El castigo a Trump abre una oportunidad para la izquierda progresista en Estados Unidos

El rechazo a la carestía y a la guerra da la victoria a los demócratas, mientras el DSA avanza y las demandas por derechos sociales ganan espacio
De izquierda a derecha, Abdul El-Sayed (Michigan), Melat Kiros (Colorado) y Donavan McKinney (Michigan), tres de los nuevos representantes progresistas. Fuente: elaboración propia

Donald Trump ha sufrido un importante revés en las elecciones de medio mandato. Los demócratas han recuperado el control de la Cámara de Representantes y del Senado, arrebatando a los republicanos al menos siete escaños en la Cámara alta y más de una veintena de distritos en la baja. La derrota supone un freno a la agenda legislativa del presidente y abre la puerta a investigaciones parlamentarias sobre su Administración durante los dos años que le quedan de mandato.

Pero el resultado va más allá de un cambio en el equilibrio institucional. El encarecimiento del coste de la vida, la subida de los carburantes y el rechazo a la guerra contra Irán han pasado factura a Trump. El propio presidente reconoció en una entrevista con Fox News que el conflicto había influido en el resultado.

También han pesado el desgaste de su gestión y el malestar con unas políticas económicas que no han respondido a las expectativas de amplios sectores de la población.

La derrota republicana se ha producido, además, en territorios donde el partido había consolidado durante décadas una posición dominante. Texas, Kansas, Iowa, Carolina del Norte o Carolina del Sur han elegido senadores demócratas. En Texas, James Talarico ha logrado una victoria histórica, mientras que en Michigan Abdul El-Sayed se ha convertido en el primer musulmán elegido para el Senado estadounidense. Su campaña defendió la sanidad universal, la reducción de la influencia empresarial en la política y el fin de la financiación militar estadounidense a Israel.

El avance de una izquierda progresista

Uno de los elementos más significativos de estas elecciones ha sido el avance de candidaturas respaldadas por Democratic Socialists of America (DSA). La organización ha conseguido que al menos cinco de sus candidatos lleguen a la Cámara de Representantes: Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez, en Nueva York; Melat Kiros, en Colorado; Donavan McKinney, en Michigan; y Chris Rabb, en Pensilvania.

Su crecimiento refleja la existencia de un espacio organizado a la izquierda de la dirección tradicional del Partido Demócrata, capaz de disputar primarias y obtener representación institucional. Estas candidaturas han situado en el centro de sus campañas cuestiones como la sanidad y la educación públicas, el acceso a la vivienda, los derechos laborales, los cuidados y la reducción del poder de las grandes empresas. Algunas también han defendido posiciones como la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), convertido en uno de los instrumentos centrales de la política migratoria de Trump.

El resultado supone un impulso para el DSA, aunque conviene no confundir su avance con el de una fuerza política independiente: sus candidatos concurren dentro del Partido Demócrata y su estrategia pasa por desplazar hacia posiciones más progresistas a una formación que continúa albergando sectores muy distintos. La disputa por el rumbo del partido sigue abierta.

Migración y derechos de las mujeres, en el centro

El retroceso republicano también tiene una dimensión importante en relación con las comunidades migrantes. El voto latino se ha alejado parcialmente de Trump, después de que una parte de este electorado le respaldara en 2024. La preocupación por la economía y el rechazo a determinadas actuaciones de su Administración han contribuido a ese cambio. Según el centro de estudios Pew, antes de las elecciones los candidatos demócratas aventajaban a los republicanos en 27 puntos entre los votantes latinos registrados.

La cuestión migratoria ha sido también un eje de confrontación política. Frente a las deportaciones y las actuaciones del ICE, las candidaturas progresistas han incorporado propuestas de protección de las personas migrantes y de transformación de los organismos encargados de las expulsiones. El avance de estas posiciones muestra que existe un espacio electoral para cuestionar la criminalización de la migración, aunque los resultados no suponen por sí mismos un cambio en la política migratoria federal.

Las mujeres y los derechos reproductivos han protagonizado otra parte de la jornada. En Misuri, los votantes han rechazado una propuesta que pretendía volver a restringir el aborto, mientras que Virginia ha aprobado incorporar a su Constitución el derecho a la libertad reproductiva. En Idaho, por el contrario, no ha prosperado una iniciativa para proteger el acceso al aborto. También destacan las victorias de mujeres como Gina Hinojosa, que será la primera latina en gobernar Texas, y Keisha Lance Bottoms, primera mujer negra elegida gobernadora de Georgia. El resultado deja a Trump con un Congreso que puede bloquear buena parte de su agenda y fiscalizar su gestión. Pero también evidencia una disputa política y social que no se agota en las urnas: la que enfrenta el malestar provocado por la desigualdad, la carestía y la precariedad con las respuestas que ofrecen las distintas corrientes del Partido Demócrata. El avance del DSA constituye una expresión de esa disputa, aunque su capacidad para convertir los resultados electorales en cambios materiales dependerá de la fuerza que consiga construir más allá de las instituciones.

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