En estas fechas se están reuniendo y se reunirán los participantes en las conferencias de partes, conocidas como COP, relativas a la biodiversidad (COP17 Ereván, Armenia 19-30 octubre) y al clima (COP31 Antalya, Turquía 9-20 noviembre) y las previsiones en ambas cumbres no son nada buenas.
En la conferencia de biodiversidad, el objetivo es implementar las medidas para alcanzar en 2030 las 23 metas del Marco Mundial de Biodiversidad acordadas en la conferencia de Kunming-Montreal en 2021 y 2022, metas que se consideraron entonces esperanzadoras para reducir la pérdida de biodiversidad. Esta cumbre es por tanto el momento de la evaluación intermedia para ver el grado de cumplimiento actual de los objetivos y la posibilidad de llegar a ellos. En el Informe Mundial que se acaba de presentar en Ereván ya se advierte de que, según los Informes Nacionales (medidas adoptadas por cada país) presentados, es muy complicado alcanzar los objetivos en 2030 en un contexto de pérdida continua de biodiversidad en el que el 25 % de las especies en la mayoría de los grupos de animales y plantas estudiados ya están en riesgo de extinción (IPBES 2019). En el tiempo que se lleva negociando en Armenia tampoco ha habido grandes avances, singularmente en materias tan importantes como la eliminación de subvenciones e incentivos perjudiciales para la biodiversidad y la financiación de los países del sur, algo que siempre se pospone por parte de los países del norte, responsables en gran medida de la degradación ambiental de aquellos.
En la conferencia del clima, la reunión preparatoria de Bonn en junio no consiguió llegar a acuerdos en los textos preparatorios para la conferencia de Antalya en materia de adaptación, mitigación y financiación, llegando a un acuerdo de mínimos en transición justa en un contexto en el que las previsiones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente apuntan a que se sobrepasarán en los próximos años los 1,5ºC del Acuerdo de París con consecuencias climáticas extremas y “daños graves a la salud humana, la seguridad alimentaria, los suministros de agua, la naturaleza, las ciudades, las infraestructuras y las economías” (PNUMA 2026). Como en el caso de la biodiversidad uno de los objetivos es eliminar las ayudas o subvenciones a gas, petróleo o carbón —algo bochornoso a estas alturas— y marcar con claridad la financiación de los países del sur, para sus políticas de mitigación y adaptación a un cambio climático provocado por otros —nótese que los países del norte global son responsables del 90% de la totalidad de emisiones históricas de GEI—, algo que no acaba de aceptarse fácilmente.
En ambos casos, la situación se agrava con el incumplimiento sistemático de los poco ambiciosos acuerdos adoptados en las sucesivas COP, si no por todos los países, si por algunos, esencialmente los productores de petróleo o los detentadores de materias primas minerales, animales o vegetales, que anteponen sus intereses económicos —casi siempre en manos de unos pocos— a las dinámicas ambientales.
En la campaña electoral del 29N se tratarán los grandes temas que preocupan a la población como la vivienda, los servicios públicos, los salarios, las pensiones, algo esencial desde un punto de vista social en un contexto internacional en el que todos ellos están amenazados por las derechas, sean extremas o no, y que cuya defensa hay que apoyar por tanto con determinación. Pero habría que introducir también con determinación temas ambientales como los citados —que se tratan en el ámbito internacional, pero con poca repercusión en la esfera estatal— para su consideración política dado que los responsables de las crisis sociales y ambientales son los mismos. Los grandes grupos financieros que especulan con la vivienda son los mismos que invierten en petróleo o arrasan los bosques tropicales para plantar soja o aumentar la cabaña ganadera industrial con obvias repercusiones en el aumento de los GEI y la pérdida de biodiversidad.
Es necesario explicar el movimiento global de las inversiones para que la población entienda que el capital es transnacional y que las políticas de un Estado deberían ser de alcance transnacional para dar respuesta a decisiones que vayan en contra de las mayorías sociales. Y también de llegar a acuerdos globales con países preocupados por la inacción ambiental como los alcanzados en Santa Marta después de la última COP del Clima en Colombia. Por ello es de alto valor pedagógico informar y explicar a la población lo que sucede en materia ambiental en un mundo en el que desgraciadamente el engaño está a la orden del día. No solo se engaña a través de la mentira sino también con estrategias como el negacionismo y el retardismo, pensadas para generar confusión y desinformación, algo seriamente preocupante juntamente con la información sesgada de las realidades ambientales globales que ya afectan a nuestra vida de manera intensa. Buen ejemplo de ello es este agravamiento del cambio climático que vivimos continuamente en los episodios cada vez más dramáticos de olas de calor, temporales, incendios y sequías y es esta pérdida de biodiversidad, cuyas señales tal vez apreciamos menos por ser menos obvias pero que podemos intuir en los bosques que se secan o en las especies que desaparecen y en otras invasoras que aparecen o en el impulso de las manipulaciones genéticas, temas todos ellos que deberían estar presentes en cualquier debate de cara a estas elecciones. Ambos, juntamente con la desertificación y la contaminación, deberían formar parte de los programas y las reivindicaciones de los partidos preocupados por la conservación del entorno y consecuentemente por la preservación de nuestra especie, claramente amenazada por una crisis ambiental que tendrá graves repercusiones sociales.







