Juicio en Burkina Fasso 34 años después y sin los responsables del asesinato

Matar a Sankara: ayer y hoy del magnicidio

Pretendía desarrollar el programa de cambio social y económico más ambicioso jamás intentado en África. Luchó por la descolonización económica y del pensamiento y se negó a pagar la deuda.
Thomas Sankara

Hace 34 años mataron a Thomas Sankara. La justicia de Burkina Fasso sienta en el banquillo a parte de los que participaron en el magnicidio. Evidentemente no están todos, ya que los principales incriminados, como el expresidente Compaoré, que continúa refugiado en Costa de Marfil y los principales mandatarios franceses allá por 1987, Mitterrand y Chirac , están muertos. Todos los indicios apuntan a que los principales implicados no estarán sentados en el banquillo. Es lo que ocurre cuando la ocultación y el olvido gubernamental se apodera de la memoria y de la justicia. A los burkineses se les ha impedido conocer las causas de los múltiples porqués del asesinato de Sankara y darles la posibilidad legal y moral como pueblo de saber quién dio la orden para acabar de forma trágica con un líder que había traído a su país las mejores y más nobles esperanzas reales de progreso y justicia social como nunca en su historia.

Sankara llegó al poder en 1983, modificando el nombre de su país, Alto Volta, por Burkina Faso, que significa «Tierra de hombres íntegros». Un cambio que era un gesto simbólico de una transformación radical que pretendía desarrollar el programa de cambio social y económico más ambicioso jamás intentado en África . Lo gobernó desde agosto de 1983 hasta octubre de 1987, cuando fue vilmente asesinado por un comando militar próximo a su persona dirigido por Hyacinthe Kafando, y que encaramó al poder a Blaise Compaoré, que sorprendentemente tampoco estará en el banquillo. La única pieza clave de la maquinación contra Sankara que está compareciendo al juicio es el general Djenderé, que se convirtió en jefe de la Guardia Presidencial una vez acabaron con Sankara. Todo parece claro, pero no comparecen todas las piezas claves del atentado . La respuesta es muy simple. La mayoría de los que están vivos permanecen exiliados bajo protección diplomática porque el tribunal que los juzga no es un tribunal internacional. El sucesor de Sankara, su antiguo amigo y compañero Compaoré, gobernó Burkina Fasso hasta que un movimiento popular lo depuso en 2014.

Burkina Faso era y es uno de los países más pobres del mundo. En agosto de 1984 contaba con siete millones de habitantes, donde más del 80% eran campesinos. Los registros de analfabetismo alcanzaban cifras del 98%. La esperanza de vida media era de 40 años. Un panorama desolador al que hizo frente el gobierno de Thomas Sankara para modificar desde abajo las bases económicas y sociales para intentar sacar a su país del atraso en el que se encontraba. Sankara abogó por el respeto del medioambiente, el panafricanismo, los derechos de la mujer, la austeridad, la condena enérgica de la pobreza, la autosuficiencia apelando a la descolonización del pensamiento y a la consecución de la felicidad sustentado todo ello en la emancipación total de su pueblo sin injerencias de ninguna clase y condición.

Obró como «presidente de un país pobre», según dijera, con el ejemplo, y actuó con dignidad oponiéndose al culto a la personalidad tan común de los líderes africanos y sobre todo rechazando la guerra. Un proyecto real de ingeniería social obstaculizado desde dentro y desde fuera. Sankara pasó a la historia y su legado continúa vivo: «Yo, Sankara, estoy de paso, lo que debe quedar es el pueblo» , una de sus frases que más han calado en la memoria colectiva. Sankara puso en marcha una Revolución Socialista que todavía sirve de reclamo para la izquierda panafricanista . Uno de los mayores intentos de emancipación nacional jamás proyectados en un país africano para la consecución de su total independencia económica y social, pero sobre todo de conciencia, a través de la descolonización del pensamiento . Insistió en la necesidad de cooperación con sus pueblos vecinos reforzando la idea panafricanista y por tanto contraria al concepto de françafrique. No sólo intentó implantar la idea comunista de nacionalización económica basada en la austeridad, sino que también la proyectó en su vida personal, vinculando de este modo la ética con la política. Durante su mandato fue un presidente que se relacionó con su pueblo al mismo nivel, continuó conduciendo su Renault 5, y continuó viviendo en la misma casa con su mujer Mariam. Estas actitudes forjaron una leyenda imperecedera que lo convirtieron en símbolo de la izquierda africana y del pensamiento anticolonial y antimperialista . Su intervención en la conferencia de Países Noalineados lo condenó: “Produzcamos lo que necesitamos y consumamos lo que producimos”, fueron algunas de sus frases, pero lo que hizo situarlo en el disparadero fue la negación absoluta de pagar la deuda contraída por su país y por los estados africanos. El 29 de julio de 1987 Sankara pasa a ser el enemigo público número uno por su discurso en Adbis Abdeba, en el que ataca las bases económicas de la economía europea y mundial:

“Los orígenes de la deuda se remontan a los orígenes del colonialismo. Quienes nos han prestado dinero son los mismos que nos colonizaron. Son los mismos que gestionaban nuestros Estados y nuestras economías. Son los colonizadores los que endeudaron a África con los prestamistas, sus hermanos y primos. Nosotros somos ajenos a esta deuda. Por lo tanto no podemos pagarla”.

“La deuda en su forma actual es una reconquista de África sabiamente organizada, para que su crecimiento y su desarrollo respondan a unos niveles, a unas normas que nos son totalmente extrañas. De manera que cada uno de nosotros se convierta en un esclavo financiero, es decir, simplemente un esclavo de quienes han tenido la oportunidad, la astucia, la trapacería de invertir sus fondos en nuestros países con la obligación de que los reembolsemos”

Discurso completo de Sankara en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=Ciy2SwKlpK0

Desde la propia África, desde dentro de su país, y sobre todo desde Europa, no dejaron que alguien como Sankara pudiera influir en la condonación de la deuda africana, fuente de ingresos fundamental de los sectores financieros europeos. Acabaron con su vida y con la esperanza de convertir un estado africano en dueño de su propio destino, los países capitalistas no se podían permitir semejante elemento al frente de un pequeño país en un rincón de África. Las constantes denuncias de Sankara, que cuestionaba sistemáticamente las injerencias francesas en África y sus excelentes relaciones con Cuba o la Unión Soviética no sólo alimentaron el rechazo, sino que le colocaron la etiqueta de enemigo de occidente. Dos meses y medio después de su discurso en Abdis Abdeba fue acribillado a balazos. Jamás se encontró su cadáver. La insistencia en pedir justicia de su esposa Mariam desde el magnicidio, así como la sed de justicia y verdad de los burkineses, que no han cejado en su empeño, tienen parte de recompensa en la celebración del juicio. Pero la justicia universal reclamará más pronto que tarde un juicio internacional que siente en el banquillo a todos los responsables del asesinato de Thomas Sankara. Los ojos y las orejas del planeta deberían estar pendientes de lo que sucede en el juicio, pero como se trata de problemas “internos” africanos que no generan dinero, como de costumbre, no interesa a los medios ni al capital.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.