero la TSP considera que sí es posible debido a que —fuera de Estados Unidos, el gran enemigo y opositor a todo lo que huela a desarrollo en Cuba—, el resto del mundo tiene tanto la responsabilidad como el interés de financiarla.
El estudio, publicado bajo el título Sunrise After the Blockade, propone una hoja de ruta concreta en la que modeló cuatro escenarios de inversión y todos arrojan el mismo resultado: la electricidad renovable es más barata que la actual en todos los casos. El costo por unidad de energía cae de 14,3 céntimos por kWh en el escenario base a 6,5 céntimos con una inversión de 8.000 millones de dólares.
Con 19.200 millones, Cuba alcanzaría una red eléctrica 100% renovable, convirtiéndose en el primer país del Caribe en lograrlo. Aclaremos: es lo que dice el TSP.
Luego explica cómo Cuba podría lograr independencia energética total solar, eólica y bioenergía, y señala que el escenario más ambicioso del TSP asigna tres cuartas partes de la generación eléctrica a la energía solar, una quinta parte a la eólica y el resto a hidroeléctrica y bioenergía. Habría que ver a qué se refiere con la hidroeléctrica, si es a la marítima, porque la isla carece de grandes ríos para ese propósito.
Los escenarios más económicos —desde 1.000 millones de dólares de inversión— dependerían en mayor medida de la bioenergía y la eólica, aprovechando los recursos naturales de la isla sin necesidad de grandes importaciones tecnológicas, apunta la TPS como alternativas.
Kevin Cashman, investigador del TSP y autor del análisis, admite que la estrategia de dominio energético de Estados Unidos busca afianzar la dependencia de los combustibles fósiles, frenar la transición ecológica y fortalecer el poder estadounidense.
Pero la energía solar y el almacenamiento en baterías, cada vez más económico y escalable, debilitan dicha estrategia. Y para países como Cuba, con enorme potencial renovable, la transición verde no es solo una solución económica: es una respuesta política a la coerción.
Recuerda que, en el último año, el gobierno cubano ya ha puesto en marcha más de 1.000 MW de energía solar con financiación y asistencia de China, lo que demuestra que la isla tiene la capacidad institucional y técnica de ejecutar una transición de esta magnitud a velocidad significativa.
Cashman plantea un criterio que merece ser tomado en consideración. Él dice: Incluso la inversión más modesta contemplada en el estudio —5.000 millones de dólares— reduciría la dependencia cubana de los combustibles fósiles importados a apenas una quinta parte de la generación eléctrica total, lo que prácticamente eliminaría la capacidad de Washington de usar el suministro energético como arma de presión política sobre la isla.
¿Quién debería financiar la transición energética de Cuba y por qué el mundo tiene interés en hacerlo?, se pregunta, y argumenta: La pregunta más incómoda del informe es también la más relevante: ¿quién paga? El TSP responde con un argumento que reencuadra el debate: la financiación de esta transición debe entenderse como financiación climática reparadora.
Cuba no es responsable del cambio climático —sus emisiones históricas son negligibles (insignificantes)— pero es uno de los países más vulnerables a sus efectos, y ha sido castigada además con un bloqueo que impidió durante décadas su acceso a tecnologías más limpias.
Los mecanismos de financiación climática internacional, los fondos de cooperación para el desarrollo y la banca multilateral tienen, según el TSP, tanto la obligación moral como el incentivo estratégico de participar en el proyecto energético cubano.
Una Cuba energéticamente soberana y con electricidad más barata que la actual no solo beneficia a sus 10 millones de habitantes: serviría de modelo demostrable para el resto del Caribe, una región que importa casi toda su energía a precios elevados y que lleva décadas buscando una alternativa viable, agrega.
El informe concluye con una afirmación que seguramente no le gustó mucho a Trump, si es que se enteró o le dijeron algo del TSP: la transformación energética «daría un ejemplo importante de una transición energética rápida en condiciones de restricciones externas», lo que tiene un valor político y técnico que trasciende a Cuba.
Lo importante: En un momento en que el bloqueo energético de Estados Unidos es denunciado como ilegal por el canciller cubano, por China, por Rusia y por buena parte de la comunidad internacional, la propuesta del TSP ofrece algo que el debate sobre Cuba rara vez produce: una salida concreta, medible y financieramente viable al chantaje energético que Washington lleva meses aplicando sobre la isla. (Continuará)
Fuente: almaplus.tv







