La mochila de la dignidad y la fuerza del compromiso (y 2)

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A Felisa Páez Jaramillo, luchadora de la JSU.

Se cumplen cien años de la fundación del PCE y desde el núcleo de Argentina lo conmemoramos rescatando biografías desconocidas de mujeres militantes, que lucharon contra la represión franquista y por la libertad desde la clandestinidad, la ayuda en las cárceles, la guerrilla y la labor sindical y política, para que sus nombres no se olviden en la historia.

ÁNGELA MARTÍNEZ
Mujer de Julian Grimau, miembro del CC del PCE asesinado «legalmente» (y sigue siendo la sentencia legal mientras no se derogue la Ley de Amnistía) por fusilamiento en la madrugada del 20 de abril de 1963, tras una farsa y parodia de Consejo de Guerra celebrado dos días antes con sentencia de pena de muerte. Por su memoria y rehabilitación luchó Ángela toda la vida sin poder lograr la anulación de esa condena injusta, al no prosperar ninguna de las cuatro iniciativas en diversas reclamaciones judiciales tramitadas ante el Consejo Superior de Justicia del Ejercito. En dos ocasiones durante el franquismo (07/03/1966 y 16/11/1966) ante el Tribunal Supremo y otras dos ya en esta débil democracia el 14/03/1987 y por último a instancias del Fiscal General del Estado el 21/04/1989.

MARINA OLCINA
La primera alicantina en ocupar un cargo de concejala del PCE en el Ayuntamiento de Alicante durante la II República cuando solo tenía 17 años.

Con 15 años se reunió con Pepe Díaz y, según recordó en varias ocasiones, al finalizar le dijo: Le hice perder el tiempo durante 45 minutos. Y Díaz contestó: No he perdido el tiempo. A lo que ella agregó: Es cierto, me moriré siendo comunista.

MARIA PARDINA RAMOS
También conocida como Marusia o nuestra Marusia. Comunista nacida en 1923 en el barrio de Cuatro Caminos de Madrid. Joven española que participó en el frente de Madrid durante la Guerra Civil como enfermera, saliendo evacuada para la Unión Soviética, incorporándose a la colonia infantil de Odessa. En 1940 llegó a la Casa de la Juventud Española de Leningrado. Trabajó en la fábrica Bandera Roja. Iniciada la Segunda Guerra Mundial, en junio de 1941, junto con otros 73 jóvenes españoles, se presentó voluntaria para la defensa de Leningrado frente a las tropas alemanas, incorporándose al 3º regimiento de voluntarios de Leningrado. Aunque insistió, los militares soviéticos no le permitieron participar como combatiente, dejándola en la retaguardia para atender a los heridos como auxiliar del Ejército Rojo. Entre junio y septiembre de 1941 destacó en la zona sur de la ciudad por su trabajo, atención y cuidado de los heridos. El diario Leningrádskaya Pravda, que se publicaba en la ciudad sitiada, le rindió un homenaje por su valor y heroísmo. Las autoridades militares soviéticas, a propuesta de los mandos de la ciudad, la condecoraron con la Orden de la Bandera Roja. Tras unos días de descanso que pasó en Moscú, regresó a Leningrado. Durante una de las acciones de las unidades de voluntarios frente a los tanques alemanes, María se incorporó a las unidades de combate cayendo en la lucha. Obtuvo a título póstumo la ciudadanía soviética y fue de nuevo condecorada con una segunda medalla de la Orden de la Bandera Roja.

CONSTANTINA PÉREZ MARTÍNEZ
Militante comunista, llevó a cabo labores decisivas durante la Huelgona de 1962, huelga minera que se inició por un conflicto laboral en Asturias y terminó convirtiéndose en el mayor desafío político al que tuvo que enfrentarse el franquismo desde la finalización de la Guerra Civil. 300.000 trabajadores de todo el Estado español terminaron sumándose a un paro que se extendió durante dos meses. Fueron las mujeres de las cuencas mineras las que garantizaron las condiciones que lo hicieron posible, entre ellas Tina Pérez, Celestina Marrón y Anita Sirgo. Gestaron y coordinaron la resistencia que haría posible una huelga de dos meses para unas familias que ya malvivían cuando tenían un salario. Tuvo su origen en unas sanciones de suspensión de empleo y sueldo a siete mineros que se atrevieron a pedir una subida del jornal en el Pozo Nicolasa de Mieres.

«Como no podíamos juntarnos más de siete mujeres porque no había derecho a la reunión, y ya estábamos fichadas, pues nos encontrábamos de a poquitas. Poníamos una cafetera y unas tazas en la mesa por si venía la Guardia Civil a ver qué estábamos haciendo y nos poníamos de acuerdo sin poder tomar notas ni nada, todo era de memoria”, rememora Anita en la misma cocina en la que se organizó gran parte del reparto de la propaganda, así como muchos de los piquetes que garantizaron el mantenimiento de la huelga. “Antes no había móvil, tenía que ser todo caminando y con la lengüina. Había veces que salíamos a hablar con las otras mujeres por la mañana y no volvíamos hasta por la noche”, explica.

Armadas con palos y maíz, cortaban los accesos a los pozos y regaban los caminos con los granos. El mensaje era claro, estaban llamando gallinas a los que intentaban volver al tajo, sabiendo que pocas cosas peores se le podía llamar a un paisano asturiano. Una sencilla medida que realmente contrariaba a los esquiroles. Y cuando los guardias civiles intentaban detener a alguna, se entrelazaban con sus brazos al grito de o todes o nenguna. Los porrazos llovían y los brazos se fundían. Detenida Tina Pérez el 20 de marzo de 1965, no salió hasta el 3 de mayo con su salud gravemente deteriorada por los golpes recibidos en prisión. Falleció el 14 de octubre de ese año.

CARMEN RODRIGUEZ CAMPOAMOR
Hija de padre y madre comunistas, su madre es planchadora de oficio y él metalúrgico que luego entra a trabajar en la escuela de ingenieros de caminos, canales y puertos, donde vive toda la familia. Al estallar la guerra, su padre marcha al frente. Carmen se afilia al PCE para acompañar a su madre a las reuniones, en las que sólo había hombres.

Posteriormente colabora también con las JSU. Durante el último periodo de guerra, Carmen es secretaria de agitación y propaganda del PCE en el sector sur. Su padre muere en el frente del Ebro, siendo teniente del ejército republicano. Durante la dictadura sigue militando clandestinamente en el PCE. Se casa con el dirigente comunista Simón Sánchez Montero, que pasa 17 años en prisión, durante los cuales Carmen acude a visitarle con sus dos hijos por todas las cárceles a las que va siendo destinado.

Es detenida en varias ocasiones. En 1945 pasa 45 días en Gobernación y un mes y medio en la cárcel de Ventas. Las detenciones continúan hasta 1963, cuando otra vez pasa dos días en Gobernación.

Durante los años de dictadura trabaja sirviendo, limpiando, cosiendo y como telefonista en una sociedad de médicos.

ROSALÍA SENDER BEGUÉ
Hija de republicanos, se exilió junto con su familia a Francia en febrero de 1939.

En 1967 vuelve a España y fija su residencia en Valencia donde continuó su militancia antifranquista siempre ligada al PCE, a la lucha contra la dictadura y a la reivindicación de los derechos de las mujeres. Participó activamente en la creación del Moviment Democràtic de Dones del País Valencià y en las luchas feministas desde 1969 hasta 1981, siendo miembro del Comité Central.

ANA SIRGO SUÁREZ
Hija de guerrillero fugado enterrado en una cuneta, llamado Avelino Sirgo, enlace de la guerrilla, esposa del minero del pozo Fondón Alfonso Braña, organizó grupos clandestinos de mujeres que apoyaban a sus maridos e hijos en los conflictos mineros. Repartían pasquines, recolectaban ayuda en forma de alimentos, transmitían mensajes, un gran esfuerzo de organización en una época en la que, como esta mujer recuerda, aún no había teléfonos móviles. Las condiciones laborales de los mineros eran pésimas: “Mi marido trabajaba toda la semana con la misma ropa mojada, la silicosis afectaba a los más jóvenes. Solo queríamos mejores condiciones, jabón, agua caliente, toalla, ropa de trabajo”, recuerda, “y lo conseguimos pero luchando mucho”.

Para muchos, la huelga del 62, que comenzó con la sanción impuesta a siete picadores del pozo Nicolasa y se extendió durante dos meses a 60.000 trabajadores, incluso por otras provincias y con repercusión internacional, supuso un punto de inflexión en la lucha por las libertades durante la dictadura franquista que acabaría desembocando en la democracia. La llamaron la Huelga del Silencio y dijeron que “hay una luz en Asturias que ilumina a España entera”. Hasta Pablo Picasso pintó una lámpara minera en solidaridad.

AGUSTINA ZALAYA NAVARRO
Fue una de las fundadoras del Movimiento Democrático de Mujeres en Aragón. Sufrió la represión franquista desde la infancia, pues solo tenía cuatro años cuando su padre, Ramón Zalaya, un trabajador cenetista de Gallur, fue secuestrado y asesinado. Su madre se quedó viuda, con seis hijos y sin recursos. Sus penalidades continuarían después, ya que tanto su compañero, Rafael Casas, como su hermano, Luis Zalaya, militantes obreros y comunistas, fundadores de CCOO y del PCE con el grupo de Antonio Rosel, El Abuelo, sufrieron detenciones y prisión durante la dictadura. Fue una de las creadoras en 1965 del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) de Zaragoza a partir de un pequeño grupo de mujeres del PCE dedicadas a la solidaridad con los presos. Las visitas a la cárcel, la solicitud de apoyos económicos, la coordinación con centros de trabajo o el peregrinaje por los despachos jurídicos e instituciones penitenciarias eran sus principales actividades. En el grupo de fundadoras estaban también, entre otras, Concha Reblet, Teresa Gil, Maruja Cazcarra, Victoria Martínez o Esperanza Martínez, implicadas en la defensa de los derechos sociales y políticos, la lucha de las mujeres de los presos y en la incipiente lucha feminista durante la dictadura. En 1962 ya iniciaron clandestinas celebraciones del 8 de marzo. Con el tiempo, las tareas del MDM fueron evolucionando mediante debates, denunciando la represión policial y reclamando las libertades democráticas.

Como parte de la estrategia puesta en marcha desde comienzos de los años sesenta, el PCE impulsó en 1965 la creación de un movimiento unitario concebido sobre bases amplias y plurales, el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), que se convirtió, ya en los setenta, en la principal vía a través de la cual se articuló la presencia de las comunistas en el movimiento feminista. El MDM contribuyó a hacer visible la labor femenina en la oposición al franquismo, impulsó la lucha en los barrios y fue una organización clave en el desarrollo del feminismo en los años finales de la dictadura. Además, los planteamientos de mujeres comunistas y de militantes feministas abrieron vías para el debate sobre la cuestión femenina en las filas del PCE por lo que su trayectoria permite analizar el discurso comunista respecto a la organización política de las mujeres y la forma en la que las militantes lo asumieron.

Núcleo Argentina PCE Exterior

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