Treinta y seis años después de la caída del Muro de Berlín, la antigua frontera entre las dos Alemanias sigue apareciendo en los mapas electorales. El fenómeno resulta especialmente visible en el avance del partido Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha heredero del nazismo, que ha convertido buena parte de los estados orientales en uno de sus principales bastiones. Pero detrás de los porcentajes electorales hay una historia mucho más compleja: la de una sociedad que pasó de un sistema que garantizaba buena parte de las necesidades básicas a otro basado en el mercado, la competencia y el individualismo.
La República Democrática de Alemania (RDA), sin duda, como todos los Estados de los denominados de “Socialismo Real”, no supieron resolver la participación y control de las personas trabajadoras en el gobierno del Estado y sociedad. Sin embargo, la pérdida de las seguridades materiales que formaban parte de la vida cotidiana ayuda a entender por qué esta región se ha convertido en terreno fértil para la extrema derecha.
La sociedad de la RDA estaba organizada alrededor de una idea muy diferente a la posterior a 1990. El Estado asumía responsabilidad directa sobre empleo, vivienda, educación, sanidad, pensiones y atención infantil. El trabajo era un derecho garantizado y el desempleo masivo era oficialmente desconocido. La educación y la sanidad eran públicas y la vivienda estaba fuertemente subvencionada. La vivienda no se entendía principalmente como una mercancía cuyo acceso dependía de los ingresos familiares.
La reunificación alemana significó un cambio de sistema drástico, del Socialismo Real al Estado Liberal, pero la transición económica fue brutal. Las empresas de la RDA tuvieron que competir inmediatamente en un mercado abierto; muchas no sobrevivieron o fueron privatizadas por la Treuhandanstalt (Agencia Fiduciaria,) encargada de ejecutar la transición de una economía planificada a una de mercado. De las 8.500 empresas y cuatro millones de trabajadores, unas 3.700 tuvieron que cerrar, dos tercios se privatizaron y en cuatro años, tres millones de personas perdieron su trabajo[1].
Para quienes perdieron su empleo, no fue solo una reorganización institucional, sino la desaparición de una forma de vida. Con el cierre de las fábricas desaparecieron los compañeros, clubes sociales, perspectivas de futuro y la identidad profesional de toda una generación.
«Treinta y cinco años después de la reunificación alemana, la brecha salarial entre el este y el oeste sigue siendo elevada. Pasó de ser del más del 100% al 21% en 2024. Según los últimos datos de Destatis (Oficina Federal de Estadística), publicados el 1 de abril de 2026, el salario medio de un trabajador a tiempo completo en los Länder orientales es un 17 % aproximadamente inferior al de los occidentales. En términos anuales, cobran 9.422 euros menos.
Durante la RDA, el alquiler estaba fuertemente subvencionado. Tras la reunificación, el acceso a la vivienda pasó a depender del mercado. La inseguridad sobre un elemento básico como la vivienda se traduce con facilidad en inseguridad y descontento político utilizado por la extrema derecha.
Alternativa para Alemania ha sabido canalizar el descontento de quienes sienten que las instituciones tradicionales ignoran sus problemas. El voto de protesta combina factores económicos y culturales: preocupación por la inmigración, desconfianza hacia las instituciones de Berlín y Bruselas, inseguridad económica y rechazo a políticas climáticas que puedan perjudicar la industria local.
En las elecciones federales de 2025, AfD consolidó su posición nacional alcanzando el 20,8 % de los votos. En septiembre de 2026, alcanzó cerca del 44 % en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. Tres décadas después, la brecha territorial sigue marcando la política alemana.
La transformación demográfica posterior a 1990 provocó una fuerte migración de jóvenes y mujeres hacia el Oeste en busca de oportunidades. Ciudades del Este perdieron hasta la mitad de su población, derivando en el cierre de escuelas, servicios y comercios. Esta despoblación alimenta la percepción de que el futuro desaparece, un malestar que la extrema derecha instrumentaliza señalando culpables directos.
El auge de la extrema derecha en el Este se explica por la experiencia de la transición: el colapso repentino de un modelo social, la pérdida de empleo masivo, la brecha patrimonial y la falta de reconocimiento institucional. Abordar el descontento requiere reconocer esa memoria histórica y combatir las desigualdades estructurales que persisten.
Nota:
[1] https://elpais.com/internacional/2020-09-26/la-interminable-digestion-economica-de-la-reunificacion-alemana.html








