Gracias Almudena, gracias

Despedida a Almudena Grandes en el Cementerio Civil de Madrid

“Gracias por acercarme a mi abuelo”. Decía una voz. “Gracias por contar en tus libros lo que le pasó a mi familia”. Decía otra. “Gracias por contarme lo que no me contaron en la escuela”. Se oía más allá. Voces espontaneas entre libros y claveles rojos. Y también entre banderas republicanas. Así despedían esta mañana a Almudena Grandes, en el Cementerio Civil de Madrid, centenares de personas, una pequeña parte de todas y todos los que la querían y sienten que se han quedado sin voz y que Almudena tenía mucho más que contar. Y lo hubiera hecho si el maldito cáncer no nos la hubiera arrebatado.

A esta despedida se unieron, como uno más, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Muchas caras de la cultura. Sabina cantó para ella y Ana Belén recitó unos fragmentos de Almudena en la que nos recordó que hay que ser modernos como los abuelos, porque el progreso y las libertades fueron violentados… y hubo que aprender a hacer las cuentas para comprender que en la historia las progresiones no funcionan como en las matemáticas… y que no podemos dejar que se vuelva a repetir, entendimos.

Había caras famosas, pero sobre todo lectoras y lectores, admiradoras y admiradores que se concentraron en el cementerio cargados con uno de sus libros y muchos claveles rojos. Entre la multitud coincido con Marisa Castro, poco después con Agustín Moreno, con amigas y amigos portando un libro suyo… La madre de Frankenstein, El lector de Julio Verne, Los pacientes del doctor García, las Inés y la alegría, Las tres bodas de Manolita, Los aires difíciles, Te llamaré viernes…

Un coro de despedida: “Sin memoria no hay democracia”. Memoria y defensa de los derechos de la mujer, así la recordarán. También se fue con la internacional en voz improvisada entre alguien del público y secundada en duelo. Y un grito final agitando los libros, en esta manifestación de cariño y eterno agradecimiento, como si fueran prolongaciones de puños en alto: “Estas son nuestras armas”.

Almudena entró en la vida de mucha gente. Y lo hizo para quedarse, en las estanterías, en la mesilla y en los corazones.

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