En el prólogo, Raül Valls, en representación del Amical Antics Guerrillers de Catalunya, nos describe el impulso revolucionario de la época, el exilio y la división de la familia en campos de concentración diferentes, la incorporación de Cisquet a la militancia comunista, y es una estupenda contextualización de la historia. Contiene un número importante de descripciones de momentos históricos, pero sobre todo las razones de por qué la breve e intensa vida de Cisquet representa los compromisos y anhelos de toda una generación, que vieron en la República la esperanza de conquistar una nueva sociedad.
La historia empieza y termina con la carta de despedida de Cisquet, escrita en la Cárcel Modelo de Barcelona y sacada clandestinamente por el PCE. A través de esa carta conocemos la vida de Cisquet, una carta que nos habla de sus anhelos, de la vida que le hubiese gustado llevar, pero que su compromiso político truncó; una vida y una lucha de la que no se arrepiente y que reivindica.
A través de la biografía de Cisquet hacemos un recorrido histórico por la época en la que le tocó vivir. Conociendo su biografía podemos conocer también cómo fue el movimiento guerrillero en España y en Francia, su lucha clandestina, sus problemas y limitaciones, la dureza de sus condiciones de vida en la clandestinidad. Pero, además, tenemos la posibilidad de conocer el importantísimo papel que los exiliados españoles —que tenían una amplia experiencia militar adquirida en la Guerra Civil— tuvieron en la lucha del pueblo francés contra la ocupación nazi. Pero como la historia se centra en la vida de Cisquet, vemos su papel en la liberación de la ciudad francesa de Foix, y cómo a pesar de ser inferiores en número y armamento, los maquis consiguieron la liberación de dicha ciudad y colocaron la bandera republicana en lo alto de su castillo. Vemos cómo los primeros maquis que entraron en el pueblo portaban banderas republicanas, y cómo en homenaje y reconocimiento a su heroísmo y el destacado papel que los maquis españoles tuvieron en su lucha contra el fascismo, levantaron en su pueblo un monumento. En este apartado hay que recordar que Cisquet llegó al grado de teniente del ejército francés y comisario político del maquis.
Conocemos a su familia, una familia republicana y comprometida, con un padre que fue el último alcalde republicano de Olot. Su exilio en Francia y las dificultades con las que se encontraron, sus estancias en varios campos de concentración producto de la separación de su familia. Vemos cómo durante el exilio en Francia va adquiriendo una gran conciencia política, tomando la decisión de afiliarse a la Juventud Socialista Unificada y posteriormente unirse al maquis, conocemos su firme decisión de regresar a España y continuar luchando contra Franco. Fue una decisión muy consciente de la que, a pesar de su triste destino, Cisquet nunca se arrepintió, y de la que por el contrario se sentía muy orgulloso, junto a su compromiso con los nuevos valores que la República representaba y representa. Las viñetas de esta intensa historia nos muestran los últimos momentos de Cisquet, las torturas a las que fue sometido, su valentía, serenidad y firmeza a la hora de afrontar su fusilamiento y de cómo, en un último gesto, desafía a sus asesinos.
La II República es para Cisquet, como lo fue para muchos jóvenes de esa época, el motor de un potente idealismo, coherencia y valentía, motivos por los cuales no dudan en empuñar las armas para defenderla y poder alcanzar así los principios de los que es portadora. Principios que hablan de paz, cultura y justicia social, y por los que en su defensa no dudan incluso en ofrecer su propia vida. Todo esto adquiere más relevancia si cabe en momentos como los presentes, en los que la amenaza de la extrema derecha resurge de nuevo, y comprobamos cómo sus mantras avanzan entre una población que cada vez normaliza más su ideario. De ahí la oportunidad de dar a conocer historias como la de Cisquet, un hombre que personaliza perfectamente los ideales de tenacidad y lucha por la conquista de una sociedad más justa e igualitaria. Él mismo, en sus últimas horas deja escrito: «Pero no puedo estar triste por lo que no podré ser, ni por lo que no podré hacer. Porque sé que he hecho lo que había que hacer: luchar contra los nazis, contra el franquismo, contra los enemigos de la libertad y la igualdad. Porque he sido un maquis».
El guion es potente y destaca los aspectos más importantes de la vida de Cisquet, su militancia y compromiso, así como de la sociedad de la época; pero la forma en que lo cuenta, y en concreto algunos giros bruscos de guion no contribuyen a dar continuidad a la historia; el más abrupto de los giros es el que se produce cuando, por mandato de la dirección, abandona el maquis rural para ir a Barcelona a continuar con la lucha contra el franquismo, y donde es detenido, torturado por los hermanos Creix, encarcelado y fusilado. Considero que a la historia, que es muy buena, le faltan unas cuantas páginas más para dar una mayor unidad y cohesión.
Mención especial merece la introducción en el guion de una pequeña escena en la que podemos ver el Hospital Varsovia, de cuya creación se han cumplido 80 años. El Hospital Varsovia fue fundado por médicos y enfermeras republicanos, la mayoría comunistas, para dar cobertura sanitario asistencial a los cientos de heridos producidos durante la fallida Operación Reconquista, la Invasión del Valle de Arán. Lo vemos precisamente por la visita que Cisquet hizo a dicho hospital antes de entrar a España para combatir contra Franco en el maquis. Estaba ubicado en Toulouse, en el nº 15 de la calle Varsovia, convirtiéndose en un hito de la medicina social. Para su sostenimiento económico, Pablo Picasso, presidente del Comité de Ayuda a los Republicanos Españoles lanzó una campaña de ayuda, campaña en la colaboraron personalidades como Marie Curie, Louis Aragón y Albert Einstein, aunque el mayor peso corrió a cargo de organizaciones internacionales, entre la que destaca la norteamericana Joint Anti-Fascist Refugee Comitte. Actualmente el hospital sigue activo y forma parte de la red pública de hospitales franceses con el nombre de Hospital Joseph Ducuing, militante del PCF. En su fachada hay una placa tallada en piedra que recuerda el origen del hospital y que dice: “Homenaje a los guerrilleros españolen que han luchado contra la dictadura franquista y el nazismo. Muchos de ellos, en particular los comunistas, han contribuido a la creación del Hospital Varsovia hoy Hospital Josep Ducuing”.
El dibujo es un gran valor de este trabajo, los personajes y sus expresiones están muy logrados y el color, dado con acuarelas, varía según el grado de dramatismo de la historia, siendo de tonos claros en los pasajes más felices, para ir oscureciendo según el dramatismo de la historia, hasta llegar al negro. La representación gráfica de los uniformes, vehículos, medios materiales y edificios o partes del pueblo demuestran que ha habido una importante labor de documentación. La portada es muy ilustrativa, y nos presenta a un Cisquet al lado de un hermoso árbol, imponente, con fuertes raíces, y a ambos lados del árbol los fantasmas que persiguieron a Cisquet y a ese período histórico, a la izquierda el nazismo y a la derecha las siluetas de tres guardias civiles, y en medio Cisquet fusil en mano haciendo frente a ambos; el conjunto contiene los colores de la bandera de la II República, aunque el color gualda no sea del mismo tono.
Un cómic muy interesante que nos va a servir para conocer mejor la heroica lucha que el maquis español, o si se prefiere de los guerrilleros antifranquistas, mantuvieron hasta bien entrada la década de los 50. Un trabajo que recomiendo y que espero que os guste.
Autores: Pepe Gálvez (guion) y Adrián Bago (dibujo). 96 páginas, color, tapa blanda con solapas y guardas. Introducción de 5 páginas de Raül Valls i Lucea, con fotografías y dibujos. Publicado en abril de 2025 por Desfiladero Ediciones, dentro de la colección Memoria Gráfica con el nº17.
Pepe Gálvez (Fuentes Claras, Teruel, 1950). Economista de formación, cuenta con una dilatada trayectoria como crítico de historietas, terreno donde se ha prodigado tanto en revistas generales como especializadas, firmando ensayos como “Vittorio Giardino. Variaciones sobre la línea clara” o colaborado en numerosos libros colectivos, entre otros “Cómics: manual de instrucciones” o “Memoria y viñetas” o “La memoria histórica en el aula a través del cómic”. En su faceta de guionista de cómics, repartida entre álbumes individuales y colectivos (“11 M. La novela gráfica”, “Los olvidados”, etc.), ha trabajado con dibujantes como Arnal Ballester, Javier Olivares, José María Beroy, Rubén Pellejero, Joan Mundet y, sobre todo, Alfonso López, con quien ha formado el tándem artístico más sólido de su carrera, al que se deben títulos como “Miguel Núñez. Mil vidas más”, “Silencios: la juventud del Capitán Trueno”, “8 hores” o “Llegará el invierno”. Entre sus últimos trabajos, “El partido de la muerte” y una historieta en el volumen colectivo “O todos o ninguno”, ambos con Guillem Escriche, “Cava y Calla” y “Jorge Semprún. El hombre que arriesgó” y su último trabajo, “Maquis”. Pepe Gálvez ha destacado por su compromiso contra el fascismo y el franquismo, compromiso que plasma en sus obras.
Adrián Bago (València, 1989). Dibujante, colaborador en diferentes publicaciones – Kiss comix, Saxifono, Color carne, Alta Tensión, Once -, ganó el premio INJUVE con él álbum colectivo “Vida de los más excelentes historietistas”. Con Pablo Vergel como guionista, realizó el cómic “Nueve horcas”, al mismo tiempo que compaginaba su tarea como ilustrador y cartelista. Su primer álbum de larga duración fue el exitoso “Sifocante”, publicado en Autsaider, un trabajo tan personal que incluso añadía notas autobiográficas, al cual siguió “Bibelots”, un recopilatorio de historias cortas, y “Ateo de uno mismo”. Su vocación social lo llevó a participar en el volumen “Avanzar con derechos”, en el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Maquis es su último trabajo.







