Un fantasma recorre Extremadura. El fantasma del 25 de marzo. El viejo fantasma de la organización obrera, de la conciencia de clase, de la movilización, y, en último término, de la revolución. Durante esta última década la fecha de la revolución jornalera de 1936 ha sabido resurgir y expandir, con cierto éxito, una identidad característica del pueblo extremeño que estaba ahí, pero que los poderes han reprimido y silenciado para que la losa de la identidad construida sobre los y las extremeñas fuera la de la resignación, desmovilización, silencio, conformismo o emigración como única solución a los problemas vitales.
La recuperación desde Extremadura para las generaciones actuales del espíritu del 25 de marzo, unido a la deconstrucción y crítica desde los pueblos latinoamericanos del espíritu colonialista-imperialista de la derecha española, de los crímenes cometidos por ciertos españoles y extremeños en la “conquista” de América, hasta llegar a conseguir que figuras como un monarca de España pida perdón por los abusos cometidos por los supuestos “conquistadores” ha hecho que empiece a desquebrajarse el sentido común y la identidad para Extremadura habían reservado los señoritos, los caciques de antes y de ahora, como si de un coto privado de caza se tratase.
Ante el auge del “sentimiento” o “sentido común” de los valores y lo que representó y representa el hito del 25 de marzo para Extremadura y su clase, la derecha, los poderes fácticos se han visto obligados a mover ficha. Y la primera piedra la ponía la presidenta María Guardiola en septiembre de 2024, cuando en el acto de entrega de las Medallas de Extremadura en el teatro romano de Mérida, en vísperas de un 8 de septiembre, Día Oficial de Extremadura, anunciaba la creación de una nueva asignatura en el currículum de los institutos extremeños. Y lo hacía el mismo día que el atleta campeón olímpico Álvaro Martín reivindicaba el 25 marzo en ese mismo acto. Guardiola intervenía posteriormente para anunciar que la derecha pasaba a la ofensiva de la batalla cultural. Y lo hacía de forma sibilina, anunciando que su gobierno iba a crear una asignatura de la que hasta ese momento no se sabía nada de ella: Extremestiza. Ya estaba la operación en marcha.
Hace un mes, el pasado 5 de abril, se publicaba en El Periódico de Extremadura un curioso análisis sobre Extremestiza, que aparecía firmado por Redacción pero que hablaba en primera persona y emitía multitud de valoraciones, todas positivas sobre este proyecto. Al no estar firmado, no sabemos si fue directamente la Junta de Extremadura quien lo escribió, ya que contiene afirmaciones como que “es un compromiso firme del gobierno de María Guardiola y constituye el primer programa en la historia de Extremadura de compromiso real con el vínculo histórico y cultural que une a Extremadura y América”. Lo que sí está claro es que está escrito por alguna persona/s implicada/s en el mismo porque lo dice durante el texto. El mismo deja algunas perlas de lo que es esta asignatura. Comienza afirmando que “ha existido un enorme vacío respecto a la relación indisoluble entre América y Extremadura desde siempre”. Rara declaración cuando nuestra región está plagada de plazas y calles con nombres de los que llevaron aquella “conquista”, cuando no directamente ocupan el propio nombre de “conquista”.
Solo dos semanas después, una nueva pieza aparece en el mismo medio (estrategia también utilizada para hacer campaña contra el cierre de la central nuclear de Almaraz) donde se habla de las bondades de la misma. Tampoco aparece la firma de quien lo escribe. En el mismo destacan que “el propósito fundamental de esta estrategia es rescatar y revalorizar el concepto de mestizaje más allá del hecho histórico, como un punto de encuentro y crecimiento compartido entre ambas orillas del Atlántico”.
Volviendo a lo que nos atañe en este artículo, al sentido que cobra la aparición e implantación de esta asignatura en estos momentos para alumnos de 3º y 4º de la ESO, el 25 de marzo ha demostrado que cada vez tiene más permeabilidad entre la juventud extremeña. Y prueba de ello, por ejemplo, es que cada año, ese día, cada vez más jóvenes influencers extremeños/as dedican contenido en sus redes personales a explicar y alabar ese día. Al punto de que en 2025 la ahora nueva diputada del Partido Popular en la Asamblea de Extremadura, y por entonces creadora de contenido sin vinculación expresa con esta formación, Zulema Romero, llegó a hacer un vídeo sobre el 25 de marzo, donde incluso reconocía que “aquellos jornaleros fueron perseguidos por, creo, querer construir un futuro más justo”. Un síntoma de que algo está cambiando, y de que, aunque, de momento no es un movimiento mayoritario entre la juventud, está sentando las bases de un cambio en la identidad extremeña bajo la pesquisa que podría resumirse en el lema “Extremadura tierra de lucha, no de sacrificio (y añadiría resignación)”, como reza uno de los principales lemas de la Asociación 25 de marzo.
Ante esto, la derecha ha decidido pasar a la ofensiva. Y no lo ha hecho como podría haberlo hecho aprovechando uno de los principales aparatos ideológicos como es la televisión, en este caso Canal Extremadura, sino que lo ha hecho utilizando el DOE, concretamente la Consejería de Educación, para apoyarse en otro de los aparatos ideológicos clásicos como es la educación, con el objetivo de llegar a decenas de miles de adolescentes de Extremadura, para conquistar un sentido común en el presente, pero sobre todo, del mañana. Porque saben que la batalla cultural debía ser dirigida hacia las nuevas generaciones y no hacia las generaciones más mayores que son el principal público, por ejemplo, de Canal Extremadura. Por tanto, se trata de utilizar el Gobierno para contrarrestar lo que desde abajo está naciendo.
Si no, ¿por qué el Partido Popular decide crear ahora esta asignatura y no lo hizo en la pasada década cuando gobernó durante cuatro años esta región? Y es que extremestiza no es más que una vuelta de tuerca de ciertos sectores del poder de vincular la identidad extremeña con un pasado glorioso de conquista y aventuras.
Además, sirve para evitar hablar, por ejemplo, del pasado musulmán de nuestra región, donde dejó tanta huella en nuestra cultura, pensamiento, arquitectura, gastronomía, etc. Forma parte de la batalla cultural islamófoba que antepone las “buenas” o “aceptables” culturas frente a aquellas personas y culturas a las que hay que deportar y excluir. ¿Por qué, por ejemplo, no habrá una asignatura en la que se estrechen lazos desde Extremadura con pueblos del norte de África, que geográficamente están más cerca de la región que Latinoamérica y forman parte de la cultura mediterránea, y con los que además, tenemos un pasado compartido?
Continuando con los motivos reales que se enmascaran tras esta asignatura, extremestiza es el regreso para las generaciones del presente de un colonialismo disfrazado de emprendimiento, que implicó un genocidio sobre la población autóctona de los pueblos indígenas de América Latina para saquear sus recursos.
Es la explicación de la emigración actual vinculándola con la emigración de extremeños hacia América Latina en aquella época. Es asumir que la emigración es como una especie de maldición inevitable que ya sufrieron nuestros antepasados, ocultando la vinculación de la misma a problemas históricos estructurales y de desigualdad territorial y de clase en nuestra región, y relacionándolo más bien con una cuestión de emprendimiento y aventura que cada generación de extremeños tiene que afrontar, porque prácticamente forma parte del “gen extremeño”. Por tanto, más vinculado a la consecuencia que a la causa.
Una asignatura que utilizará incluso los reclamos de los viajes escolares a Latinoamérica para poder competir con otras asignaturas optativas. Ya se están frotando las manos las empresas turísticas, que serán una de las grandes beneficiarias también. Porque se trata también de una cuestión económica, no solo cultural y hegemónica.
Por tanto, como decimos, nos encontramos en un contexto en el que el consenso clásico y rancio sobre la identidad extremeña se está rompiendo y se haya en disputa entre conservadores y reaccionarios que la vinculan a los “conquistadores” frente a la posibilidad de un nuevo espíritu de época que se intente vincular al 25 de marzo y todas las figuras e hitos relacionados con ese espíritu, como pueden ser Margarita Nelken, Matilde Landa, las huelgas de la transición, la lucha contra la central nuclear de Valdecaballeros, contra la refinería de Tierra de Barros, la isla ilegal de lujo de Valdecañas, etc., o las actuales contra los macroproyectos extractivistas que están apareciendo como setas por toda la región. Emigración y sumisión frente a organización y lucha.
La visión de la Extremadura en pie versus la de la Extremadura con la cabeza agachada y cogiendo las maletas para emigrar de nuevo, para seguir desangrando nuestra región. La hegemonía cultural es lo que realmente está en juego con extremestiza.







