Nadia Léger. No solo musa roja

Nació campesina en Bieolorusia, pintaba por las noches, fue a Francia a estudiar con Fernand Léger, durmió en vagones de tren en París y acabó siendo la viuda millonaria del pintor. Siempre comunista, luchó con la Resistencia.
"Autorretrato. El juramento de una luchadora de la Resistencia", de 1942 |magazine-acumen.com
"Autorretrato. El juramento de una luchadora de la Resistencia", de 1942 |magazine-acumen.com
Cada uno de mis versos
tiene el pecho agujereado por las bayonetas,
(...)
Esto que tengo en las manos,
esto, mirad:¡No es una lira!”
Vladimir Mayakovsky

A los no entendidos en arte o en pintura más concretamente, el apellido Léger nos conduce ineludiblemente hasta el pintor francés Fernand Léger, maestro de las vanguardias” cuya extendida influencia se nos aparece de forma muy contundente, por ejemplo en el Equipo Crónica, fundado en Valencia en 1965, sobre la base de una estética pop y un compromiso político antifranquista. Pero no, no va esta columna de Fernand Léger, sino de Nadia Léger, la segunda esposa del artista.

¿Quién conoce a Nadia Léger? ¿O más bien, quién conoce su obra? Porque si bien es identificada en los círculos artísticos por su relación con el pintor, lo cierto es que ninguna pinacoteca francesa, aparte del Museo Nacional Fernand Léger (Biot), exhibe sus lienzos de forma permanente. Sin embargo, la apodada «millonaria roja» en los años 60 fue una figura muy importante de la escena artística parisina, desde los años 30 hasta los 70. ¿Por qué sus cuadros han sido marginados de la historia del arte?

Durante una visita a los descendientes del matrimonio Léger, el editor de libros infantiles y gran amante del arte, Aymar du Chatene, encontró apilados en una “habitación del olvido” hasta un centenar de cuadros. En realidad, más allá de su sorpresa inicial lo que había descubierto era el desprecio del mundo del arte hacia esta mujer de origen campesino, descrita como una “comunista ferviente”. ¡Y cómo no!, también sufrió la sombra de su marido, igual que otras compañeras de icónicas figuras—pensemos en Camille Claudel o Frida Kahlo—, cuyas obras no fueron reconocidas inicialmente. Constatemos pues que la historia del arte ha sido víctima del anticomunismo, además de la persistente desigualdad hombre/mujer en nuestras sociedades.

Situemos al personaje… Nadiejda Khodossievitch nació en 1904 en el seno de una humilde familia campesina de nueve hijos, en la actual Bielorrusia. De niña, pasaba los días plantando patatas y pintaba por las noches. Asistió a clases en la Escuela de Bellas Artes de Beliov y en el Taller Estatal de Bellas Artes de Smolensk, donde la formación era gratuita gracias al incipiente Estado soviético. Ya entonces, estaba cautivada por los ideales de la Revolución Bolchevique y la construcción del socialismo. Pronto descubrió, a través de la revista de Le Corbusier, L’Esprit Nouveau, el estilo de Fernand Léger. Para ella, encarnaba el futuro de la pintura, y decidió ir a París para conocerlo y formarse con él.

Cosas de la vida, en 1952 Nadia se casó con Fernand, que falleció en 1955. Ella heredó toda su fortuna y la obra de su vida. La mujer que durmió en vagones de tren aparcados en las estaciones de Smolensk y trabajado como limpiadora durante sus primeros diez años en París, se convirtió de repente en multimillonaria. El resto de su vida y su fortuna los dedicó Nadia a preservar la obra de su difunto esposo. Asimismo, continuó pintando hasta su muerte, ocurrida en 1982, en la región francesa de Var, donde su tumba está adornada con un magnífico mosaico basado en uno de sus autorretratos. Mantuvo de forma constante su profundo compromiso comunista y con la Unión Soviética. Nadia se afilió al Partido Comunista Francés (PCF) en 1933, organización para la que diseñó carteles, al tiempo que realizó igualmente material gráfico para eventos del Frente Popular y de las mujeres pacifistas.

En la Francia ocupada, y con grave riesgo para Fernand Léger, éste logró escapar a Estados Unidos. Nadia, también buscada, permaneció en Francia con su hija. Unida a la Resistencia produjo y distribuyó numerosos folletos clandestinos y sirvió como enlace, al igual que Wanda, su hija que tenía solo dieciséis años. Tras la liberación, se unió a la Unión de Patriotas Soviéticos, solidaria con los ex prisioneros de guerra soviéticos. Nadia realizó muchos retratos de destacadas figuras comunistas soviéticas y francesas, sin olvidar a las mujeres a quienes con frecuencia honró en su pintura: Danielle Casanova, Elsa Triolet, Nadejda Kroupskaia (esposa de Lenin) o Ekaterina Fourtseva (ministra de Cultura soviética).

Toda la generosidad de la campesina era poca, y tras la muerte de Fernand, Nadia puso a disposición de los líderes del Partido Comunista Francés (PCF) la propiedad que heredó en Gif-sur-Yvette, allí se organizaron reuniones y conferencias. ¡El lugar incluso fue escenario de las negociaciones que conducirían al final de la guerra de Vietnam, el 22 de noviembre de 1972!

Tras la II Guerra Mundial, sin duda su etapa más luminosa, realizó obras como: Los mineros, Los constructores, Los bañistas y Los músicos tayikos. La excepcional retratista que era, supo plasmar una gran cantidad de emociones y una contagiosa alegría de vivir; sus pinturas de posguerra irradian fe y confianza en un mundo nuevo, un futuro feliz y armonioso, con una humanidad florecida. A raíz de la exposición, “Nadia Léger. Una mujer de vanguardia” (Museo Maillol, París) clausurada en marzo de 2025, un crítico cayó fulminado ante sus propios anhelos quiméricos: “¡Cómo desearía haber vivido esa época! Tantos destellos de esperanza que ya no vemos, ni en el arte ni en las calles…”

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